Festival Internacional de Poesía de Medellín

tengo miedo del amor contigo, sabes
no por temer la muerte
la descomposición, la tierra húmeda, o
las separaciones largas, no basta lo que sientes

demasiado rápido clavas una herida, dices
un pensamiento hueco y derrumbas todo
por delante, como huracán te llevas todo,
ajeno y frío, como es la vida

tengo miedo al andar por la ciudad
de sin más caerme, quedar desmoronado en la nada
de que una presión, como la tuya, me aplaste a la tierra
de que el río se derrame, caiga
el sol, estalle mi cabeza, de que los sueños
se mueran, el miedo se vuelva más grande, como el mundo.

*

los hechiceros silenciosos de las metrópolis tienen el poder
de sembrar con sus manos la impaciencia, la angustia,
secan los pozos, a veces, nublan
la vista al conductor, o echan veneno
en los vasos en la terraza, de noche roban
el sueño a los niños, y a los seres abrazados
toda sensación, todo deseo de sentirse
ayer los hechiceros silenciosos pusieron al vecino
una soga, despojaron de voluntad a su mujer, de color
a las flores, de fragancia a los cabellos, implantaron
dolores terribles en las cabezas, el miedo en el pecho
cabizbajo me inclino ante los ídolos
su rabia es afilada, su sed inconmensurable
y la sangre no se coagula, cada súplica
se anula, los labios temblorosos repiten
frases insensatas, las manos hacen
gestos rutinarios, los hechiceros dibujan huecas
figuras, cortan raíces, en un instante de cansancio
nos vacían hasta la última gota.

*

deseo aún más y más besos, espasmos
de cuerpos entrelazados, aún más marcha lenta
a través del bosque, soñando que
todo es de otra forma, más desvanecimientos en
el titileo de las imágenes creadas
- de madrugada tuve sueños pesados, sobre la fuerza
sobre la violencia, sobre la renuncia a la vida
me levanté, me acerqué mareado a los cuchillos
miraba, largamente, vacío, como estrujado
después me senté, pensaba en lo irreal
aún más y más quise hundirme en
la eterna delicia de la entrega, en la piel
en el mirar cálido a los ojos, en la caricia
- rompí una larga lista de medios
para el asalto, para la lucha, defensa
vertía agua y la bebía, lenta
largamente, como desde acá hasta allá.

Traducciones de Marjeta Drobnic

*

apenas la primavera en los árboles, brotes silenciosos oigo
cuando al asomarme por la ventana
de improvisto del cielo una flecha en mi cabeza se clava
inadvertida, como el llamado del primer cuco
en el silencio de la mañana chorrea la sangre por la silla
inclinado contemplo el charco rojo cada vez más grande
sin palabras, sin gestos, presintiendo por las hendiduras
los absortos ojos tras de mí, contando
los minutos, ese insoportable temor
ante la supervivencia, cuando afuera asoma el sol temprano
cuando despierta el jardín, cuando la leche al hervir rebasa
por allí detrás de la puerta - hay calma, atento
miro el correr de la sangre por el suelo, la redención
cuando de lo alto un rayo, cuando alrededor todos
reunidos se preguntan por qué, por qué
- no, no se puede dormir cuando te traen un cuerpo
a la habitación, joven, aún perfumado, como víctima
cuando escudriñan detrás de ti, eterno señuelo de la muerte.

Traducción de Ciril Bergles y Teresa Kores

BRANE MOZETIC nació en Ljubljana, Eslovenia, en 1958. Poeta, narrador y traductor. Ha publicado los poemarios Blancanieves es siete enanitos, 1976; Soledades, 1987; Lo azul del contacto, 1986; Conjuros, 1987; Red, 1989; Obsesión, 1991; Poemas por los sueños muertos, 1995; Mariposas, 2001; Banalidades, 2003; Más banalidades, 2005 y Todavía más, 2007. Es también autor de prosa breve Pasión, 1993 y de las novelas Ángeles, 1997 y Una historia perdida, 2002. Ha traducido al esloveno autores como Arthur Rimbaud, Jean Genet o Michael Foucault. Es editor de las colecciones Aleph y Lambda de la editorial Škuc de Ljubljana y director del Centro para la promoción exterior de la literatura eslovena. La poesía de Brane Mozetič (1958) dibuja una “historia” de las fascinaciones sensibles, en mayor parte homoeróticas, en las que el lenguaje de los sentidos se amalgama con el lenguaje del cuerpo. Se destacó con una poesía que es consecuente y estrictamente lenguaje del cuerpo, una especie de diccionario de la sensualidad insaciada que en los ritmos alegres de la danza, en el viaje frenético de un cuerpo al otro, ansía salvarse del círculo vicioso de lo mismo. La corriente de asociaciones poéticas, que mucho les debe a los poetas malditos, procura dar forma a la obsesión y a la simultánea impotencia del voluptuoso juego sexual. La fascinación con el amar peligroso, embriagadoramente bello y extático no puede revocar y borrar el desencanto ante la imagen del mundo como vacío sin sentido, como pura nada. La fatigosa corriente de actos amorosos y entregas se desenlaza irremediablemente en sentimientos de angustia, dolor y miedo. A causa de la insistente repetición, la ceremonia amorosa obtiene las características de un rito, en el que los amantes se convierten, en el círculo de conjuros sensuales, en sacerdotes de una divinidad nueva, joven. El mecanismo ansioso y enajenado de seducciones y enlaces, de fascinaciones y desilusiones continúa, a pesar de todo, su marcha sin sentido en el juego de una especie de relación amorosa. La liberación instantánea del deseo y el olvido momentáneo de sí mismo son seguidos por la duplicidad de los dos amantes, cada uno de ellos queda “solo, reseco en el vibrar del vacío”, si tomamos prestadas las palabras del poeta. La red de la lengua y del estilo de las alocuciones eróticas de Mozetič y de las fórmulas de conjuros está entretejida con respiraciones jadeantes, largas, que a menudo se prolongan al verso siguiente. La repetición frecuente de palabras expresa con elegancia un erotismo apasionado e irredimible.

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