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Mercedes Roffé

ENCHANTMENT

Como desplegar
el cuerno de la abundancia
espigas finísimas, esbeltas
piedras preciosas, oro
cerbatanas de jade
góndolas
cristales como lunas
soles como los ojos del tigre
apenas vislumbrado entre las hojas
y el rumor de las hojas al rozarse
y el océano
la insistencia nocturna de los grillos
la luna blanca como una pregunta
o el asombro
noches como perlas enlazadas
centellas como calles vivas
y el tiempo ancho como la llanura


AUTORRETRATO A ORILLAS DEL RIO HELADO


Je ne donne
pectacle que de mon âme
L. Aragon

Diamantes
dientes
cal
Carrara
laja y granito
Un ajedrez caprichoso
sin reina ni peón

A veces
ni el río fluye

Alta la cresta al sol
al día claro y tibio
amenaza y reprocha
digna  y necia
la ola detenida como el paso
en la hora de Pompeya

A veces
ni el río fluye

Faz crispada, puntas
agrestes
cuarzo
            lechoso o ceniciento
trizas
            de cúpula estallada
sal
añicos
ínsulas
lotos
            rectilíneos
fauna quebradiza
de un trópico cándido y letal
(Lo compacto
níveo
estridente de la costa
le inventa
una playa enojosa)

A veces
ni el río fluye

Rompe el vuelo, blanca
una gaviota
Esbelta, desplegada
                    sobrevuela
la quietud
                    y el vuelo
se acompasa a lo inmóvil

A veces
ni el río fluye

De las peñas azules
los enebros
simulan
            una flor horrorosa
bronquios
            ahogados para siempre
una mano mendiga
            y calcinada

A veces...

Incrustada en la inercia
como un dolor se encona
el negror de una rama


BOREDOM

 

Tedio
cuando se aquieta el día.
Como cuando un río se aquieta
y despierta
            al acunado por el río.

 

El susurro del agua
que se va
            ensordecida:
Vocerío --no voz.
No iris --niebla.
Y más atrás el vacío.
Luna
            de metal inmaleable
donde nada se engarza
            ni se inscribe.
Tedio
            como un reino.

Hasta
            recobrar
                        la habitada
condición del silencio.
Como cuando
            se aquieta el río
y el acunado por el río
                        por fin despierta
o por primera vez
                        recuerda y ve
ancladas en las radas de la noche
las tartanas del sueño.


LA NOCHE Y LAS PALABRAS

 

A la luz de las velas
las palabras
iban perdiendo toda realidad
ese poco de peso que arrastran en sus ruedos
como cuelgan de las eses
de hierro las reses y sus moscas.
Fabulación
            --casi una mentira.
El tintineo ramplón de la hojalata
adulador del vacío.
Mascarada
            --casi una mentira.
Anillos de humo como almas
se llevan el aliento
de un entusiasmo exangüe
sin voz y sin ayer.
Niebla
polvo
nada
Lo volátil.
¿Cómo sostenerse
                        en la ignominia?
La inanidad de decir
sólo palabras
mar  bigote  bingo  azul  campos  cuevas
aros     libros   desayuno
                                                                                   tren
                                                                                                          espada

Nada es nada.
Apretarse los ojos hasta
que el azul
colme el vientre del vaso.
--Toma, bebe.
Y brindemos por todo. Y dale
el crédito al silencio. Toma,
ahí lo tienes.
La inanidad de decir
sólo palabras
cuna      ensanche     tribu     césped  
       tuna          zanja
                                                colofón 

Un hueco
aventado
por la gimnasia feliz del pronunciar
el eco de un pasado
--el coletazo final
del corvo
            contra la arena reseca.
Agallas
Tener agallas
Sostengámonos
            en la ilusión de LA LUZ
las palabras
morirán lejos
acaso en el recodo
donde el deseo abraza a la memoria
ante el mirar sonámbulo de un otro
                        displicente o mordaz.
--No hay trama --dije--.
No hay intriga ni final.
Sólo el regreso. No hay
andamiaje posible. La noche
sin embargo
se sostiene.
Contra toda gravedad, la noche
se sostiene.
Inevitablemente
                                   se sostiene.


De La noche y las palabras, 1999

* * *

 

Más aun. Pensemos
en la reproducción mecánica. Casi una montaña rusa. Casi
una noria. Un ensayo de
poética circular. Una cascada como una piedra, un bloque, un cuento
de nunca acabar.

 

 

* * *
                                                                             

 

Vio a Cristo amamantando a los perros. Vio un hueco en el lugar del corazón. Vio una parva de heno, una oreja de Dumbo, una cola de buey, un grano de sal gruesa, un hangar, un telescopio. Vio una batalla de ángeles y demonios en el fondo de la alberca. Y luego fue la lluvia, la lluvia. Enconada. Filosa. Intermitente. Las uñas de la Impaciencia tamborileando en la ventana. Los dientes de las horas farfullando el rosario del tedio.

 

* * *

 

La metáfora ha muerto.
Nada se parece a nada.
La más mínima fracción de cada átomo absorbida en la tarea de cumplir su ínfimo mandamiento. Sostenerse en el ser, cada mañana, no importa qué. La anatomía exhausta del ciprés... La terquedad crispada de los pinos... El blanco inocuo del hielo en el dintel.
El orín del perro del vecino traza un surco en la nieve. Minúsculo. No menos
            que todo lo demás. No menos
que esta arrebatada voluntad, la inanidad segura de este intento.

 

* * *

 

Tanteos en la mar violenta. Agitación. Un cierto envolvimiento de remolino o torrente. Depende de la dirección. Depende de si se podría siquiera hablar de dirección o de mejor deshacerse. ¿Indulgencia? ¿por qué no? Al menos insistir. Un acto de presencia, como tantos (tanteos en la mar). ¿Recuerdas? Un poco de historia. La arena, la guerra, la India... ¡oh, la mujer! El siglo, con atajos. No olvidemos que desde los hombros de los Padres...
En cuanto a las mareas: toma tu baldecito de lata y aspira hondo. Húndelo hasta el final. (Al principio, la boca te dará en la muñeca. No importa, sigue. Húndelo más. Como si enjuagaras las sábanas de tu ama la Desdicha. ¿O acaso algo ha cambiado?) Tira con fuerza. Ya está. Mira si no es tu cara. Y ahora no brinques o te perderás. No hables o te perderás. No atiendas al bramar de la tierra o te perderás. Es cuestión de ausentarse. Se trata
           de fundar un vacío.

 

* * *

 

Cada vez más ceñido el horizonte. Y cada vez más amplio. Difusión. Diferencia. Como se dice, una proyección diferida (una toma de mando, un EVENTO, un juego...) Una hora que no es. Que fue y se verifica, se simula y acepta, como un rito. Una repetición / terapéutica. Monumentos. Memorias. Construcciones. Historia o mito original. Puesta en escena de un ayer que explica, da a entender, funda, da razón (de ser) a un presente más o menos fallido, imperturbable.

 

* * *

            La escena tan temida --finalmente--
está teniendo lugar. Allí, siempre, del otro lado. No hay justicia poética. ¿Quién narra, si la hay? ¿O era éste el deseo? La expectativa ¿de qué audiencia? El soñador que sueña la pesadilla ¿qué se desea? Si toda la Comedia es sólo el andamiaje del carro de Beatrice, si el imperio de Adriano no es más que la medida del solipsismo suicida de un esclavo ¿será el desasosiego la vara que mide la liberación? ¿el sueño la medida de la luz que se hace al despertar? Descubrir que aquello que en la trama era el lugar de la sospecha, no era más que el recurso --el más flagrante-- puesto allí para ocultar el resto del absurdo.
            La escena tan temida sigue teniendo lugar. Irremisiblemente.
            Tener miedo y saber, soñar y despertar no son actos puntuales.

 

 

* * *

Exabrupto confesional

            Recuerdos --vagos-- de esos poemas de Takahashi que empiezan --todos-- "Esta mañana, Su Majestad la Reina..." y con el mismo tono impasible, casi de cuento de hadas, con una ceremoniosidad digna, contenida, pasan a referir el espectáculo de la más desmedida corrupción.
            No es la anécdota. Es ese oxímoron entre forma y contenido lo que hace de esos poemas un hecho necesario, útil, social: el poema como mito --en el sentido de síntesis y aglomeración de sentido--, como atajo para pensar y sentir en todo su estridor un fragmento, la intersección de dos ejes cualesquiera de una realidad que, de otro modo, se diluiría en los detalles de su propia indecencia.

 

* * *

 

La lucidez de la hambrienta

Una suerte de desambientación. Como una lámpara votiva. Quien lo dijera de mí, mentiría. Sólo un anuncio de esplendor, quizá una causa confusa, dividida, un sic et non, un orgullo ocultable, una contradicción pasional --serena. Dejarse estar. Bien. Insospechada placidez. Un poner toda urgencia a remojar [movida por la urgencia]. Dos. Una espalda, un cuello, una voz: fragmentos, soportados por un estar ahí, firme, como una red bien urdida. Una espera que se ofrece. Lugar común, la espera.
Y el ofrecerse con
                   sospechosa discreción.
                                   Con
                                               tanto tino.

 

* * *

Visión prismática, dividida, dispersa. Un no sostenerse en el lugar sino rodearlo y rodear el vacío que se deja.
Observación: un mantener viva la llama de una pura fe sin credo ni culto ni reliquia. Un mantenerse viva en la fe --un vacío.
Asíndeton. Aposición. La gramática como una anatomía. Teórica desnudez.

 

* * *

Estática. Una vibración o interferencia. Repetir. Repetir --el temor o el coraje. Lo que se sabe impronunciable, a no ser por la mirada. Un murmullo insistente, local, distinto, bien-perfilado. Una (im)posibilidad extenuante y extenuada. La gota horada la piedra, o la piedra el charco.

Alguien pinta un biombo con pájaros verdes, azules, crisantemos.
Alguien  --otra, otro-- transita el camino de la felicidad.

 

* * *

                                                La vi como quien viera un alba,
                                                                                              huyente...
                                  
Pérdida no es. Es, digamos, otro canto, otra decencia. Una voz que viene, se instala, se va. Reaparece, cada tanto, por el foro, como quien defiende un no sé qué de antiguo, de recato. ¿De qué lana será el escudo que la cubre? Filigranas de miedo, como el hierro. Sangre. Herrumbre. Pánico de errar.  De sufrir ¿qué?  ¿Quién lo dirá?  Y
mientras tanto
                                   florece
                                                           la miro
como al día que pasa.

 

De Memorial de agravios. O de las cosas que han pasado en esta tierra, 2002

 

Fotografía: Fredy Amariles

Mercedes Roffé  Poeta, editora y traductora, es una de las voces de la poesía argentina actual de mayor reconocimiento internacional. Recibió la Beca John Simon Guggenheim por su libro La ópera fantasma (Buenos Aires, Bajo la luna, 2005). En 2005 aparece también en España la antología de su obra Milenios caen de su vuelo: Poemas 1978-2003 (Tenerife, Colección Atlántica de Poesía). Entre sus libros de poemas se destacan: El tapiz (BsAs, 1983), Cámara baja (BsAs, 1987),  Memorial de agravios (Córdoba, 2002), Canto errante (BsAs, 2002) y la plaquette Definiciones mayas (Nueva York, 2000). Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, catalán y rumano. Desde 1998 dirige la colección Pen Press, plaquettes de poesía.

Última actualización: 28/06/2018