Festival Internacional de Poesía de Medellín

ORIGAMI

Esta palabra se despliega, busca viento
Para acelerar el vuelo de la grulla
Al norte de mi sol, hacia ti.

Le doy forma a este poema
De papel, plegando
Las distancias entre nuestras estaciones.

Este poema es una grulla.
Cuando despliegue sus alas,
El papel quedará puro y vacío.

ELEMENTAL

Hay una estación para esta madurez,
la manera de ascender la savia del árbol para nutrir
el fruto de la rama más alta,
o el movimiento del jazmín
que trepa los enrejados para exhibir
una sola flor a la marea de la luna nueva.

En mi jardín los bambúes se arquean
sobre un trozo de césped, piedras de río,
tierra removida. Sola, donde las malas hierbas
crecen más salvajes, pienso:

cómo la dorada piel del mango
se quebró entre tus dientes; cómo
engulliste el cielo sin costuras
sobre Siquijor, volviéndose tu cuerpo
toda una tierra en la que yo podía comulgar
con lunas negras, el sabor de la tierra,
el fluir de cantos del río, el olor del aire
antes de la lluvia, ramos de flores
de nombres extraños. Sí, hay

razón para esta madurez.
Te haces de oro en mi lengua.

A UN NIÑO CONTORSIONISTA QUE
ACTÚA EN EL NATIONAL PRESS CLUB

Cuando te pusieron en el cañón
De luz, desliz de pluma
De niña,
Un grito apagado sobrecogió a tu público
Por la garganta.

Tu hazaña era diferente:
Frágil cuerpo-mente contorsionado
Entre miembros bien separados
En dos sillas sobre una mesa,
Anclado a un sólo punto
De supervivencia.

Hacías cada truco tan
Fácil, mientras ellos exhalaban su
Miedo, aplaudiendo desde sus entrañas
Pero lejos de tu verdadero
Logro.

Cada noche en Pistang Filipino
Tu agilidad de lentejuelas
Describe una precaria postura
En la que no hay arriba o abajo
Ni verdadero ni real.

Si te golpearas la cabeza
Contra el suelo,
No sería por falta de habilidad.
Hoy, no me quedé hasta el fin de la función.
Algo en mi interior se cayó.

Traducciones de Alice M. Sun-Cua y Jose Ma. Fons Guardiola

MARJORIE EVASCO nació en la ciudad de Tagbilaran en la isla de Bohol en Visayas, parte central de Filipinas, en 1953. Escribe poesía en inglés y cebuano- visayés. Sus dos libros de poemas Dreamweavers (Tejedores de sueños): poemas seleccionados de 1976 a 1986 (1986) y Ochre Tones (Tonos ocre) poemas en inglés y en cebuano (1999) ambos  ganaron el Premio Nacional del Libro de poesía otorgado por el Manila Critic’s Circle (Círculo de críticos de Manila). Otros dos de sus libros, el primero escrito con Edna Manlapaz, llamado Six Women Poets: Inter./Views  (Seis mujeres poetas: Entre/ Vistas) (1996), y el segundo A Life Shaped by Music: Andrea Veneracion and the Pilippine Madrigal Singers  (Una vida moldeada por la música: Andrea Veneracion y los cantantes filipinos de Madrigal) ganaron también el Premio Nacional del libro por Narración oral y Biografía, respectivamente. En el 2006 su libro Ani: The Life and Art of Hermogena Borja Lungay (Ani: La vida y arte de Hermogena Borja Lungay) fue publicado y ganó el A. Ongpin, Premio Nacional del Libro en arte del Círculo de Críticos de Manila. Terminó su doctorado en Literatura en la Universidad De La Salle de Manila, Filipinas, donde es profesora de la Facultad del Departamento de Literatura. “Mi primer libro de poemas llamado Dreamwevers (Tejedores de sueños) es un libro de orígenes. Me tomó más de diez años de trabajo y sus temas tocan el concepto creativo del “Mata” u “Ojo”, motivo que puede encontrarse en las telas asiáticas tradicionales, tejidas a mano. En las Cordilleras, norte de Filipinas, el motivo del ojo también comunica el concepto de llaves, cerraduras, aperturas, clausuras. En un salto de la imaginación, se pueden asociar estas ideas al sentido de un Yo integrador. Otro concepto creativo de los que informa la primera colección viene de la historia Filipina. En el punto del impacto colonizador, los cronistas españoles describieron las personas de Visayas como pintados/ pintadas, la gente tatuada. Las marcas en el cuerpo eran sólo para hombres y para mujeres que hubieran hecho actos heroicos o creado cosas hermosas, útiles para la vida de la comunidad.  El segundo libro llamado Ochre Tones (Tonos ocre) tomó más tiempo, doce años, y yo lo llamo un libro de cambios anclados sobre los primeros elementos, la tierra, el agua, el fuego y el aire. Es en el libro donde me comprometí con retomar la lengua de mi madre a través de la traducción del inglés al cebuano- visayan. No hace falta decirlo, la decisión de escribir en cebuano y convertirme en una escritora bilingüe es una elección política y artística en el contexto postcolonial de los actos del lenguaje. Yo sólo sé esto: que los materiales de la imaginación son tomados de los caóticos cultivos de sueños y memorias, y que cada poema se alimenta de lo que necesita. La rica arcilla del tiempo y el espacio, vividos fuera y dentro de la propia naturaleza, del proceso creativo. Y el hacer poemas es una manera de concentrar la visión interior, dejar que algo nuevo tome vida con sonido, movimiento, sabor, textura y forma, llevándonos de nuevo a las cosas como eran cuando las nombramos por primera vez. Yo creo que una vez el poema es escrito, el poeta puede ser invisible otra vez hasta la próxima insistencia por cantar la serpiente de cascabel, el saltamontes, ciempiés, estiércol de vaca o Buda. Porque la hechura de un poema es un excéntrico acto de fe de ambos, la cosa conjurada y la presencia viviente en la tierra, que algún día despertarán en el cuerpo de memorias y sueños de otra persona…”

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