Festival Internacional de Poesía de Medellín

                        

   )Qué peso es
   el que lleva en la camisa
   este berroa *
   que se ha puesto
   la cabeza del revés?

   )Cómo piensa que va a encontrarse así
   en esta edad de partido y oficina?
   Y si viene y nos cuestiona
   sobre el mundo o sobre el aire,
   )qué le vamos a decir al pobre iluso?
   )Cómo indicarle que no debe preguntar
   si es que ya sabe?

   Y al venir y plantarse a nuestra vera
   con su olor a vino y carcajada,
   )por qué se rasca
   el corolario de la vida,
   llega tarde a sus reuniones,
   se olvida de pagar sus hipotecas,
   sus deudas surrealistas,
   y el abrazo que le debe a Lautréamont?

   Pequeño funcionario que imagina,
   no sabe este burócrata
   qué parte del horario sólo existe
   de la noche al esqueleto
   y cuál otra le podría
   dejar la mañana boquiabierta,
   temblando de rocío,
   como un dios que va a pecar.

* berroa = “pequeño zarzal en el campo” o también “el que quiere ser bueno” en lengua vasca.

 

ACID RAIN

 

   Me meto en esta orilla del terráqueo globo
   donde arguyen los que saben y especulan sobre el tiempo
   que el clima va templado.

   Indago alrededores:
   )Qué es esto digo
   si pregunto por el aire
   y me llegan hediondeces
   que transmutan y envenenan los sentidos
   o me quitan la flor de la memoria
   y al asfalto me lo ponen contra el pie
   contra la grama?

   )Dónde están las plantas
   el árbol de follaje
   que lechos producía para el agua?
   )Dónde el pájaro o el pasto?

   )Qué fue del caminante aquel
   que el hacha sobre el hombro
   anduvo investigando
   por dónde se llegaba a las raíces de esta lluvia
   que reduce lentamente
   el porvenir y mi pulmón?

   Ni encuentro al caminante
   ni puedo tocar el pasto sin herirme.
   Y en vez de los follajes y del agua
   sólo un ruido de motores que trae el viento
   y en vez de aquella brisa y el paisaje
   un vago olor a desperdicios y bencina
   herida gravemente la verdad por el político
   y calvo el pájaro.
 

 

¿QUÉ ES LO QUE QUIERE USTED QUE NO ENTENDEMOS?

Y después de la lluvia,
)qué viene?
)El agua?

)Qué viene después del trópico y el agua?
)La plaza?

Y de esta plaza en que contamos los días,
)adónde vamos?

No es bueno eso de soñar así
de tal manera
que el lecho nos resulte insuficiente
y se queden los demás hurgando
en la guía telefónica,
echando pestes contra el viento,
ocupados en saber cuál era nuestra fecha bautismal.
)Dónde habrá ido a parar el desgraciado?, se preguntan.
)Cómo es que no pudo decirnos
su código postal donde pudiéramos al menos
remitirle su epitafio
o preguntar por qué se fue?
¿Qué es lo que hay al otro lado del silencio
y si vale la pena preocuparse por vivir?

Siete horas de sueño       
son más que suficientes    
para olvidar
la lección de cada día:
el periódico, las viejas osamentas
y el acto tercero de la obra
en que nos besan el pecado
y nos preguntan,

)qué viene después del trópico y la lluvia,
detrás de la oración o la blasfemia?
)Estará Dios aconsejando bien a los humanos
que escupen contra el aire y se impacientan?
)De veras que sabe Ud. algo de Dios? )Es?

)De dioses, me decía?
Sólo sé que no entiendo bien
qué quieren de nosotros, si existimos.

En el resto estamos en paz:
yo aquí luchando también por llegar a mi estatura
y Dios allá
con sus macabros libros y su absurda trinidad
llenándole el caletre de ilusión
a mis colegas los humanos.

 

EL ANAFRE, LA TINAJA Y EL BASTÓN

Como tanto me escuece el corazón
le he quitado su pulsada
lo he sacado del chaleco en que me habita
y una vez amonestado
ha seguido allí tan sosegado
que no siento los detalles de la música que lleva.

Orden tengo
de no estarme en el empleo
abriéndole las mangas al perdido
buscando en los archivos de los días
                                                             carcajadas
que remeden el compás del existir
                                                         queriendo
componer para el que pasa
un ronquido
                     una mirada desde el pecho
un abrazo
                 un desahogo a media voz.

Ya sabe usted cómo pende el bienestar
de su peinado
                       el aseo
                                   las costumbres
y que el cliente es nuestra presa
y bien sabemos lo que quiere o va a aguantar.

Es preciso
que quien sirva en estos nobles menesteres
se rasure hasta el envés de las axilas
se abotone sus corruptas oquedades
rebusque de memoria en nuestro libro
y no se rasque ni se suene el embrión.
(¡Qué van a decir si no los parroquianos!)

Si quiere usted permanecer en nuestra nómina
conviene que sepa fríamente
                                                que el trabajo
bien pagado
nos separa de la piedra
                                      de la planta
                                                          el animal.

En fin
que todo se nos quiebra
porque olvidan los humanos
la parroquia
                     el documento
                                            su número de crianza
que le ofrecen la segura eternidad.

Por eso hoy
como todos los días en que arribo a mi jornada
he dejado el corazón en el garaje
lo he puesto en la trastienda
confundido en la antigualla

pequeñito

sin señal que lo distinga
del anafre
                 la tinaja
                               o el bastón.

 

 

UN NIÑO NO ES MÁS QUE UNA PALOMA CUANDO ANDA

Esas blancas alas
que vienen a posarse en el alero de la casa
a lo claro desafiando el leve
peso inconfundible
de la nieve interminable de estos días
y luego caminan con torpeza
y miran
a través de las ventanas,
se preguntan:
)cómo pueden los humanos
vivir allá adentro encarcelados,
sin nieve o lluvia en el invierno
sin verde y aire en el verano?

)Serán del mismo
tiempo o de la misma geografía
esos seres pequeñitos
que salen tan alegres a la calle
y bajan y suben las colinas
nevadas de los parques
y parecen imitarnos a nosotras,
las palomas, cuando andan?

CON RESPECTO A CIERTA ACTIVIDAD DE LAS PALOMAS

Desde Lincoln a Lenín,
de Bolívar a Zapata,
las estatuas de los héroes
masculinos de la tierra,
los matriotas,
profanadas están ya para siempre
con el gris inodoro que le adorna las cabezas.

Responsables de este ataque al templo varonil de nuestra patria
son las pacíficas palomas
que vindican -quieren hacernos creer que sin saberlo‑
el lugar que ocupan en el alma de la gente,
las inútiles estatuas levantadas por el hambre del político
al ilustre varón que le sirve de carnada.
Así le llenan a este pueblo la mollera
de babosas esperanzas y promesas incongruentes.

)No será eso lo que piensan las palomas
al venir y posarse sobre el cráneo de la estatua
y allí llevan a cabo cierta actividad que nos destruye
la idea que teníamos, tan sagrada, de los héroes de la patria?

 

CÓMO ADMINISTRAR
NUESTRA EXPULSIÓN DE LA INOCENCIA

Paso el tiempo tratando de entender
porqué tuvimos que salir
volando, ocultos tras la vergüenza
de nuestros genitales, las lágrimas
abriendo surcos en cada
hemisferio de nuestros sentimientos.
Y luego la rabieta aquella
de poner unos enormes
palomones con espadas
de fuego en cada puerta
de la Casa como si fuéramos
furtivos ladrones que iban a regresar
adonde se les habían negado
tantos primarios bienes:
inquirir,
             conocerse,
                               liberarnos
de las imposiciones de los dioses,
de su egoísmo, su ley, su tiranía.

Es verdad que lo que una vez
había sido tarea placentera,
llevaba ahora grados de dolor,
inexplicables lecciones categóricas
que rompían la armonía panfletaria
entre el lobo y el cordero,
entre el gato y su canario.
Grietas se habían abierto en nuestro estado,
difíciles fisuras
por donde entraba ahora a su placer
la brisa del bien, el ventarrón del mal
y dentro de nosotros porfiaban y reñían
haciendo en nuestra casa su morada.

Pero no le salió nada bien su maldición.
Aunque tengo las manos callosas
de tanto ordeñar la cabra, la ilusión,
mi risa estrepitosa y mis edades
para que me den su leche;
A pesar de que los dientes
se me han ido cayendo renegridos
de tanto morder las sombras
para que regrese pronto el otro día;
A pesar de que me he roto el tímpano
golpeando la piedra seca
para ver si se me ablanda el alma y la humedezco;
A pesar de que he tratado de herrar
todos mis sueños para poder lidiar con ellos,
quizá también para alcanzarlos;
A pesar de que los ojos me sucumben
al cansancio al llegar por fin
el final de la jornada;
A pesar de esto y de aquello y de todo,
vivo preñado de recuerdos,
habitado por todas las especies
de triunfos y fracasos,
de ríos, montes y palabras.
Ensayo mis vuelos en el aire
como si hubiera nacido
duende, ángel, astro sideral
y exploro los rincones más ocultos de la esfera
como si fuera pez o chispa de pasión,
como si fuera hormiga
que horada los ejes del planeta
y aparece en los antípodas con las antenas
erizadas para llevarle al otro lado
las buenas noticias del tiempo y de la edad,
de nuestro bienestar y malos ratos.
No le salió nada bien su maldición,
pues he tendido cada día
el jardín de mi nueva casa con cuidado
y he servido bien a la tierra en la que pazco,
contento con mi maldecida condición humana,
conviviendo a gusto con la serpiente y mis flaquezas.
Aunque tengo las rodillas doloridas
de inclinarme con fervor sobre los suelos
desmenuzando su dura superficie,        
he hecho crecer semillas que me han dado
sustento y protección,
eternas horas de brisa y armonía,
de luna a veces, de verso y amargura,
y el gozo de saber que todo,
absolutamente todo,
con mi propio esfuerzo lo he alcanzado.

 

GALLO DEL ALBA

Lo prendieron por exceso de futuro,
por la furia de su cresta distinguida,
por la vaina de su boca al hueso vivo,
por sus piernas indecentes y agrietadas
y el aplauso de la gleba enmudecida.

Lo prendieron porque aireaba con su canto
que el vacío de la noche terminaba,
que la luz de un llanto sobrio establecía
sus vibrantes espectros juveniles
en la piel de la mañana.

Lo prendieron por exceso de alegría,
por hacer que el hombre tienda a su estatura
y cruce a cada paso nuevos puentes,
y levante polvaredas de guitarras
sobre el musgo desprendido del camino.

Lo prendieron, ya se sabe, a todas horas,
le violaron su aparente inocencia florecida,
le mordieron sus bordes impacientes, su rocío,
mas tuvieron que dejarle repetir el hechizo de sentirse
pregonero de la aurora en el corral de las pestañas.

 

 

JERARQUÍAS

 

De los dones
el primero es el nacer
y vivir el primero de los bienes.

El deber fundamental del hombre es liberarse
y amar y ser amado la tarea
primordial de la existencia.

Al final,
subrayen, por favor, la novedad de esta ocurrencia,
morir con dignidad es su último deseo.

 

 

¿LA BOLSA O LA VIDA?

Cada poema de amor
es un poema de lucha;
cada poema de lucha
es un poema de amor.

En los dos,
queramos o no,
nos jugamos
la vida.

 

NO LE PARECE APROPIADO AL PARECER
EL MOTE DE SEGUNDÓN QUE LE HAN COLGADO

                            

Todos me han tenido siempre de segundo.
Sus intenciones claramente definidas,
me han mirado cuando menos de reojo,
sospechando de mí no sé qué cosas
-“engañan las apariencias,” dicen-
y me ponen en la lista de lo prescindible,
como si el vestido, el rostro, los modales,
sólo fueran ocasiones de un minuto
y el resto de la hora hubiera que entregárselo
a mi némesis, el Ser,
que nunca tuvo que hacer nada
para llegar a ser el hijo predilecto
del humano y sus asombros
(al menos así me lo parece).

Hubo sí ocasión fugaz,
débil esperanza de mi medro
-si hubieran visto qué alboroto
en el mundo desvirtuado de lo que aparenta-
cuando logró por fin Descartes señalar
-perdonen el empaque dieciochesco-
que el oficio del pensar mayéutico
estuviera por encima del Ser estático
o de la inanidad del Estar,
envés de su moneda.

Pensé yo entonces que el partero
de esta modernidad que desde entonces nos apremia,
amigo de reinas, algo galileante, y por ello
sospechado del romano tribunal, daría
otro salto en el método de examinar las apariencias,
haciendo vital la instancia de la idea
de que lo que aparece
puede también ser si yo lo pienso.

Pero el pobre se murió de frío relativo
en una cama nada cogitante de Estocolmo
y yo he tenido que seguir aquí de segundón,
acostumbrado a los axiomas
de la fe, de la filosofía, y deseando vivamente
que un músico quizás,
tal vez algún poeta del Índico o el Caribe,
me ponga en mi lugar, mejor,
espero, del que aquí me asigna Rei Berroa,
me saque oportunamente
de este estado segundino
del que estoy ya bien cansado
y me eleve a la condición
que me tengo, creo yo, bien merecida,
después de tanta espera.

 

NO PUEDO APARTAR LA VOZ DE CUANTO SUFRE

Por más que quiera la flor
no puede dominar el horizonte como el árbol.

Como aquél que tampoco
puede dejar la vida para luego,
que odiando comenzó todo lo oscuro
pues la luz deseaba hasta el cansancio.

Y sin embargo
la noche es un enorme corazón
que acurruca en sus alas
la sed, el hambre, el pasto del amor
y acumula en la pupila el apetito
de sus sueños, el silencio
de la claridad que nos descubre la alborada.

Hermoso y terrible es pensar
que tal vez sea mentira la esperanza.

Y sin embargo
no puedo evitar el silbo
vulnerado que penetra en mis entrañas.
Se me quiebra la sangre, en la misma
mitad de las palabras se me quiebra
y amanezco sin ganas de vivir
cuando contemplo el mundo que hemos hecho
a imagen y medida de los dueños de la muerte.

Lo siento Jochy, Ataol, Mariángeles, Omar,
lo siento, madre, camaradas todos
de las cuatro esquinas de la historia,
pido excusas de antemano,
pero, aunque lo intentara día y noche,
no podría, ni por un efímero momento,
apartar mi voz de los que sufren
sin alivio, sin consuelo, sin nada que esperar.

 

UTILIDADES DE LA RISA

Desde ques mar el agua,
desde ques tiempo el ahora
y desde ques también vida el sueño
con sus verticales coordenadas
de llanto y de ternura,
sus horizontales herramientas
de alivio y de dolor,
de lo real amarilleando
entre lo espeso y lo flüido,

la risa

ha puesto sus huevos en la arena
movediza de la lengua,
estruendosa se dispara por los huecos
bien abiertos de la boca y el gaznate,
arruga las esquinas de los ojos, los obliga
a prestarle atención al desahogo,
se hincha imprevisible en los carrillos,
en las narices del barro en el que estamos contenidos,
nos libera de la ira y del espasmo de la hora
y nos saca de los miedos en que quieren que vivamos
los que ostentan el poder y lo blanden
ante el ojo del votante o parroquiano.

Aunque dure solamente
unos minúsculos segundos destilados
a esta frágil existencia que parece interminable,
la conciencia de la risa
fortalece las paredes en que habita nuestro pulso,
nos ablanda el nervio adolorido de la angustia,
las terribles soledades que sufrimos a veces sin saberlo,
le quita máscaras al río crecido del orgullo,
nos descuajaringa, corta la ceguera irreductible
que marchita la flor del loto en la laguna
y a su modo nos lima sutilmente a los humanos,
todas las aristas del cuerpo y de la idea,
del tiempo y de las mañas que maneja cuando pasa.

Antídoto que limpia de inmundicias las arterias de la vida,
la etapa de la risa es señal inconfundible
de que es el hombre, no los hados o el omnipotente,
quien fabrica los telares de su propia humanidad.

 

Por ello, no hay que fiarse nunca de los dioses
que no quieren o no saben o no pueden reír o sonreír
aunque sólo sea por un breve instante iluminado.

Rei Berroa  nació en Gurabo, República Dominicana, en 1949. Autor de más de una veintena de libros entre los cuales hay libros de versos, antologías poéticas y estudios de crítica literaria. Destacamos: Otridades, 2010, Libro de los dones y los bienes, 2010, Libro de los fragmentos y otros poemas, 2007, Los otros, 1981, y Retazos para un traje de tierra, 1979.

Como crítico literario, ha publicado diversos artículos de pensamiento e investigación en libros y revistas especializadas de Europa y América. Entre estos libros, cabe mencionar: Poéticas de la maternidad: cuerpo que crece y nos fractura (en preparación para Monte Ávila, Caracas),  Aproximaciones a la literatura dominicana I (1930-1980) y II (1981-2008), Ideología y retórica: Las prosas de guerra de Miguel Hernández, 1988 y, en inglés, en colaboración con otros tres críticos: Literature of the Americas, 1988, volúmenes I y II. Recibió su doctorado en filosofía por la Universidad de Pittsburgh (1983) y desde 1984 enseña literatura contemporánea de España, Latinoamérica y el Caribe en George Mason University, Virginia. Ha sido el asesor literario del Teatro de la Luna de Arlington, Virginia, desde su fundación en 1991. Allí, con la dirección del Teatro, coordina desde 2001 el Maratón de la Poesía: dos días de festival poético con poetas de todo el mundo hispano. Ha publicado varias antologías de este Maratón: la del 2002 titulada: Poetas en la Casa de la Luna (México, 2004) en colaboración con Margarito Cuéllar; la del 2005: Voces y memorias de la Luna (Santo Domingo: 2006); la del 2007: Cauteloso engaño del sentido (Santo Domingo, 2007); la del 2008: ¿Cuándo has visto salir medio sol? (Santo Domingo, 2008) y la del 2009: El incierto mañana generoso (Santo Domingo, 2009). Fue uno de los fundadores de la revista Mundo de México en 1986 y de los grupos artísticos DC Poets Againts the War y Paraesolapalabra de Washington, DC., ambos opuestos a la acción bélica en el mundo. En el año 2005 fundó en el Centro para las Artes de Arlington, Virginia, un taller de mentoría y concurso bilingüe para poetas no publicados de toda la zona este de los Estados Unidos.

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