Festival Internacional de Poesía de Medellín

Mujer

Soy mujer, luna y nube.
Pelo al viento y ojos a la vida.
Soy mujer, simplemente mujer.
Cotidiana de gloria o de agonía,
Acuario con el movimiento de los astros,
Feudal en el amor y planetaria.
Soy Selene, Venus, Nube con pantalones;
En eterna búsqueda del cielo o del infierno,
De infame y celoso corazón,
Carne sagrada de mi carne,
Mujer desde la yemas de mis dedos
Hasta la ultima gotita de mi sangre.

De Mástiles y velas

La Alquimia de los Sueños


                        A mi esposo Francisco de Asís Fernández.

La alquimia de los magos
mantiene encendida para siempre
la luz brillante de la linterna de la vida.

Los Dioses y su magia
dicen que uno tiene una estrella en el cielo
que cuando nacemos, se enciende su luz y brilla
y cuando nuestra conciencia
se estrella contra el mundo
tintinea como agua saltando entre las rocas.

Yo he vivido feliz en el paraíso de mi cuerpo,
creyendo en el cielo de la vida
en esta peligrosa travesía.

Por eso he hecho ritos y alta magia,
leído el Libro de los Esplendores
y perseguido la clave de los grandes misterios.

Por el amor y los sueños,
por los recuerdos marinos
de mi navegante paso por la vida.

Pero he sentido el dolor,
por los cuatro puntos cardinales de mi cuerpo.

Y es el amor por los sueños (dicen los iluminados)
el que mezcla tantos dolores a los sueños de amor.
Por eso escondo mis raíces
y protejo mi sombra y tu sombra.

Quiero que el dolor cuando se acerque
sea como un extraño y desvencijado velero.
Que venga, no atraque y se vaya,
se hienda en lo profundo del vacío.

Persigo la alquimia de esos magos.
Ahora marcho buscando mi estrella,
su luz de plenilunio
con su corazón de piedra en el fondo de los ríos.

Del Rondó de la Sonata Patética de Beethoven
de los Nibelungos de Cósima y Wagner
que me lleven, sí que me lleven
al final del alba
adonde los pájaros cantan tres veces y nadie se muere
y las adivinanzas tienen sus respuestas.
Para que me den la luz que Dios me dio,
la luz brillante de la Linterna de la Vida.
Para que no se extinga el lirio y el jacinto
para que mis mañanas no cambien su color.

Para que no mueran los sueños,
para que no se seque la Rosa de los Vientos
y el Ave del Paraíso cante su canto,
para que el mar de la serenidad
invada nuestro espíritu
y nunca se extinga la llama
ni la luz brillante de la linterna de la vida.


 

En el recuento de esta vida


He buscado la luz que Dios me dio,
en el corazón del ser humano.
He encontrado la trascendencia de la soledad,
la palidez del follaje al amanecer,
la penumbra que deja un día triste
y la ternura exquisita de una tarde de silencios.
Yo he dormido con el corazón entre las manos,
y he caminado al horizonte donde esa luz alumbra.
He oído apagarse el eco de la noche
y he querido atrapar el tiempo y sus distancias.
Soy viajera en este barco
y siempre he tenido un cielo con presagios.
A veces grito mi nombre: Gloria….
y escucho dulcemente el batir suave
del limonero de mi casa.
Todo es tan hermoso como el sonido de una castañuela
“Gloria a Dios en las alturas”….
y se conmueve y susurra mi jardín
y pasa el viento cadencioso en su plegaria,
la plegaria del sol al penetrar las tardes en el mar.
En el recuento de esta vida
paso esta página en limpio
y marco presurosa mi imaginado territorio.

                                                                             De Mástiles y Velas

 

Mis recuerdos

 

Como llaga y carne
como relámpago y sus días de calma,
en el último rincón de mis pupilas,
los guardo uno a uno
los camino siempre
como viajera inagotable:
cada piedra, cada hoja, cada canción.
¡Hay vida, rica mía, cómo me dueles!


                                                                           Del libro Defensa del Amor

 

Sombra

 A veces sumergida
esculcando los rincones
te encuentro ahí
como una hiedra
robándoteme todo

deteniendo el camino de las cosas al olvido.                 

Del libro Defensa del Amor

En la montaña de las brumas de Estelí

                                                                             
                                                                            
A Francisco de Asís

Con los pálpitos del corazón entre los dedos,
llegamos a la Cima del Mundo.
He colgado mis miserias
en el ojo de esta luna transparente
y  tirado con desdén mis angustias
a un lado de las nubes.
Pienso dormir en ellas,
revolcarme de dolor o de alegría,
jugar al  volandás o chimpilicoco
o por lo menos, tener mis pensamientos amorosos
(mi hija allá lejana, y mis hijos lejos, mi corazón hecho trizas,
dividido como sandía destrozada).

Que mis sueños cabalguen esta noche,
arrullados  por el ruido fantasmal de los grillos,
 hasta donde lleguen los límites
de mi corazón abierto en pampas
como la flor de la bandera española.

Estoy de nuevo en la Cima del Mundo.
En la Montaña de Las Brumas de Estelí,
equidistante del Quiabuc, lejos del Tisey
y lejos del Guarumo,
entre el mundo de los vivos
y la eternidad imaginaria,
entre la realidad trágica de mi Patria
y lo fantasmagórico de lo creíble y la mentira
entre el inventario del mundo de los vivos,
seco, árido, despalado y destructivo
como un cuadro gigantesco de Dalí
y el abismo de lo fantástico y del mito.

Aquí, como en el Pamir, en  Tadjikistán,
entre Afganistán y China
en Asia Central,  el Techo del Mundo,
queriendo encontrar a Dios
entre el azul del cielo que toco con mis manos,
y el celaje lapislázuli , verde, jade, morado, gris del atardecer
en el rumor de los pinos que aún quedan con vida,
o en las huellas de Marco Polo

 

y su aventurero caminar en las batallas del tiempo
o en las crueldades de las guerras del gran Khan,
arrasador de pueblos y montañas.

Yo llegué a la Cima de la Montaña del Pamir,
y  me asomé en el verdor de su laguna transparente
la misma del gran Marco Polo
y puse mi huella sobre su huella.

Aquí en Estelí, tierra de mi Nicaragua,
vuela mi ojo hacia el infinito
sin  encontrar límite que lo contenga
y con un corazón colgado como relicario
donde guardo los colores del crepúsculo y del ocaso
las lágrimas de la vida y de la muerte,
la imaginación y la risa de los míos,
los nombres de los que se fueron,
las añoranzas de los que están vivos,
la raíz de mi origen,
y la savia oculta del pozo de mis deseos.,
no vaya a ser que en este despale inmisericorde
hagan que desaparezcan para siémpre.

Y se van , vuelan mis sueños
navegando como góndolas entre las nubes
llevando tan solo el registro del viento y su violencia,
donde el eco es como una espiral que se engulle al mundo.
Y la inmensidad de esta tierra despalada
y la voluptuosidad de su tristeza,
dan rienda suelta a mi nostalgia y a mi furia interior.

Aquí estoy,  en  el  Cerro de las Brumas, en estas montañas,
donde hace ya muchas lunas, no penetraba la luminosidad del día,
y el rocío bastaba para desencajar el mar del llanto,
de las ánimas en penas,
donde desembocaban las pasiones de la vida.

 

Fotografía: Frady Amariles

Gloria Gabuardi  Poeta y artista plástica. Nació en Managua en 1945. Es doctora en Derecho y Notaría Pública por la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua. Desde 1974 permaneció en el exilio en  México, hasta julio de 1979, fecha en que regresó  a su país. Durante el Gobierno Revolucionario  Sandinista desempeñó varios cargos,  incluyendo el de asesora  de la Vicepresidencia de la República. Varios de sus poemas  han sido traducidos al alemán, italiano y rumano. A partir de 2004 es la Secretaria Ejecutiva de la  Directiva de la Fundación  Festival Internacional de Poesía de Granada  y  coordinadora  del equipo de trabajo de  la misma,  que se celebra a partir de ese mismo año. Ha publicado los poemarios Defensa del amor (1986) y Mástiles y velas (2002); con una segunda edición en 2005. Recibió el Primer Premio del Concurso Literario Ricardo Morales Avilés, auspiciado por la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura (ASTC), 1982.

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