English

Jan Wagner

champiñones

los encontramos en un claro del bosque,
dos expediciones atravesando el crepúsculo
y mirándose en silencio. entre nosotros, inquieto,
el zumbido telegráfico del enjambre de mosquitos.

nuestra abuela era famosa por su receta
de champiñones rellenos. se la llevó
a la tumba. al rellenar lo que es bueno, decía,
hay que poner muy poco de otras cosas.

más tarde, en la cocina, nos llevábamos 
los hongos al oído y le dábamos vuelta al tallo,
esperando el suave chasquido en su interior,
buscando acertar con la combinación.

(De: Probebohrung im Himmel, Berlin Verlag, Berlin 2001)

 

tabernas de provincia

 

tras la barra, frente a la puerta,
la foto enmarcada del equipo de fútbol:
héroes sonrientes procurando que no se adviertan
las puntillas oxidadas en la parte trasera de sus camisetas

(De: Probebohrung im Himmel, Berlin Verlag, Berlin 2001)

 

el gorrión de guericke 1

                                               “… más exquisito que el oro, libre 
                                               de todo devenir y perecer

                                               Otto von Guericke

¿qué es, aunque invisible, tan poderoso 
que ninguna fuerza se le opone? el círculo
de ciudadanos alrededor del maestro guericke
y su construcción: la bomba de vacío
que sobre tres patas se levanta en el recinto,
perfecta y con la gracia obscena 
de la mantis religiosa. brillo de latón, 
como recipiente la bola de vidrio. en ella
el gorrión que ha empezado a titilar
como una llama de alcohol; por el aire 
que se hace escaso. frente a la ventana maduran
las ciruelas, zumba el calor, crece
el pasto en las ruinas. en la pared
un grabado en cobre de la antigua magdeburgo.
la imperturbabilidad del reloj de péndulo,
dioptra, podómetro, astrolabio;
el globo sobre la mesa donde la aleta dorsal
de nueva zelanda acaba de surcar 
el pacífico y, como llegando de muy lejos, 
el trote lento de un carruaje de caballos.
“este gorrión muerto”, susurra alguien,
“volará una vez más a través de un cielo vacío.”

1 El alemán Otto von Guericke (Magdeburgo 1602 – Hamburgo 1686) fue un personalidad polifacética: político, hombre de leyes, veterinario, físico e inventor. Precursor de la meteorología, también obtuvo gran reconocimiento por sus investigaciones neumáticas. Sus logros científicos más sobresaliente pertenecen al campo de la técnica del vacío. (N. de la T.)


jardín botánico

 

sopesando las palabras para decirte 
–las parejas en silencio por los caminos rastrillados,
la era cubierta de hojarasca, los árboles desnudos,
las verjas con sus flores frías de hierro forjado,
la luz con la palidez aristocrática de la cera–
vi en la colina el invernadero de vidrio,
sus costillas blancas, fin de siècle,
y recordé en el acto aquellos esqueletos 
de cetáceo por los que uno, cuando era niño, 
torcía el cuello en los museos: colgados 
de alambres invisibles parecían flotar. 
aquellos monstruos arrojados en una costa   
desde profundidades inmemoriales, 
ahogados por su propio peso.

(De: Guerickes Sperling, Berlin Verlag, Berlin 2004)


navidad en huntsville, texas

                               “Es como vivir junto al terraplén de un ferrocarril.
                               Al principio se presta atención a cada tren, luego
                               simplemente ya no se oyen.” 
                               Un habitante de Huntsville

al irse la luz esa noche
titilaron las bombillas
del árbol de navidad, se apagaron. a lo lejos
el último tren. nosotros, la noche, el olor del asado.
los gansos nadaban tranquilos en los lagos
de porcelana blanca. a la luz de la luna
los huesos roídos de las verandas.
escuchábamos el suave vaivén de cuna
del gran bosque que rodea la ciudad,
luego la música coral retornó al radio.
en cada televisor, sentado, un presidente.
el terraplén del ferrocarril, sin principio, sin fin.
el asado de ganso.

(De: Guerickes Sperling, Berlin Verlag, Berlin 2004)

elegía de una pequeña ciudad

 

la caravana de sombras, cada mañana
partiendo, y el lavadero de carros
que despertaba siempre de un sueño puro.

y en las camionetas oscilaban
las mitades de cerdo entre sí y no,
a los tilos les brotaban corazones. y no cabía

más que una hoja de papel entre yo y el mundo.
y en los jardines, detrás de todos los setos,
las podadoras anunciaban el mes de mayo.

(De: Guerickes Sperling, Berlin Verlag, Berlin 2004)


störtebeker 2

                                „Soy el noveno, no es un buen puesto.
                               Pero él aún camina.

                               (Günter Eich)

aún camina; la cabeza mirando el cuerpo
que avanza dando tumbos. pero ¿dónde 
está él, él mismo? ¿en las últimas miradas 
lanzadas desde el canasto o en los pasos ciegos?
soy el noveno y es octubre;
el frío y la soga cortan más hondo
en la carne. estamos de rodillas, en fila; las nubes 
sobre nosotros en manchas blancas, como si desplumasen 
allá arriba aves domésticas, igual que las mujeres
antes de las fiestas. papá con sus puños blancos
sostenía el mango y el hacha brillante
que guiñaba a la luz. la gallina, entretanto, 
corría ensangrentada, aleteando para hallar su camino
entre dos mundos, pasando al lado de nuestros gritos de niños.

(De: Guerickes Sperling, Berlin Verlag, Berlin 2004)

2 Klaus Störtebeker fue un famoso pirata del Mar Báltico y el Mar del Norte. En 1401, tras una encarnizada batalla naval, fue capturado y llevado a la ciudad de Hamburgo, donde fue decapitado en octubre del mismo año. Según la leyenda, el alcalde de Hamburgo aceptó una solicitud especial de  Störtebeker: tan pronto se le decapitara, avanzaría caminando y aquellos piratas junto a los cuales alcanzara a pasar serían indultados. Störtebeker pasó al lado de once hombres antes de que el verdugo le pusiera zancadilla. Finalmente, el alcalde rompió su promesa e hizo decapitar a todos los piratas.

el hombre del mar

 

lo encuentran con un frac de sal
y arena. un documento de algas, una compañía
de gaviotas detrás suyo. la niebla.

no habla, en cambio hace saltar en el piano
las olas de fieltro, las embravece dentro de la caja 
causando admiración. manos pesadas 
como insignias recaen sobre sus hombros;
la hora de la fama, la era de las pastillas,

las noches de otoño: por los pasillos avanzan los enfermeros
como icebergs. en el jardín 
de la clínica, al pie de los muros, el centelleo
de las últimas hojas; desde el viejo cobertizo 
por el que asciende la hiedra, el sonido amortiguado
de un piano. creen que es chopin.

(De: Achtzehn Pasteten, Berlin Verlag, Berlin 2007)

el oeste

el río piensa en peces. ¿qué fue, entonces,
lo que el sargento henley se anticipó
a arrancarle –los ojos fijos, amarillos; los bigotes
como dos atizadores junto a la boca gris–
que incluso a los perros arrancó chillidos?

los rápidos y su enfurecida
gramática, a la que seguimos rumbo al nacimiento.
a lo lejos las montañas envueltas en vapor,
las llanuras de hierba y de vez en cuando
un indígena al otro lado que nos mira 
divertido y después
desparece en el bosque: todo esto lo anotamos 
en el viejo mapa de adam, dando nombre
a las especies y los actos. fiebre muscular
y por semanas el régimen de raíces 
y confianza en dios. bajo la camisa las garrapatas
como alfileres en la piel: así nos da 
una lección el mundo salvaje.

extraña sensación: ser el límite, 
el punto en el que se termina
y comienza. de noche, al lado del fuego, circula 
nuestra sangre en nubes de mosquitos sobre nosotros, 
mientras con espinas duras
cosemos las pieles, zapatos
para nuestra meta y cobijas para los sueños.
hacia adelante lo intacto, detrás nuestro
el enjambre de habitantes, su declaración
de cercos y vallados; detrás nuestro
los carros entoldados de los comerciantes,
las grandes ciudades, llenas de ruido y futuro.

(Fuente: Achtzehn Pasteten, Berlin Verlag, Berlin 2007)

 

de: dieciocho pastelillos

                              „Invitado a almorzar donde  Sir W. Penn, quien celebró hoy su
                                aniversario de boda. Junto al delicioso lomo de res y demás
                                exquisiteces había también en la mesa una bandeja con 18
                                pastelillos, correspondientes al número de años que lleva casado.“ 3
 
                               Samuel Pepys, Diarios

1

(shepherd’s pie)

 

las ovejas son nubes que aman el piso.
el pastor ama a marie. esparce nueces sobre
la cuesta, musita las dos palabras famosas.
el rebaño bala, se las come como letras blancas
sobre el tablero verde. detrás da un salto crucial el punto,
el perro pastor. en el fondo del valle se arrastran 
las sombras vespertinas frente a las ventanas. no
se ven la cuesta ni las colinas, tampoco las nubes.
las nubes que son ovejas empujadas por el viento.

3 La primera edición castellana de los Diarios de Samuel Pepys es de 1941 (Buenos Aires, Lautaros, traducción de Norah Lacoste), retomada en 2003 por la editorial Renacimiento. La segunda es de 1954 (Buenos Aires, Espasa Calpe, traducción de Antonio Dorta), reeditada en 2007. La traducción del presente epígrafe es de Diana Carrizosa. (N. de la T.)

 

5

(pastelillo de verduras genovés)

I

el balanceo en las horas
antes de que partiera el ferry, por el barrio
portuario, los callejones. tú, perdida 
en un almacén de zapatos, y yo, bajo los cascos
del calor del mediodía, devastado por aquel sueño
de demasiada agua, vi las sombras,
al santo en su ínterin
de piedra,  inmovilizado en su buena obra. decidido 
no había nada. los pescados secos, colgados por 
los vendedores, salados, duros como fetiches,
el azul a gran altura, en las cuerdas de ropa.
el dragón igualmente hubiese podido 
burlarse, jorge apoyarse sobre su lanza,
un trabajador cansado sobre su pala.

 

II

córcega se reconoce 
por el aroma, dicen, mucho 
antes  de que la isla emerja del mar.

18

(pastel de membrillo)

al colgarlos octubre de las ramas,
lampiones, ya era tiempo: cogíamos
membrillos, llevábamos los canastos
                de amarillo a la cocina

bajo el agua. la manzana y la pera 
maduraban hasta su nombre, dulzor sencillo,
no como los membrillos en su árbol
                en el último rincón

de mi alfabeto, en el latín del jardín,
duros, de aroma extraño. cortábamos
y deshuesábamos la pulpa (cuatro manos
                grandes, dos pequeñas),

difusamente en el vapor del exprimidor, 
dábamos azúcar, calor y esmero a lo que, 
crudo, rechaza el paladar. quien podía, quería
                comprender los membrillos,

su jalea en vasos abombados para los 
días oscuros, en fila sobre las estanterías,  
en un sótano de días donde
                brillaban, brillan.

(Fuente: Achtzehn Pasteten, Berlin Verlag, Berlin 2007)

 

camaleón

más antiguo que el báculo pastoral
que arrastra tras de sí, lo curvado 
de la cola. baja, le gritamos
hasta su rama, mientras la lengua, 
el telescopio, sale veloz, y la constelación
de una libélula devora: un astrónomo 
con una mirada al cielo y la otra
al suelo; así guarda la distancia
frente a ambos. las cúpulas de los ojos, acorazadas
de escamas, una fortaleza tras la cual
 se mueve sólo la pupila, un centelleo
nervioso detrás de la aspillera (a veces
se encuentra su piel como una base 
desierta, una tesis hace mucho abandonada).
baja, le gritamos. pero no se 
inmuta, desaparece lentamente entre 
los colores. se esconde en el mundo.

 

bolsa de té

 

I

envuelto sólo 
en un tosco saco. pequeño eremita
en su caverna.

 

II

nada más que un hilo
conduce hacia arriba. le damos
cinco minutos.

(Fuente: Achtzehn Pasteten, Berlin Verlag, Berlin 2007)

 

 

el jardín de los veteranos

                “Luchando otra vez  con su enemigo, cuenta sus cicatrices,
                aunque ahora es Chelsea el lugar de todas sus batallas,
                y sujetándose con afecto del prolongado relato,
                vuelve a dar muerte a miles sobre un vaso de cerveza.”
                Sir John Soane, inscripción en la casa de verano del 
                Royal Hospital de Londres 4

los veteranos crecen de la hierba
levantándose en su honorable uniforme;
los pesados botones  le devuelven un guiño mate
a la luz postrera de la tarde.
crecen de la hierba como en los mitos
el ejército de los dientes de dragón sembrados.

los veteranos muestran sus dientes
en fotos que han tomado el color de la hierba 
vieja, más amarillas que los mitos. 
la batalla, dice aquel griego, es de las formas
el inicio, y todo retorna a ella.
los veteranos escalan el monte

cervino de sus recuerdos, de mate
resplandor a contraluz. los dientes postizos
que ya hace mucho quedaron en 
la llanura. casi inadvertidos en la hierba
los nietos, gozando con las más simples formas
del juego. en contraste con el parco

intento de los veteranos de darse jaque mate 
en el juego de los reyes,  de mitos
rodeado (los que a piezas blancas dan forma 
utilizan marfil y dientes de morsa.)
en el jardín de los veteranos crece la hierba.
el caracol se desliza de vuelta a su casa.

los veteranos piensan a menudo en el pasado
y casi nunca en el futuro. surgen así los mitos.
los nietos juegan en la hierba
donde murieron los camaradas, en jaque
tras la batalla. vivir significa: hay que apretar
los dientes. y al destino dar forma.

las enfermeras llevan uniforme blanco
y son no obstante cálidas. los llevan rodando de vuelta
a la casa cuando las primeras estrellas dejan ver 
sus dientes, y todo un ejército de mitos
los sigue a sus habitaciones. en lo que quedó mate
a causa del peso se levanta ahora la hierba.  
 
las formas oscuras caminan por la hierba,
se podría pensar en dientes. o en mitos. 
el rey se queda en su jaque mate.

Fuente: Guerickes Sperling, Berlin Verlag, Berlin 2004)

4 Original: „Again he fighting with his foe, counts o’er his scars, / Tho‘ Chelsea’s now the seat of all his wars, / And fondly hanging on the lengthening tale, / Reslays his thousands o’er a mug of ale.“

Traducciones de Diana Carrizosa

Fotografía: Natalia Rendón

Jan Wagner  nació en 1971 en la ciudad hanseática de Hamburgo y vive desde 1995 en Berlín. Además de poeta, es traductor de poesía en lengua inglesa (Charles Simic, James Tate, Simon Armitage, Matthew Sweeney y Michael Hamburger) y reseñador de obras literarias. Sus reseñas han sido publicadas por reconocidos periódicos alemanes, como son “Der Tagesspiegel” y “Frankfurter Rundschau”. Hasta 2003 actuó como coeditor de la publicación internacional de arte y literatura “Die Aussenseite des Elementes” (“La parte exterior del elemento”), que, siguiendo el ejemplo de Marcel Duchamp, se hacía de hojas sueltas entregadas en una caja para que el lector compusiese la revista a su gusto y definiese él mismo el orden de lectura. Además de aparecer en numerosas antologías y revistas, los poemas de Jan Wagner han sido publicados en tres libros de la editorial Berlin Verlag: “Probebohrung im Himmel” (“Perforación de prueba en el cielo”, 2001), “Guerickes Sperling” (“El gorrión de Guericke”, 2004) y “Achtzehn Pasteten” (“Dieciocho pastelillos”, 2007). La misma editorial dio a conocer sus traducciones de pomas seleccionados de James Tate (“Der falsche Weg nach Hause”, 2004) y Matthew Sweeney (“Rosa Milch”, 2008). Jan Wagner ha publicado además, junto con Björn Kuhligk, las antologías “Lyrik von Jetzt. 74 Stimmen” (DuMont 2003) y “Lyrik von Jetzt zwei. 50 Stimmen” (Berlin Verlag 2008), así como el libro “Der Wald im Zimmer. Eine Harzreise” (Berliner Taschenbuch Verlag 2007). Su talento poético ha sido reconocido con diversos premios, destacando el Premio Promocional Hermann Hesse (2001), el Premio del Público Christine Lavant (2003), el Premio Alfred Gruber (2004), el Premio a la Poesía de Mondsee (2004), el Premio Anna Seghers (2004), el Premio Ernst Meister (2005) y el primer Premio de Literatura Arno Reinfrank (2006).

Última actualización: 28/06/2018