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Eduardo Gómez (Colombia)

Eduardo Gómez en el 18° Festival Internacional de Poesía de Medellín

Por: Eduardo Gómez

PROMETEO
Revista Latinoamericana de Poesía
Número 81-82. Julio de 2008.

 

RÉQUIEM SIN LLANTO

Hace un mes comenzó tu muerte
y desde el primer día
los niños juegan en los parques como siempre
y tu habitación fue alquilada
a un obrero grandote y parrandero
y todo parece igual en las calles
aunque tu rostro palidece cada vez más en el recuerdo.

Cuando la oscuridad me rodea en la noche
me concentro angustiado en revivirte
reconstruyo tu rostro cerrando los ojos y crispando los puños
mas solamente flotas al final de un jardín iluminado por la luna
y es en vano porque no pronuncias palabra
y tu imagen tiembla y se borra
como cuando tocamos los paisajes
que el agua quieta refleja.

Las gentes trabajan
                              conversan
                                                             pasan a mi lado
y sus ojos resbalan sobre mí indiferentes.
Pienso que son crueles
pero luego recuerdo que no te conocieron
que no me saben portador de la tremenda noticia
y aunque te hubieran conocido y amado
¿acaso podrían hacer algo que no fuese su vida?

Nuestro mundo comienza a ser joven
nuestro mundo solamente ama
aquellos muertos que le han dado más vida.

Por eso no escaparás al olvido
por eso es tan difícil retenerte
por eso es tan fácil
llenar el vacío dejado por ti.
Tu vida fue inocente
y tu muerte no estremece.
Es apenas una sonrisa que la niebla va esfumando
un eco melodioso que se pierde en oscuros corredores
a donde ya no podremos seguirle.

 

TORMENTA DE PRIMAVERA

 

Salgamos al aire libre
en la ciudad de los parques y de los estadios
de las ciclovías donde el tráfico brutal
es reemplazado por el diálogo cordial de deportistas
que sonríen con blancas dentaduras y se esfuerzan
con músculos tostados por el sol.
(Hay un canto tácito en el ritmo de las bicicletas
y un contrapunto de piernas y torsos nervudos).

Recojámonos fervientes bajo árboles añosos
en los bosques que mantienen a raya el acero y el cemento
para conversar pausadamente como en tiempos remotos
y bajo cielos abiertos cosechar fugaces besos
rodeados de ciudad y custodiados por las máquinas.

Salgamos al aire libre de las avenidas
que podrían conducir a horizontes de grandeza
(hay un himno potente en los trenes en marcha
que se lanzan repletos de sueños a la espera,
hay una tensión endurecida hacia lo alto
en la soberbia delirante de los rascacielos).

Que la desdicha de millones se amalgame
para las construcciones de ciudades misteriosas.
Que la fuerza irresistible de quienes escriben con su sangre
haga brotar jardines e inagotables laberintos.
Que de la fuerza y la gracia desperdiciada de millones
surja un río de potencia irreductible
que se abra paso hasta el Centro donde todo se entrecruza
y participe en la danza de los océanos del mundo.

 

El viajero

 

Después de tantos viajes regresó desnudo a casa
en las manos una luna rota recogida en el polvo.  

Apareció en el camino montando una jirafa,
conversando de cosas cotidianas.  

Le preguntaron sobre las siete maravillas
y el narró una conversación de sobremesa.  

Le preguntaron sobre los rascacielos en New York
y narró una pelea de negros armados de blancos dientes.  

Le preguntaron sobre el París de los taxis
y habló de un mendigo pintoresco desayunando en Montmartre.  

Lucía desnudo pero usaba gruesas gafas
y costosos anillos acorazaban sus dedos.  

Le pidieron que cantara
y él habló de los trenes que atropellan la noche.  

Le pidieron que danzara
y habló de la dolorosa quietud de los parias.  

Lucía desnudo pero guardaba cien raídos trajes:
entre condecoraciones y medallas
un espejo mellado
entre cosméticos y charreteras
un librito perfumado,
entre muebles anticuados
un ataúd-cama
entre cuchillos y revólveres
pañuelitos de encaje.  

En sus ojos ardían mil ciudades distantes.

 

LA  APOTEOSIS  DE  MANDELA

Mientras los soñadores iluminados
y los “hombres de buena voluntad”
intentan disipar la noche con gestos teatrales y la seducción verbal,
Mandela encarna la resistencia heroica
y la naciente dignidad de millones
frente a la ilusa y brutal arrogancia del racismo.
Establece el diálogo con quienes no tenían voz
perturba el orden aplastante reflexionando con su pueblo
y estimula en los parias su audacia humana.
Sobrepasado por su pueblo desatado y desbocado
bajó a los infiernos de la guerra civil
para enseñarles a amar y a encauzar el odio
y a su alada vocación de danzar y cantar.
Antes no sospechaban la belleza del mar
aunque vivían junto a él y su música perenne.
Soportaban aislados el desprecio y la befa
sin sospechar la fuerza de su unidad colosal
y la voluntad poderosa de millones entrelazados.
Belleza y nobleza eran dictaminados desde arriba
y llevadas en hombros por las mismas víctimas.
Ahora empiezan a descubrir asombrados
su potencial de hombres, su poderío virginal,
 hasta ahora condenados a la animalización servil,
y se les abren caminos anchurosos
cada vez más profundos en la oscura hermosura
suavizada por galaxias y proféticos cometas
y resonante de rituales himnos ancestrales
que entonan a dúo con las sinfonías del mar.

EXISTENCIA

 

a Mario Barrero

Vivo ardiendo despacio
los días y las noches que me quedan.
Detrás se extiende el vértigo de los años gastados.
En lo que soy está el que fui, fluyendo
siempre sobrepasado y cambiando en el siendo
como cuando creo ver los árboles de siempre
pero sin haber mirado con cuidado
que hoy el brillo de su follaje es único
bajo un sol distinto del de ayer, irrepetible.

Lo que viví me habita como sueño
y se integra a cada instante a lo que voy sintiendo.
Así vivo de muertes y me integro al Todo
asimilando, superando y produciendo.
Saludo a todos en silencio
como a hermanos en el milagro de existir.
Casi nadie lo sabe y se consumen frívolos, sin vivir.
Casi nadie lo sabe y tengo que dejarlos pasar
como si fueran extraños a quienes nunca podré amar.

 


EDUARDO GÓMEZ nació en Miraflores, Boyacá, Colombia, en 1932. Libros de poesía: Restauración de la palabra, 1969; El continente de los muertos, 1975; Movimientos sinfónicos, 1980; El viajero innumerable, 1985; Historia baladesca de un poeta, 1989; Las claves secretas, 1998 y Faro de luna y sol, 2002. Libros de ensayo: Ensayos de crítica interpretativa,-T.Mann, M.Proust, F. Kafka-; y Reflexiones y esbozos,- teatro, crítica y poesía en Colombia, entre otros. Estudió Literatura y Dramaturgia en Alemania. Dirigió la sección de Publicaciones de COLCULTURA y es cofundador, junto con Pedro Gómez Valderrama y Arturo Alape, de la Unión Nacional de Escritores. Durante 30 años ha sido profesor de literatura europea en la universidad de Los Andes, y lo fue de las universidades, Javeriana, ENAD, Pedagógica y Nacional. Tradujo del alemán, “El preceptor”, pieza teatral de Brecht, y algunos poemas de éste y de Goethe. Al decir de Guillermo Martínez González: “Vista en su conjunto, la obra de Eduardo Gómez atrae porque desde su inicio logra una madurez expresiva, un lenguaje que sin desechar la metáfora, a veces de raigambre surrealista a través de la estela de Neruda, ha sido vigilante de la contención reflexiva, coherente en la persistencia de obsesiones que como la noche, la muerte, lo urbano, la violencia, la solidaridad marginal, han evolucionado desde una atmósfera luctuosa y de acerado sarcasmo, hasta el tono sereno de los últimos libros, en los que la experiencia y la historia imponen el balance libre de la dominación.

Última actualización: 23/11/2021