Festival Internacional de Poesía de Medellín

CAMPESINO

Cada mañana hacia la pradera,
hacia la sombra de los granados,
hacia las fuentes de agua,
al fin del día hacia la cabaña,
se apoya la cabeza en el buey
y se duerme.

Él y el buey son amigos,
desde años se hacen viejos juntos,
mañana, cuando uno se vaya,
¡ay! ¿quién salvará al otro?

 

NADIE

 

En las ciudades de hierro y de los bancos
brillan solitarios los brotes,
maduran solitarias las parras,
van en solitario los mirlos,
vigila la nieve en solitario.

En las ciudades de los números
no hay nadie en la ventana
ni un cuerpo se apoya al otro.

 

LOCO

 

Después de la puesta del sol
se entregaba a la locura,
su provisión de viaje
un bastón, una vasija de piel con agua.

En su camino hacia los montes le ceñían las
serpientes,
le resguardaban las águilas,
le protegían los lobos.
Cuando llegó al monasterio,
sonaron las campanas.
Al muro un monje,
en sus arrugas
la hierba de la jungla.

Se acostó en su sombra;
cuando se despertó,
hablaba a las cosas,
en aquel momento se inclinaron los árboles,
y el agua se convirtió en vino.

 


LA RUINA DEL SUFÍ

 

En estos montes
desde hace treinta otoños,
con gavilanes y águilas.
su sombrero el sol y el viento,
sus cabellos las nubes
su vientre punto de reunión de animales
salvajes.

Está sentado inmóvil
en un sitio cubierto de musgo;
no cansado del sentarse
calla.

Dos piedras: él y la piedra.

 

 

SUEÑOS

 

Por la mañana sueña el atardecer
al atardecer sueña la mañana,
y entre el uno y el otro sueño
cierra los ojos y sueña.

Él sabe, quién no se fue al mar
en tiempos de tormenta,
nunca más irá al mar.
Cabeceará durante mucho tiempo
pero nadie llama a la puerta.


DESASOSIEGO

 

Delante de él el Este
a su derecha el Sur,
detrás de él el Oeste,
a su izquierda el Norte.
¿Adónde pues?

Cuando el camino le envuelve
y el bastón le acompaña,
¿cómo volver atrás?
El olor del invierno alarma al pájaro,
desasosiega los árboles.

 

Del libro Van en solitario los mirlos
Traducción Germain Droogenbroodt - Fco. Javier Barbero


OFRENDA

Ansío volver
A los campos verdes
Recién arados
A sembrar la historia del tiempo.
Oh amada, quisiera decir,
Que, antaño, partí
Dejando atrás mi pueblo.
Con una espiga de trigo en mi mano.
Y mi alma apagada.

Traducción de Jaime B. Rosa


EN EL FILO DE LA TORRE

 

La niñez que le amó
en los cauces de los ríos
la Mujer que le amó
en la oscuridad de las raíces
los Amigos que le amaron
en los barcos de las cenizas
los Poemas que le amaron
en los pinchos de la horca

En el filo de la torre
solo él está,
sin sombrero, ni abrigo

Traducción de Hussein Al-Duweiri


UNA ÚLTIMA PALABRA

Dices:
“Derroché mi primavera
y el fruto de mi verano,
derroché mi otoño
derroché mi invierno,
y en cada valle
se esparció mi vida.”

Dices:
“Portaré mi semblante y me iré,
puede que en montañas lejanas
haya nuevos aires.”

Y pasarás
por todos los territorios
por todos los valles,
y cuando ya sea demasiado tarde
lo verás todo
y sabrás que las montañas están lejos
siguen lejos,
y que se camino
es fuego, humo.

AGOSTO 2, 1984

¿Qué le ha sucedido
al recogedor de leña?
Antaño solía cantar
como un pájaro en la cima de una montaña
temprano en la mañana.
Pero ahora ya no habla,
se volvió mudo
como una piedra en una caverna.
¿Quién podra saberlo? Tal vez se cansó.
Cuando el río se cansa
se complace en las tierras planas
y en la oscuridad del mar.

 

EL TIEMPO

El tiempo es un guardián confiable.
Nunca se cansa,
nunca se retira,
nunca envejece.

A través de las edades,
cada vez que tañe la campana
despierta un cuerpo
y lo pone en el camino.

 

SUSURROS

A quien pasa
el río le susurra:
Yo soy el viaje.
Al río
el mar le susurra:
Yo soy el barco.
Al mar
la distancia le susurra:
Yo soy el capitán.

 

HIROSHIMA

En el principio fueron los elementos
y fue el amor,
así que se mezclaron.
Se convirtieron en un olivo
y Dios lo llamo Hiroshima.
Y a su sombra, durmió.

Al final del invierno
Dios se dijo:
Llega la primavera,
iré a los campos,
pues los azadones están calientes
y el deseo se estremece bajo el suelo.

Las edades pasaban
mientras Dios cultivaba la tierra
esparciendo semillas,
recogiendo las cosechas maduras.
En las jarras
vertía el vino, el aceite.

Una vez hecha la cosecha,
vio que todo era bueno,
y dijo:
Ahora es el tiempo del descanso.
Iré al olivo
pues su sombra es oscura y vasta.

En el camino
olió humo.
Miró hacia arriba
y vio al olivo ardiendo:

una sombrilla
un hongo se expandía,
el polvo borraba los rostros,
y sobre las aguas
soplaban los vientos de Sodoma.


ENTRE LA ALDEA Y LA CIUDAD

Hace mucho tiempo
se viajaba.
Las provisiones para el camino
eran el canto del gallo,
los pájaros de la neblina del ocaso,
el bastón de día,
la hoguera de noche.

Y ahora
los carros de acero
y los humos de la velocidad,
las hojas de los sentidos se han marchitado,
las ventanas del cuerpo se han cerrado.

 

LAS CONTRADICCIONES DE LA VIDA

Añora el hogar
       y lo teme.
Añora los viajes
         y los teme.
Añora la locura
         y la teme.
Añora el destino
           y lo teme.

Entre el golpe de un hacha y el otro
las canciones resplandecen.

 

EL ESCENARIO DE LA MEMORIA

Caras atraviesan
el escenario de la memoria,
tras una cortina de hierro
hilan telarañas.

Pero desde la oscuridad dentro del cuerpo
en el sagrado momento del silencio
una cara se asoma,
se acerca,
se posa en el ojo
y en el cielo del corazón
se convierte en las estrellas.

SERENIDAD

De las hojas de laurel y de albahaca
                             las suaves brisas,
De las fuentes en tierras escabrosas
                              los hilos de agua,
De las eras del sol
    los rayos de sol,
De las manos de la tierra
                        las rosas.

Lejos de las bocanadas de las chimeneas
y de las columnas de humo,
aquí en estas montañas
cocina raíces
y se viste de follaje.

 

PALIDEZ

¡No por el hambre
no por la sed
no por el frío
no por el amor
no por estar enfermo!
Es por el soplo de la brisa de la poesía
esta palidez,
amigo mío.

 

LA CIVILIZACIÓN

Fronteras,
retenes,
alambradas de púas,
pasaportes.
Y sin embargo hasta los confines de la tierra
sin paredes,
la golondrina la atraviesa
y el zorro corre de aquí para allá.

 

DIOS DEL TIEMPO

Incesantemente construyes
tu casa dentro de nosotros,
piedra sobre piedra.
Te elevas como distantes follajes de árboles
en busca del borde del cielo,
y brillas, estrella verde en el aire verde.
Con las manos a la deriva
nos dormimos.
Todavía,
abriéndose paso en las arboledas de la noche
tejes nuestro mundo,
débilmente,
¡Oh, Dios del Tiempo!

 

INTRODUCCIÓN

Sin fin apuntas
hacia una estrella,
hacia las páginas del poema
en tus ojos, una nube
de las pinturas de lo profundo
de una nueva tierra.
Pero la vida se estrecha en torno tuyo,
el poema
te tienta para siempre,
y la linterna se rompe,
gastada por el tiempo.

 

SATISFACCIÓN

Al comenzar los días…
Iba a sus campos cada mañana
Su camisa, los pliegues de la tierra,
sus zapatos, las grietas del tiempo.
Al comenzar los días…
y luego a su casa cada tarde,
en una silla de madera
el pan y el vino sagrados.

 

UN PARPADEO

Un roble marchito
piensa en su vecino verde.
Un roble verde
piensa en su vecino marchito.

Entre los dos se levanta el telón.

 

UNA FLOR

Desde el fondo
del pozo en el campo
surge una flor.
Desde la superficie del pozo
las cejas revelan
una isla para las abejas.

 

SED

Da un traspiés.
Se mira los dedos,
las arrugas de las manos,
el bastón.

En sus dedos crujientes:
una sed de sol
de fuego en el hogar.

 

 

UN ROBLE

En el roble de su vida
abundan las hojas.
Las cuenta,
avergonzado por los amigos que pasan
y por sus nietos.
Año tras año,
la fiesta de la muerte,
y no se muere.

 

 

UNA POESÍA DE TRANSFORMACIÓN Y DE TRANSICIÓN

 

Hace mucho tiempo, un filósofo griego llamado Heráclito dijo, “Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”. En esta frase, Heráclito expresa su visión de la naturaleza de la realidad. Como en el caso del río cuyas aguas fluyen incesantes, y son constantemente reemplazadas por nuevas aguas, así cambia la realidad en forma permanente. El mismo principio de cambio es aplicable a la historia de la humanidad. En este momento, la validez de este principio es mas obvia que nunca. Lo que aprendemos hoy, tenemos que olvidar mañana, debido a los frenéticos descubrimientos e invenciones, o de lo contrario nos sumimos en el atraso y el primitivismo.

¿Cuál es la causa de este agitado cambio? Su causa se puede en últimas remontar al colapso de la tradición metafísica.

¿Cuál ha sido el papel de la metafísica? A lo largo de la historia, lo metafísico ha sido considerado la base de lo físico. Desde este punto de vista, al universo le ha sido dado un propósito, los eventos de la naturaleza han sido explicados, todas las preguntas han sido respondidas, y la vida humana ha sido guiada y evaluada. En este sentido, la metafísica ha sido el castillo en el que el hombre solía protegerse de todos los peligros, incluso del peligro de muerte.

Pero como declaró Heráclito: Nada es permanente salvo la ley misma del cambio. Gradualmente, el cielo metafísico empezó a acoger negros nubarrones. Sus estrellas, sus lunas y sus soles se hicieron cada vez más oscuros; desde el norte vientos fríos empezaron a soplar; y finalmente, noches y noches empezaron a caer sobre la superficie de la tierra cubriendo sus ríos, valles, montañas, todo incluyendo el castillo metafísico.

¿Cuáles fueron los factores que iniciaron los vientos fríos del norte que extinguieron la llama de la metafísica y su luz? Varios factores, el más importante la revolución científicia basada en el principio, “volver a los hechos”. Este principio implica que el conocimiento en un sentido absoluto se basa en los datos objetivos. Sólo los datos objetivos son reales, y son por ello el verdadero objeto del conocimiento genuino. Como resultado, lo metafísico ha sido reemplazado por lo físico, lo celeste por lo terreno, y el Dios omnipotente por el hombre “omnipotente”, manifestando su “omnipotencia” en su asertividad, y en la forma de su afiebrada lucha por la conquista de la Tierra y el cosmos.

Por poder y más poder, el hombre moderno ha devastado la superficie de la Tierra y sus profundidades. Por poder y más poder, el hombre moderno ha abierto heridas en el cuerpo del espacio ilimitado, despojándolo así de su misterio. Por poder y más poder, el hombre moderno ha despojado la naturaleza de su poder, el hombre moderno ha despojado la naturaleza de su facultad simbólica, reduciéndola a un sistema de hechos abstractos.

En esta lucha, el vencedor será aquel, ya sea un individuo o una nación, cuyo conocimiento científico y tecnología esté más desarrollado, confirmando con esto la afirmación de Bacon de que el conocimiento es poder. Por esta razón, la competencia desenfrenada por la adquisición de conocimientos científicos más avanzados y de una tecnología más exacta es inevitable, forzando así al hombre de la modernidad a seguir adelante, incluso a toda marcha, sin tener tiempo para construir un sistema de hábitos como refugio, como techo bajo el cual dormir en paz.

Este enfoque crítico del espíritu científico del hombre moderno no debe nunca, ciertamente, sugerir la necesidad de renunciar a la investigación científica. La frase de Rousseau —“Volver a la naturaleza”— no es válida. Cualquier intento de hacer esto es una especie de locura.  Este enfoque crítico sólo pretende despertar el ojo científico de su siesta científica para ayudar a ver el inminente peligro.

El peligro no está en la invención de armas más destructivas, ni en el brote de enfermedades incurables, o en la distorsión de la bella y misteriosa faz de la naturaleza, y tampoco en la posibilidad de guerras aún más inhumanas. Seguramente los factores ya mencionados, y algunos más, forman fuentes posibles de peligro. Pero el verdadero peligro está en la posibilidad de condicionarse a la creencia de que la realidad está confinada dentro de las paredes de los hechos, de lo que puede ser calculado y medido, olvidando así el misterioso horizonte que abarca todo, sin ser en sí mismo objeto de cálculos o medidas.

¿Cómo evitar éste el más grave de todos los peligros que golpea en la puerta del hombre moderno cada vez más duro? Respuesta: Cuando el hombre de este moderno planeta aprenda a escuchar el silencioso lenguaje que escapa de cualquier posible definición. Una forma particular de hacer esto es la palabra poética.

¡Extraño! ¿Cómo puede la palabra poética llevar a cabo ésta la más difícil y complicada de las tareas? ¿Cómo puede esta palabra, tan fina y transparente, ser el salvamento? ¿Qué es la palabra poética?

La palabra poética habla. Su lenguage trasciende todas las reglas y reglamentos lingüisticos, todos los compromisos políticos, sociales y morales, y toda clase de espectáculos y diversiones ocasionales. El lenguaje de la palabra poética es mudo, es el lenguaje silencioso del misterioso horizonte. En su silencio, el misterioso horizonte sigue hablando. A lo largo de las estaciones,  sigue susurrándole, guiñandole el ojo a los transeúntes. Pero la mayor parte son sordos y ciegos, avasallados por el estruendo del mercado y la vaguedad de la vida diaria. Entre los  pocos de oídos agudos y clara mirada que oyen el susurro y ven el signo está el poeta.

El poeta oye el lenguaje silencioso de lo misterioso y lo interpreta con sus propias palabras. El lenguaje interpretado de los misterioso depertaría la humana conciencia a la visión de que la realidad es cósmica e ilimitada, liberando así la mente de la barrera de hierro de los hechos. La palabra poética le recuerda al hombre del mundo contemporáneo lo misterioso inconmesurable y lo dirige al camino de las preguntas interminables. En cuanto vía hacia lo misterioso, la palabra poética “obliga” al  hombre a detenerse, a maravillarse, a pensar. El hecho no piensa, la tecnología no piensa, el intelecto calculador no piensa. La palabra poética, en cuanto lenguaje silencioso de lo misterioso, se mueve hacia lo misterioso, descubre lo misterioso, establece lo misterioso en la Tierra, y pone en duda lo misterioso. La palabra poética piensa. Continúa pensando a lo largo de las edades, las épocas, las generaciones, a lo largo del tiempo. Sigue llamando al hombre de esta Tierra hacia el camino de lo misterioso, salvándolo del humo sofocante de los hechos.

En este punto, parece que nos hemos desviado, es decir, nos hemos separado de la principal dirección sugerida por el título, “Poesía de  transformaciones y transiciones”. Este desvío resultará ser apenas aparente, si tratamos de recordar lo que hemos hecho hasta ahora.

Nuestro punto de partida fue el principio del cambio de Heráclito, que este principio es más obvio en los tiempos modernos, que su causa en los tiempos modernos se remonta sobre todo al derrumbe del castillo metafísico, que el derrumbe de este castillo es principalmente el resultado de la revolución científica basada en el culto de los hechos, que el culto de los hechos hunde el misterioso horiznte en la oscuridad de la memoria, y finalmente, que la palabra poética descubre lo misterioso y le recuerda su existencia al ojo científico moderno, salvándolo así del sofocante humo del ritual de los hechos.

Hace casi dos siglos, el poeta alemán Hölderlin ha debido de sentir el inminente peligro de los tiempos modernos. En un poema titulado “Patmos”, dice: “wo aber Gefahr ist, wächst das Rettende auch”. Traducido al español: “donde está el peligro, también crece quien nos salva de él”.

El salvador del humo de los cultos modernos de los hechos es la poesía. 

Traduciones de Nicolás Suescun

Fotografía: Natalia Rendón

Fuad Rifka   nació en el Líbano en 1930. Es poeta, ensayista, traductor y uno de los principales innovadores dentro de la poesía moderna árabe. Ha sido profesor de Filosofía en la Universidad Libanesa Americana de Beirut y en la Universidad Estatal de Indiana. En 1957, fue uno de los fundadores de Shi’r magazine. En sus poemas, a menudo aparentemente sencillos, se esconde el pensamiento del sufí contemporáneo. Su poesía ha sido publicada en varias lenguas. Ha traducido 140 libros de poesía: del alemán al inglés, del árabe al alemán y del árabe al inglés. Ha traducido poetas alemanes al árabe, entre ellos Goethe, Hölderlin, Novalis, Rilke y Trakl. Ha publicado 16 libros de poesía y 4 de prosa. Algunas de sus obras son: Ancla en la bahía, 1961; La añoranza del umbral, 1965; La hierba agonizante, 1970; Signos del fin del tiempo, 1975; Ríos salvajes, 1982; Diario de un recolector de leña, 1989; La cesta del jeque derviche, 1990; Poemas de un indio, 1993; Van en solitario los mirlos, 1999. A lo largo de su obra poética, Rifka perpetuamente busca el “poema absoluto”. Él se abstiene radicalmente de la ornamentación.  En breves, concisos versos, expresa tanto su amor por la naturaleza como su sentido de transitoriedad.  Usando un lenguaje desnudo y esencial intenta penetrar las profundidades del significado más allá de las palabras mismas.  "En toda mi poesía he estado escribiendo un solo poema, para conquistar lo más noble, la más noble claridad". Dos de los reconocimientos en poesía más importantes que ha merecido son los Premios Friedrich-Gundolf Award 2001, otorgado por la Academias Alemana de la Lengua y Mediterranean Award for poetry, 2008, en Italia.

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