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ARMIN SENSER

ELEGÍA:
ESTAMBUL-CONSTANTINOPLA

El polvo encementa los ollares. El polvo cubre
todo aquello que, por falta de movimiento,
se adueña de un espacio: calles, plazas,
escotes atrevidos, mejillas, libros.

El polvo envuelve los cedros, estatuas, minaretes,
palacios. Llena la mano del mendigo,
tapona los desagües de la ciudad.
El polvo le pone a los ojos una venda.

En todas partes, polvo. Polvo en las medias de seda,
en el café, en las pestañas, en la lengua.
El polvo se inmiscuye en todo: en los colores,
la lluvia, en la conciencia.

El polvo ahoga las chimeneas, se ahogan
los pulmones de viejos Chevrolets, se ahogan
las campanas, el polvo ahoga la ciudad.
En el polvo se secan mares y ríos,

voces, se seca la ciudad. El polvo
se esparce en los zapatos, la
palabra, en los pensamientos. El polvo atraviesa
el ojo de la aguja y se prolonga hasta la muerte.

CANCIÓN DE ADVIENTO

Si te estuvieses ahogando, sobre el agua caminaría,
te pescaría y prepararía té caliente.
Si fueses un pez, la vida no te haría gracia,
tendrías que nadar en una lágrima
no contenida.

Si fueses invidente, movería montañas, calles y una
edificación,
y, lo juro, en tu camino no habría congestión.
Si fuese un policía, te retiraría del tránsito, aun siendo tú
una eminencia,
por exceso de velocidad en un ojo de aguja y un barrio de lujosas
residencias.

Si fuese tu vecino, traspasaría la pared
para oír lo que tu boca por decir se está muriendo.
Limpiaría el polvo, regaría las plantas, me esfumaría otra vez
y, de serme esto amargo, redactaría un nuevo
testamento.

Y si fuese un poco más joven, desearía ser Simeón,
o al menos tan inexorable y terco como Zenón.
Y si fueses un turista, sabría que volverías acá,
pues seguramente el motivo no sería la felicidad.

HISTORIA DE AMOR

Ocho años entre nosotros y piel
y pelo, visiblemente encanecido,
y de vez en cuando una pijama.
Ocho años y ningún drama.

Ocho años. Un breve tiempo
para las tortugas y los astrónomos,
pero un firme acompañamiento
para los augurios del pasado.

Ocho años protagónicos,
¿cómo fue que surgieron?
De alguna manera hubo empatía.
Seguramente fue banal.

Y aun si no fuesen más de ocho años,
a partir del desaliento
de dos óvalos inocentes
nacería una perpetuidad.

Traducciones de Diana Carrizosa

ARMIN SENSER nació en Biel, Suiza, en 1964. En Berna Estudió Filosofía, Germanística y Lingüística. Publicó su primera antología poética, Gran Despertar, en 1999. Esta obra inaugural fue destacada por el cantón de Berna con el Premio al Libro y recibió igualmente el galardón del Debut Lírico, patrocinado por diversas fundaciones culturales de Alemania y destinado a impulsar a los nuevos poetas en lengua alemana. En palabras del escritor Jürgen Becker, la poesía de Senser logra cristalizar lo que él mismo define como fundamento de la creación poética: “toda obra necesita, para mantenerse, el pasado en su totalidad”. El nuevo poema se distancia de todo lo que ha sido escrito antes únicamente al permitirle una participación silenciosa. Senser satisface así la exigencia de no repetir lo que siempre se ha dicho, mientras renuncia a la vez al falso principio de la “originalidad” o la tabula rasa. Después de este Gran Despertar, los poemas de Senser han sido publicados en diversas antologías de poetas suizos y alemanes (Lagebesprechung. Junge deutsche Lyrik;  Swiss made. Junge Literatur aus der deutschsprachigen Schweiz; Die schönsten Gedichte der Schweiz) así como en antologías propias. Su libro Siglo de tranquilidad;, aparecido en 2003, se da a la empresa arriesgada de viajar entre la tradición y el presente del mundo espiritual occidental. Guerras frías, es su última obra, publicada en 2007. En ella Senser, conjugando poesía y pensamiento, dirige su mirada irónica al siglo acabado de empezar. Vive desde 1998 en Berlín. Trabaja igualmente como traductor, dramaturgo y ensayista.

Última actualización: 28/06/2018