Festival Internacional de Poesía de Medellín

                        

NAUFRAGO EN LA NOCHE

            Para Gustavo Sierra


Esta historia de ser hombre
                                               se las trae con su pena
hombre solitario que en la espesa noche
lee a los poetas
y tras los escombros del insomnio
descifra el poder de esas desdichas
las fuerzas de esas derrotas
los signos de ese desconsuelo.
esta herida de ser hombre
me da sus golpes bajos
el roto abrazo – el desamor
                                   la intemperie- el olvido.

La eterna voz del hombre
                                   desde la tira del tiempo
recordándome que el amor
es una inmensa herida
                                   cerrada en falso.

 

 

LOS AÑOS MARAVILLOSOS


Para Jairo Aníbal Niño

Devolver la cinta perforada de la memoria
traspasar el umbral
y ver al niño que empieza a asombrarse
mientras abraza el árbol del patio
y cree que ese tronco
es la pata de un elefante
(de ese primer silencio, con el tiempo, nacería a las palabras).

Hoy recuerdo aquellos signos de la infancia
como quien mira un croquis de un país desconocido:
una legión de buques de papel
encallados  en el desagüe de mi calle
-atónito- mientras presenciaba cómo crecía
la cabellera de la hierba
o de cuando Dios trituraba alguna nube
y nos llenaba la casa de granizo.

Saber de la felicidad besando unas pecas y una trenza
y no cuando sus pies tocaron cielo jugando a la rayuela
en plena acera, mientras una locomotora anunciaba su parada
en la cocina de mi casa.

la infancia- esa alegría constante- ese amor por los delfines,
la aldabas, y la pandilla de balines que rompían mis bolsillos
(por esos días sabía de esperanzas
- ningún poema me había  roto el corazón)
y no sabíamos de ningún Salgari (el mar estaba lejos)
y en cambio jugábamos a los corsarios llenando la pozeta
y Mabel con su risa
era el más bello botín submarino;
la infancia – esa complicidad-
pues en los zótanos de las casas donde vivíamos
siempre la mano de una prima
como una lagartija
                                                           se deslizaba entre mis piernas
o el júbilo al día siguiente
cuando la tropa descubría que la arañas
remendaban los  huecos
                                               en el zarzo.

La revelación sagrada ocurría
mientras veía arder el fuego en el horno de leña                  
en la noche
donde padre horneaba el pan que vendería en la mañana
para los hospitales, para las guarderías,
                                                           para los ancianatos, para los manicomios.

Un poco el paraíso – la infancia-
una igual porción de infierno
pues ante la cita incumplida de aquella muchacha
-devino-
aquél sabor a moscatel barato
                                                           que me dejó la primera ausencia.
De la infancia el sonido de los truenos en la noche
la algarabía de los mercaderes
en la tarde del domingo
-la infancia- solo y feliz con el árbol del patio
sin comprender en el momento
que la soledad con el tiempo
                                                           ganaría mas terreno
se convertiría en un vasto continente.

la infancia: patria única
                                                           estancia verdadera.
Hoy que la nostalgia llega hasta mi puerta
con sus huesos quebrados
y se apoya en mí la pena…. Recordé la niñez
recogí los escombros de aquella casa deshabitada
y ante el espejo vi la cicatriz que no se borra
ese rastro que me sigue
                                   esa fiera que me acosa
                                                                       y lloro.


VIEJO MALETA


                                                                       Para Conrado mi padre (In memoriam)

El perfil adusto
que calca en mi memoria
el esmalte de la noche
es el rostro de mi padre
naúfrago sobreviviente
                        en las costas del olvido.
Hoy lo recuerdo
regalándome en la tarde dominical
en los años maravillosos de la  infancia
una ración solidaria
que luego no me alcanzaría
                                   para la larga semana de la vida.

 

 

BORGES


                                                           Para Álvaro Arenas E.

Un reloj llamado el Sahara
un reloj de arena negra
en desorden las piezas de ajedrez
en el tablero sin fondo
                                   del mediodía
Un sueño quizá
y tu en él sumergido
un viaje imaginario a itaca
un par de amores fortuitos
ulrika  quizá
y esa otra mujer ojerosa que llaman la noche.
Una música indescifrable que llaman tango
un dolor lento, rutinario
de sabernos solo sueño
y agradecer los dones
                                               y el misterio circular del tiempo,.
Un agradecimiento –el nuestro-
por dejarnos las palabras
y con ellas encontrar salida al laberinto
un miedo nuevo
al develarnos el secreto rigor
entre cábala y poesía
una tristeza nueva
el que te hayas ido
haciendo ahora eterno
                                   este amor inconfesable.

 

 

COMO EN UN SUEÑO

Ayer me he soñado
una ciudad distinta
sin la mirada esquiva
de ese hombre rencoroso
                                   que cruza a mi lado.
He soñado una ciudad distinta
sin el ruido a metralla en la noche
sin el hambre en las bocas en la mañana
sin tanto hombre torturado
                                   en la memoria de los diarios.
ayer me he soñado otra calle- otro aire- otra música
un nuevo aliento
                                   y un puñado de manos
encadenadas por el latido del amor.
Ayer la he soñado (a esa ciudad invisible)
y hoy al despertar
comprobar que era solo eso
solo un sueño lejano y luminoso
pues esta mañana el sol sale de nuevo
a secar el rojo sangre en las aceras
el santo y seña del hombre de nuestro tiempo
                                                                                  la huella de la bestia

 

MUJER QUE DESTILABA PENA

Tus palabras no me ayudan
tus vértigos producen miedo
no quisiera entrar en el laberinto
                                               y la demencia de tu noche
¡pero qué¡
si aprendimos a quererte
cantando a coro
la canción y el réquiem del silencio
-ven- te convoco a esta hora
Alejandra la llagada –la loca –la ebria –la ulcerada
descose por fin la telaraña de tus nervios
esa herida que te supura
los asuntos que te callas.
¿A dónde fue a parar el tranvía de tu confusión?
¿En qué estación perdida miras descender la noche
                                                                                   y su pavura?
-ven-
Aunque cuando mires el espejo
no halles tu verdadero rostro
aunque después de  este baile de máscaras
solo encontremos la ceniza
y la certeza antigua de saberte la mas sola.
Alejandra pizarnik: tus palabras nos dejaron
su huella indeleble sobre el pecho
nuestra canción y salmo para ir al combate:
que de la vida tendremos
mitad risa
mitad llando
            y alguna inmensa porción de olvido.

 

 

 

JATTIN


El disgustado de la estrechez  de la vida
Se siente esposado
En una celda grade
   Cual el mundo

Fernando Pessoa

 

Desde los  hierros de la celda
miro descender un cielo a goterones
en mi cara aflora la sonrisa
                                   de la desesperación
rueda de la fortuna
que nunca se detiene a contemplarme.
Estos truhanes con quienes  convivo
son lealmente amigos.
Estoy preso –adentro-
afuera
            promesas de un paraíso derrumbado.
La casa- prisión con barandas  es el mundo
castillo con sombras de todas las condiciones.
Soy un hombre
condenado a pagar el precio
del abominable monstruo
                                   de una estirpe oscura.
Cada noche me acuchilla
el fardo de la soledad
                                   y nada que llega la música.
Sobre mi desolación
miro caer la noche 
                        y sus barrotes.
Toda prisión es una estación desconocida:
el celador del día anuncia una llegada
el celador de la noche anuncia una partida.
Amanece.
sobre los muros mohosos de la prisión
avanza la primera ola  de la mañana
                                                           ha desertado mi sombra.             

 

 

CALLE DE LA NIÑEZ


Ayer visité el barrio de la infancia
y en la misma cuadra, de pie
el brazo derecho pegado al viejo poste
cerrados los ojos
pronuncié el antiguo
talismán de la alegría
                                   y salí a buscar a los amigos
uno, dos, tres, cuatro, cinco……..
                                               salgo
-por adelaida –por jota c. –por alicia –por piti.
Solo respondió
                        un eco de ausentes
una legión de fantasmas
que jamás volvió a salir
                                               del escondidijo.
En ese instante comprobé
                                               que para siempre los perdí.

 

 

LLANTO DE LA TIERRA
SONRISA DEL CIELO


Para Iván I Marías

¿A quién lanzar la pregunta
del por qué de mi nacimiento
en esta esquina del planeta?
¿A qué obstinada materia
le debo el agradecimiento
                                               devenir en hombre?
¿y quién levantó el andamio de mis huesos, de mi piel
                                                                                              de mis latidos
y ordenó el alfabeto de mi sangre?
A quién agradecer
 el sacramento ritual
del agua en mi garganta
mientras me alimento
                                   con las migajas verbales de los poetas.
A quien elevo una oración interna
por el negro jazz
que me empuja a otras visiones
-a otros reinos.
De dónde proviene la heráldica antigua
de este amor que me obsede?
y dónde dejo mi gratitud
por la casa donde
                        esta mujer cómplice o curandera
me protege entre sus alas
me sana del abatimiento
vuela sin escoba
y nivela la emoción de mi brújula.
A quién –sobre la epidermis del tiempo-
agradezco
que también soy silencio afuera
una muchedumbre de voces
                                               en el adentro
y otro día
coraza
donde rebotó uno que otro desencanto.
cómo dar gracias
vivir aturdido por el trotar de los astros
por la música insomne que sigue brotando del océano
y el código secreto de las estrellas
en que me  descifro fuego o viento.
Con qué pobres lágrimas
agradezco
que sigo cantándole al nuevo día
un por qué
quizá dolido
aún persiste
                        el rencor entre los hombres

 

 

LA MAGA DESNUDA


-Ah – jadear sobre ti como corcel espoleado
Mientras afuera el flujo y el
Reflujo del alba

J.M.Roca

Primero antes del ritual
está volando la música
para que la noche tenga
ese sabor a saxo bailador,
en esas llega tu saliva
y empieza a escalar el muro de mis arterias
después el agua milagrosa con que te envino
antes de soltar
                        el jaguar del delirio
                                               con que te olfateo.
Mi cuerpo ahora vaticina
la ofrenda de tu entrega.
Con mis ojos de tijera
                                   ya en el lecho
recorto tu silueta
que le robo al mapa de la noche
casi muerdo tu yugular que es un incendio
casi me sumerjo en el balanceo de tus senos
entonces mientras taladro tu quejido
me lanzo al peñasco
de tu vientre
para saborear la humedad de tus líquenes
la pelusa de tu musgo
mientras tu uñas
                        (esas otras fieras alimañas)
hacen su recorrido por mi espalda.
Sabía que en tu cuerpo
                        (esa otra concha marina)
me estabas escondiendo esta perla
que ahora brilla entre mis dientes.
Mujer de cera
tu cuerpo es la catedral de mi locura
ahora comprendo con lucidez
que si la densidad ilimitada
                                   del goce que le sigue
fuera perdurable siquiera media tarde
ya sería yo
                        ese Dios que me he soñado.
Mujer: cuando despierto a tu lado
soy el primer Adán
y tu desnudez
                        la palabra original
en la memoria del cuarto
después de amarte
la sensación
                        de haber asistido al paraíso.

 

Héctor Fagot  nació en Fredonia, Antioquia, en 1961. Perteneció al taller de escritores Fernando González, dirigido por Manuel Mejía Vallejo, en Otraparte, Envigado, y al taller de escritores de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, dirigido por el poeta  Jaime Jaramillo Escobar (X504). Ha trabajado para el Instituto Tecnológico Metropolitano  I.T.M  como instructor de panadería  y repostería en convenios interadministrativos con la Alcaldía de Medellín  y con el Banco Interamericano de Desarrollo  BID en el programa Jóvenes para el empleo y con el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario  INPEC en el programa “Reconstrucción del Tejido Social” en cárceles: Bellavista e Itagüí, aplicando pedagógicamente la enseñanza entre panadería y poesía. Trabajó para el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, España y Postugal “CERLALC” en el  Proyecto  Mil Maneras de Leer. En 2008 ganó el primer puesto en el concurso Departamental de Poesía “José Santos Soto” con el poemario  “Los años maravillosos”.

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