Festival Internacional de Poesía de Medellín

KINSHASA MEMORIES

Vuelvo a Kinshasa, mi amor,
dulce paranoia que repito
en cada vuelo que regresa desde el sueño al día.
En pleno goce del clima
percuto sobre el tambor del verano
y clavo en las paredes, con lanzas,
mi colección de pájaros humana.

Supura el sol, enfermo,
la aldea crece y se consume a sí misma,
nada desconocida a mis ojos,
babel de termitas o estatua de polvo,
pero feliz la mirada por volver a vos,
oh abandonada...
Tu pelo revuelto y medusa
envenenándolo todo,
el asedio del incendio
y el pánico del amante presa del deseo
inocultable en los parque calcinados,
en los hoteles destruidos,
en el delirio de la ceniza que hace las veces de nieve.

Estoy de vuelta, amor mío,
amaestrado en tu aro de fuego,
como el dulce paquidermo de la amnesia
te saludo, oh Kinshasa,
Serenísima,
Capital Augusta de la América Central.

II
En kinshasa no queda lluvia.
La tribu perfora los cerros y busca los odres
-que dicen- yacen repletos bajo el suelo.
Así, pierden las manos y el sueño,
abren enormes surcos,
señalizan con huesos y mascan raíces
hasta dejarlas resecas.
Un constante zumbido es la palabra
y la aldea crece en octágonos incontenibles, un andamiaje feroz donde guardan la breve historia de su tiempo.

No pasa nube en Kinshasa,
tan sólo, un interminable temporal de langostas
que se encarga de arrasar las techumbres
y a las precarias flores
que todos dan por llamar esperanzas.

FABRICIO ESTRADA nació en Sabanagrande, Francisco Morazán, Honduras, en octubre de 1974. Poemarios publicados: Sextos de Lluvia, 1998; Poemas contra el miedo, 2001; Solares, 2004; e Imposible un ángel (antología), 2005. Fue incluido, entre otras, en las antologías: Cien años de poesía política en Honduras, 2003 y en La Herida del Sol, antología Poesía Centroamericana Contemporánea, 2007. Acogiendo las palabras de Roberto Sosa: “En la captación de cosmos de Fabricio Estrada, yace, mejor dicho, florece, la idea de unir afinidades estéticas que coadyuven a la disolución de la mentira oficial empozada dentro de la hipocresía filantrópica, conducida a un final feliz por intelectuales enmascarados y estratégicamente enchufados en los organismos culturales y educativos. Para Fabricio Estrada los cuatro horizontes de la esperanza social, a vista y paciencia de todos, se derrumban uno tras otro y el grito alto circula, expandiéndose/ por los costados de la plaza.”. “El hombre nace disperso,/ y la mujer, conmiserada,/ busca reunirlo,/ hace cuanto puede”. Hermosos, por cierto, y no menos enigmáticos estos versos de Fabricio Estrada, de este poeta solar, quien ya parece firmemente encaminado a su definitivo cenit personal y poético.”

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