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Homero Aridjis, México

EL OJO DE LA BALLENA 

 

        ‘Y Dios creó las grandes ballenas.’
Génesis, 1:21
                        A Betty

Y Dios creó las grandes ballenas
allá en Laguna San Ignacio,
y cada criatura que se mueve
en los muslos sombreados del agua.

Y creó al delfín y al lobo marino,
a la garza azul y a la tortuga verde,
al pelícano blanco, al águila real
y al cormorán de doble cresta.

Y Dios dijo a las ballenas:
‘Fructificad y multiplicaos
en actos de amor que sean
visibles desde la superficie

sólo por una burbuja,
por una aleta ladeada,
asida la hembra debajo
por el largo pene prensil;

que no hay mayor esplendor del gris
que cuando la luz lo platea.
Su respiración profunda
es una exhalación’.

Y Dios vio que era bueno
que las ballenas se amaran
y jugaran con sus crías
en la laguna mágica.

Y Dios dijo:
‘Siete ballenas juntas
hacen una procesión.
Cien hacen un amanecer’.

Y las ballenas salieron
a atisbar a Dios entre
las estrías danzantes de las aguas.
Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.

Y las ballenas llenaron
los mares de la tierra.
Y fue la tarde y la mañana
del quinto día.

                                              
Laguna San Ignacio,
1 de marzo de 2000

 

YO TE SALUDO, VIEJO SOL

                                      (Homenaje al Conde de Lautréamont)

                                                                                              A Cloe
1
Yo te saludo, viejo Sol,
cuando apareces en el centro del cielo
como una yema estrellada
rodeado de nubes insidiosas.

Yo te saludo, Sol de la ciudad poluta,
cuando todo el mundo pasa maldiciendo el calor,
sin mirarte siquiera.

Yo te saludo, Sol de las paredes frías
y los cuartos abandonados,
que nadie mira ni habita.

Yo te saludo, ojo único
           pupila blanca
           de la noche total.

2
Yo te saludo, viejo Sol de la cara jovial,
siempre diferente y semejante a ti mismo,
gran solitario, hermoso en tu reino azul.

Yo te saludo, Sol de los rayos vitales,
tú que vas por este cielo antiguo
con proporción musical.

Yo te saludo, Sol de las mañanas heladas,
asomado sobre los edificios horribles
como una yema anémica.

Yo te saludo, Sol de las tardes sangrientas,
cuando tus rayos tamborean en las paredes
de los templos el tam tam de la muerte.

Yo te saludo, Sol de los misterios lúdicos,
cuando tus pensamientos danzan en los picos
de las montañas como jaguares de oro.

Yo te saludo, Sol de los invidentes,
cuando bajas por las manos negras
que tocan en la calle instrumentos de cuerda.

Yo te saludo, Sol de los labios morados
y las heridas que nunca se cierran,
cuando te posas en los cuerpos muertos.

Yo te saludo, Sol de los eclipses totales,
cuando rodeado de oscuridad
nos miras por dentro y por fuera.

Yo te saludo, viejo Ser,
            Ojo Único,
            pupila blanca
            de mi noche total.

 

TE AMO AHÍ CONTRA EL MURO DESTRUIDO...

 

Te amo ahí contra el muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos

Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio

Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicas y estrellas

Te amo contra tu alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos

Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los muertos.


El Evangelio según John Donne

Meditation XVII

Ningún hombre es una Isla
que vive de sus propias fuerzas;
ningún ego es un Continente,
ni un Planeta autosuficiente, acaso
es un pedazo de miedo rodeado de nada,
un jirón de vida colgando de un traje viejo,
un guijarro lavado por las aguas
desmemoriadas del tiempo. La Ciencia
es poca cosa, es un promontorio resbaladizo
donde las manos se aferran, sus semillas
estériles no enraízan en el futuro de la vida.
Tu cuerpo es una envoltura vana,
un pájaro descoyuntado con el pico roto,
aventado a los basureros de la muerte.
Habitante de la Tierra, la muerte
de toda criatura te disminuye,
Por eso, cuando alguien muere, no preguntes
por quien doblan las campanas de la extinción.
Doblan por ti.

En un avión Nueva York-México, 16 de abril de 1999.

 

Medusa

Vagando por la ciudad de México
me encontré con Medusa, una prostituta
que corría las calles oceánicas de Insurgentes.

De joven había sido la atracción del Salón Rosa.
El cabaret se quemó y en un vestidor quedó atrapada.
Ahora era un monstruo de amor.

Esa noche ocultaba sus ojos petrificadores con lentes de sol
y su cabellera de serpientes con una peluca dorada.
Tapándose la boca con la mano, no podía disimular sus dientes atroces.

Al toparme con ella, yo, que una vez la amé, no supe qué era peor,
si verla a los ojos y convertirme en piedra,
o pasar de largo y convertirme en olvido.

México, martes 13 de julio de 1999


Poema de amor en el espacio cibernético


Abrir o no abrir, that is the question.
Manual of Spanglish.

En la soledad del Espacio Cibernético,
vagando por la Ruta de los Iconos,
encontré tu nombre y lo perdí.

Dispuesto a hallar tu rostro
en la Pantalla, navegué día y noche
por las Luces de Eudora.

Entre en Listas y Memorias,
anduve en las ciudades virtuales de América Futura
y recorrí Playas con nudistas holandesas.

Sexoservidoras sin volumen ni sombra,
paradas en la Carretera Cibernética,
me ofrecieron sus brazos infieles.

Los pájaros volaban inmóviles en la Página Actual,
los rayos de tus ojos me devolvían siempre al Comienzo,
los sacerdotes del siglo XXI alzaban el cáliz hacia Todo.

Ansioso de hallarte envié cartas electrónicas,
abrí Ventanas, tomé Atajos, exploré Formatos,
inserté Números, recorrí Bandejas y Basureros,

me metí en Programas, examiné Fotos,
Periódicos, Anuncios, Opciones; frecuenté los mares
del Spanglish, pero tu amor siempre se escapaba.

El deseo no satisfecho me dio insomnio y ansiedad,
y ganas frecuentes de asomarme a la ventana
de un edificio fantástico de cincuenta pisos.

En el laberinto de los ordenadores vi la Imagen Total de Dios,
oculto bajo Vocabularios, Informaciones, Descripciones,
Símbolos y Signos, y páginas de web.

Después de viajar sentado por la intensa nada,
creyéndote cerca, siempre lejana, cerré la puerta
a la vida que se abre y se cierra con un clic.

México, D.F. 26 de octubre de 1999

Video: Tiempo de ángeles

Homero Aridjis  nació en Contepec, Michoacán, México, en 1940. Poeta, novelista, diplomático, activista ecológico, profesor universitario, periodista y actual Presidente del Pen Club Internacional. Co-fundó el Grupo de los Cien, que reúne a cien artistas e intelectuales internacionales reconocidos, que defienden el medio ambiente. Asistió al taller literario de Juan José Arreola y recibió tempranamente el reconocimiento de Octavio Paz. Su obra ha sido traducida a varios idiomas e incluida en varias antologías. Ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores, (1959-1960); de la Fundación Guggenheim (1966-1967 y 1979-1980) y de la beca del Sistema Nacional de Creadores Artísticos (1996). Algunos de sus libros publicados: Los ojos desdoblados, 1960; Antes del reino, 1963; Perséfone, 1967; El poeta niño, 1971; Quemar las naves, 1975; El último Adán, 1986; El poeta en peligro de extinción, 1992; La leyenda de los soles, 1993; Tiempo de ángeles, 1994 y La montaña de las mariposas, 2000, entre muchos otros. Su obra ha recibido reconocimientos, entre ellos, el Premio Xavier Villaurrutia, en 1964. En 1997 recibió el Premio Roger Callois, por el conjunto de su obra poética y novelística. Dirigió los festivales internacionales de poesía de Michoacán, Morelia y Ciudad de México.

Última actualización: 28/06/2018