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Carlos Vásquez

Me dejaste solo.
Entro en la espesura.
Y la noche gira.
Se va dividiendo.

Se acuesta a mi lado.
Su calor me habla.
Sílabas partidas el eco no abarca.

Recojo en mi red las conchas cerradas.
¿Qué puede prender?
En agua sumisa la playa blanquea.

Ruido interminable.
Cómo puedo asirte.
En secreto flota su hilo la araña.

La voz enrojece.
Murmura quién viene.
La luz es un ruego.
Su ripio cayendo.

Bajar ir palparse.
Acre rojo labio.
La piel fría escama.

el viento repite su vano quebranto.
El río no alumbra.
Me expulsa su lecho.

Qué extraña manera.
Seguir sin moverse.
Por lentos recodos.
La pisada quema.
  
De pronto aparece.
Intento tocarle.
Sácame de aquí.
  
Esparce la noche su seca tormenta.
No logra tenerle.
Desprende su vaho.
  
Busco en su rincón.
Quién llama quién viene.
Una sola puerta.
Parece la misma una vez sellé.
  
Puede baste abra.
El garfio en el sueño.
Ella sigue sola su sorda rodada.
  
Están allí juntos.
Cual ciegos se palpan.
Se inclina en la sombra la lenta pared.
  
Amarga la boca murmura su hierba.
El oscuro aire hierve mis pulmones.
  
Me mira de cerca.
El oído aliento se lleva la frase.
  
Qué puedo confiarle que ya no contenga.
Me deja que ruede.
El pozo se estrecha.
Hondos escuchamos la piedra caer.
  
La saliva esparce.
Ronca lengua escarba.
El amor oculta el hueco que abre.
La palabra atiza su negro brasero.

 Dime vida mía.
El cielo devora la luz que me dieron.
  
 Piedra de estar quieto.
Mis solas pasiones.
Qué son sin mis dedos.
  
Como si dijese.
Noche toca apaga.
En medio los días.
Grieta impenetrable.
  
Las horas un paso.
Segundos un soplo.
Abajo en lo yerto.
Rueda un agua breve.

La mano gotea su arena desierta.
Déjame lo intente desnuda caer.

 

La ciega ceniza envuelve los huesos.

Te llamo. ¿Me oyes?
El aire retumba.
Arena los párpados.
Un agua dormida empuja los muertos.

No me dejes solo.
Dime dónde ardes.
Me aferro me jalan.

Me hundo en tus dedos.
  
te alejas te alejas.
Oigo tu pisada.
De golpe penetra.
Clava en mis pulmones la negra puntilla.
  
El rostro ilumina.
Detrás de qué tela.
Es tiempo no vayas.
  
La sed hormiguea.
Bebo gotas secas.
Ahora que arrecia no me pidas eso.

Mastico tu olor.
Tu labio tu lengua.
Tu mano desliza.
Más honda me cava.

Ciérrame te imploro.
Tu sal ruda quema.
Axila me hundo.
Bebo no me sacio.
  
La blanca ceniza.
Mis manos desgajan.
Los dedos se cierran para no decirlo.
  
Rezo estoy rezando.
Me extiendo en la hierba.
Rodéame hermana.
  
No quiero hacia nunca.
Sea paso a paso.
Mi sangre persigue los días que quedan.

No importa me astille.
Sucesión hermana.

No quiebres mi tallo.
El árbol se arquea.
Es tiempo se apiade.
  
aunque no te siga.
Tiempo mío hermano.
Hasta que me tapie.

Lluvia barre el aire.
Mi hora se atasca.
En qué curva ciego.
¿No veré ya tierra?

Instante no quemes.
Ido no me siento.
Mi carne adormece su polen oscuro.

Lo encierro en un puño.
Si abro mi mano su larva ya vuela.
  
Sólo esta muralla.
Mi voz no da alcance.
Mis padres hermanos.
Estoy solo tiemblo.

 

Fotografía: Natalia Rendón

Carlos Vásquez  nació en Medellín, en 1953. Poeta, ensayista, traductor y profesor universitario. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Antioquia y en la Universidad Javeriana. Obra: Anónimos, 1990; Eclipse de sol sobre Bataille, 1990; El oscuro alimento, 1994, Primer Premio Latinoamericano de Poesía «Ciudad de Medellín», 1994. El jardín de la sonámbula, 1995; El arte jovial (La estética de Nietzsche), 2000; Agua tu sed, 2001; Desnúdame de mí, 2002; Hilos de voz, 2004; Método de dramatización, 2005. Traductor de Yves Bonnefoy. Actualmente es el director del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia.

Última actualización: 28/06/2018