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EDUARDO GÓMEZ

RÉQUIEM SIN LLANTO

Hace un mes comenzó tu muerte
y desde el primer día
los niños juegan en los parques como siempre
y tu habitación fue alquilada
a un obrero grandote y parrandero
y todo parece igual en las calles
aunque tu rostro palidece cada vez más en el recuerdo.

Cuando la oscuridad me rodea en la noche
me concentro angustiado en revivirte
reconstruyo tu rostro cerrando los ojos y crispando los puños
mas solamente flotas al final de un jardín iluminado por la luna
y es en vano porque no pronuncias palabra
y tu imagen tiembla y se borra
como cuando tocamos los paisajes
que el agua quieta refleja.

Las gentes trabajan
                              conversan
                                                             pasan a mi lado
y sus ojos resbalan sobre mí indiferentes.
Pienso que son crueles
pero luego recuerdo que no te conocieron
que no me saben portador de la tremenda noticia
y aunque te hubieran conocido y amado
¿acaso podrían hacer algo que no fuese su vida?

Nuestro mundo comienza a ser joven
nuestro mundo solamente ama
aquellos muertos que le han dado más vida.

Por eso no escaparás al olvido
por eso es tan difícil retenerte
por eso es tan fácil
llenar el vacío dejado por ti.
Tu vida fue inocente
y tu muerte no estremece.
Es apenas una sonrisa que la niebla va esfumando
un eco melodioso que se pierde en oscuros corredores
a donde ya no podremos seguirle.

TORMENTA DE PRIMAVERA

Salgamos al aire libre
en la ciudad de los parques y de los estadios
de las ciclovías donde el tráfico brutal
es reemplazado por el diálogo cordial de deportistas
que sonríen con blancas dentaduras y se esfuerzan
con músculos tostados por el sol.
(Hay un canto tácito en el ritmo de las bicicletas
y un contrapunto de piernas y torsos nervudos).

Recojámonos fervientes bajo árboles añosos
en los bosques que mantienen a raya el acero y el cemento
para conversar pausadamente como en tiempos remotos
y bajo cielos abiertos cosechar fugaces besos
rodeados de ciudad y custodiados por las máquinas.

Salgamos al aire libre de las avenidas
que podrían conducir a horizontes de grandeza
(hay un himno potente en los trenes en marcha
que se lanzan repletos de sueños a la espera,
hay una tensión endurecida hacia lo alto
en la soberbia delirante de los rascacielos).

Que la desdicha de millones se amalgame
para las construcciones de ciudades misteriosas.
Que la fuerza irresistible de quienes escriben con su sangre
haga brotar jardines e inagotables laberintos.
Que de la fuerza y la gracia desperdiciada de millones
surja un río de potencia irreductible
que se abra paso hasta el Centro donde todo se entrecruza
y participe en la danza de los océanos del mundo.

EDUARDO GÓMEZ nació en Miraflores, Boyacá, Colombia, en 1932. Libros de poesía: Restauración de la palabra, 1969; El continente de los muertos, 1975; Movimientos sinfónicos, 1980; El viajero innumerable, 1985; Historia baladesca de un poeta, 1989; Las claves secretas, 1998 y Faro de luna y sol, 2002. Libros de ensayo: Ensayos de crítica interpretativa,-T.Mann, M.Proust, F. Kafka-; y Reflexiones y esbozos,- teatro, crítica y poesía en Colombia, entre otros. Estudió Literatura y Dramaturgia en Alemania. Dirigió la sección de Publicaciones de COLCULTURA y es cofundador, junto con Pedro Gómez Valderrama y Arturo Alape, de la Unión Nacional de Escritores. Durante 30 años ha sido profesor de literatura europea en la universidad de Los Andes, y lo fue de las universidades, Javeriana, ENAD, Pedagógica y Nacional. Tradujo del alemán, “El preceptor”, pieza teatral de Brecht, y algunos poemas de éste y de Goethe. Al decir de Guillermo Martínez González: “Vista en su conjunto, la obra de Eduardo Gómez atrae porque desde su inicio logra una madurez expresiva, un lenguaje que sin desechar la metáfora, a veces de raigambre surrealista a través de la estela de Neruda, ha sido vigilante de la contención reflexiva, coherente en la persistencia de obsesiones que como la noche, la muerte, lo urbano, la violencia, la solidaridad marginal, han evolucionado desde una atmósfera luctuosa y de acerado sarcasmo, hasta el tono sereno de los últimos libros, en los que la experiencia y la historia imponen el balance libre de la dominación.

Última actualización: 28/06/2018