Festival Internacional de Poesía de Medellín

a veces el exilio
es un árbol abierto
en la imponderable noche.

y nada acecha
el largo camino
fuente del mirar

comienza como un hombre
multitudes al viento
la tierra exhausta
el grito arable

CANTO EN SEPTIEMBRE SOBRE EL ÍNDICO

 

hablo para el hombre sin muerte
en este país de cuerpo de mieses
y alguna sangre traída
de más allá de la frontera

en el más ardiente iris del Kalahari
donde cantaste con ojos secos
el Congo en cascada y Sanzala
desde el grito fuerte
de las espadas en Febrero

hablo de la bandera roja de tus versos
y un Pueblo en pie sobre el tiempo
Paul Robeson ahora en puestos serios
y un ápice de monzón dentro de los ojos
por ti
poeta colocado en la presidencia del amor

cierto es que Maiakoski te visitó
(el inexorable futurista es libre como tú)
en esa tierra de Octubre en Petrogrado de Luanda
donde dicen que moriste

certifica que te vi    comandante
en el agua hermana de dos océanos
y mirabas en la guerrilla común
las naves ya llenas de algas y azafrán antiguo
que hiciste naufragar

aquí juegan los niños
con sábanas encarnadas y tardes sin crepúsculo
y aquel poema tuyo a Emmer Till
lo traemos nosotros
en las venas enfurecidas de la memoria

cómo pensar en tu muerte
si está completo el rostro de la vida
y entibia la brecha húmeda del monte
nuestros cantos con pechos y Septiembre
insurrecto lenguaje del mundo

 

 

SAGA PARA ODA

 

es necesaria la distancia para llegar
donde el poema parte y reparte
con cenizas nocturnas y madrugada en las manos

es necesario el lugar que dona
la emoción azul de sangrar por dentro
con el pensamiento en la galaxia tierna del mirar

es necesario todo como existe muerte y flores
en la raíz al viento de los brazos enteros que se dieron
por un nombre una idea encarnada en los labios de la libertad

es necesario ver musgo y alegría hasta en las ijadas
de tu imagen estilizada deslizándose
y sorber agua en la exuberancia lustral de tus senos

es necesario la insurrecta soledad de algunos días
cuando los archipiélagos del ser dicen barco
y tus pasos indagan
y tímidos recorren el horizonte coral del silencio

es necesario inventarte porque existes
cuando los dioses descansan en las páginas de los libros
y lo real es la infinita medida del canto
como encender las luces al mediodía
y en el mayor sol de los pétalos abiertos
verter la savia navegando en la tierra

es necesario, mi amor, transitar el tiempo que nos dieron
suspendidos como estamos en los párpados del verano

 

***

mi palabra desnuda
idioma de tu cuerpo

¡aquí fundo la raíz
y el espacio
en este secreteado celo
tu monte azabache
abierto las mañanas
rociadas de nervio!

 

 

LA IMAGEN EN LA TERRAZA

 

Respiras, suspendido en el desván de las lajas,
con la pierna coja sellando los puentes de mi ciudad
la que no hay;

Y abres el compás, midiendo el impulso del salto
Y el arco por donde fluye el son acuífero
De las profanaciones geológicas del alma,
Las mil lascas de la descolorida flânerie
Por donde se extiende la imagen en la terraza.

Hela ahí, desencordando la oscuridad
Y los muchos metros del tiempo que falta
Para el terreno entre las márgenes,
la piel enrojeciendo y un algodón
el convulso
oponiendo su alada madeja
a la gravedad blanca de las cosas.

 

 

CINES

1
Antes de que dios lo encuadre
Y disponga la luz
No te olvides del espejo ampliando
Las ancas de la ragazza blonde;

Ella retoca sus labios
Y el cálamo se demora en la memoria,
Ondea el escenario, les rideaux rouges
Que se abren, oh my lovely
Mkulukumba;

Y si escribes el guión sobre la tela,
El viático para el tabaco
Y una historia del pensiero orientale
Para leer después;

Antes de que dios lo encuadre
y haga del espejo su sibilante
espacio off;

2
Conviene una tez apergaminada,
las manos callosas,
la polvareda y su brillo en el ángulo justo
donde el foco, a contrapelo, se aparte
en profundidad y en el campo
los rebaños se apacienten, silenciosos
bajo los olivos;

la silla de lona no es lugar
ni Él, prismático,
demoraría la oscilación de la lente
hacia el esplendoroso incendio.

Porque todos los ángulos son suyos
Y el instante es mudo.

Ninguna palabra todavía
Donde sólo las dunas gravitan la feérica rotación
Granular, el peso y el viento.

Falta el río y a lo lejos
Es el universo que se condensa
Cuando el barco barro entreabre el velamen
De estrellas, la curva oponible
Sobre lo externo, jadeantemente húmedo
Emergiendo de las aguas.

 

LA ELEGANCIA DE LAS CENIZAS

 

Nada que el jabón resuelva u otras libaciones
Coreográficas y muy desnuda
Incluso si en isla,
Sus relieves, el agua, el sedoso matorral,
O coronada de limos;

¿Verde pendular movimiento de qué extasiado monzón
Si la elegancia de las cenizas deposita
Sobre las casas la rasa gravedad del vuelo
Y ningún ala?

 

SOLAR

 

Gato arbóreo y largo
el pez-buey

Y la eyaculación de las flores

 

COLLAGE

 

Una jirafa con conchas
en el pescuezo
Los labios en los ramos altos

Roen

Y los espinos macerados
Conceden a la sabana
El dorso crepuscular
En que se cierra.

 

EL CÍRCULO


A la memoria de mi padre

Y si no existiera el invierno, escuálida blancura
Pendiendo de los árboles,
Su seca respiración posando, sostenida;

Si el ritmo de las estaciones reverberase en las aguas
Lo que en ti fue tumulto, el color en si bemol
Del higo, matiz de verde sobre el oro
Del declive inclinándose en la bahía,

Y un pájaro se entrometiera en la inmovilidad
En que flotas, lira que te humedeciera la piel escamada
Y el largo círculo donde vas recogiendo
La voz,

Donde presiento, grave, todos los trayectos del silencio,
Lo que en ti fue música y regresa por los mismos
Nocturnos caminos donde la plaza se suspende
Y el tiempo se disipó,

—deslizante, entumecida, sólo la hoja
y de la luz lo que la celosía fracciona, sombra
textuándose en el apacible enlosado—

Si tal no fuera y la línea entre continentes,
Levemente deshaciéndose en tu cuerpo,
Y la mano que un día se abrió y ahora
Posa el último temblor sobre la sábana,

Y tu silencio, tu silencio, donde
Florecen, sangrientas, las acacias de la Calle de Lidemburgo
Y Lagos se estremece de azul y punza
Una soledad ática y un toro se recoge
En el laberinto de la aorta que infla,

La boca, tu boca y tu silencio
Y no más ya la pregunta, ninguna,
Y tu pasmo y el de las estrellas, con levedad
La cisterna lenta sumergiéndote el rostro,

Por la tarde donde camino,
Y la piedra se inscribe en el sol que nieva.

LENGUA

Que lo importante era el alejandrino,
Dos cascos a galope curvando el verso,

¿Y del sarampión el solo recuerdo
De la escarlata luz alrededor zumbando
O
La clausura del tiempo
en Constança?

Y salió Ella del Tajo a la aventura
Y tras la vela inflada. ¡Begonias!
Y la panza.

¿Hace esto un himno
Magno caballero ultramarino?

 

BY THE WAY

Permanecieron ellos en la ciudad
uno con tijeras podando los arbustos
el otro sentado

La vieja que pasa es temblorosa
Agachada
ni siquiera recuerda cuándo y si el muerto
cayó del árbol

Las hojas se revuelven al primer soplo
y Dios despaciosamente acecha
—¡estas gradas cansan!
¿Y por qué no una catedral
Azul?—
 
Una sombra vaga escondida en la hierba
Y hay ofrendas de Tiempo

Si descienden hasta el muelle
contemplarán al ángel volador
sus axilas de nafta
—no noche, ni espesa,
el templete subió en silencio en espiral
y el hierro forjado cae todavía
aplastando los arbustos—

De los carros del antiguo eléctrico
falta la mano que los rescate
encurve
aunque los ejes se deslicen
y las cestas goteen la sal
de la víspera

de cuando el mundo
o tal vez la mafurreira ancha
deglutiendo el fragor de las batallas

y un paño alrededor
humedecido
todo muy cercano al suelo
altar

AL-GHARB

 

Por el lagar de la noche
Se estremecen los almendros

Corre en el aire un tropel furtivo
Sus paños de aceite
Y madejas de sangre en la corola
De las mujeres

Sólo ella lívida de azul y oro
Ave del mundo

Y la madre diurna
Boca a boca multiplicada

 

DERIVACIÓN DE LOS PECES

 

Poco más tenemos de lo que somos
Y tememos
De lo irrelevante de tenerlo:
Un hilo de cuerpo el
Agua.

Timbra la plomada
Y hay péndulo
De azul anzuelo
¡entelequias!

Báquicas escamas
Antes,
Demoradas casas
Después.

 

ELEGÍA CARNÍVORA

 

porque envoltorio de carne nos hacen
desatado en la noche, aullido de sangre
entre las sombras de dios, inerte,
en el asfalto porque es noche —y ahora
ya no dormimos el sueño de los perros—,
regresamos, pocos, entre las sombras
de dios, en Tsalala un nombre.
A la una de la madrugada somos dios
azotando sobre los perfiles de las casas,
de las frentes latiendo vuelos de extenuados
pájaros y golpeamos en el poema. ¡Abran!
ya no morimos en las manos jugando
del niño de dos años de edad.
Se asesinó para no ser hombre ni dios,
ni preguntas de vuelos augurando
metafísicas inútiles en la ascensión de domingo,
a la una de la madrugada.

Madre, quiero un barco verde con risas
y un río dentro de los huesos y un asfalto
de carne, limpia, sin sombras de dios
o la noche en la boca, ¡Madre!

Golpeamos. Abran los estadios magníficos
de todos los orificios. Escúpannos
el fuego que mata. ¡Abran!
A la una de la madrugada, dios mío.
Tan pocos al sur, limpios y lejos
del país de los hiperbóreos. Tan ya sin nada
y un amplio corazón de ideas
pudriéndose en las verijas cortadas.
Al perdido jadear nuestro que perdimos,
Matrisuicidas de dios en la basura
con marginales videos estilizándonos
en eléctricas llagas de arco iris,
regresamos. ¡Dennos los pulmones contrabandeados
en Tsalala, los polanulantes espasmos
después de las plazas en discursos
nupciales sobre la encía de los días!
¡Exigimos todo: las vísceras mismas del viento;
el enmarañado bíblico libro en pelambres
de centelleantes salmos abiertos, y los vómitos
de dios y miedo y rabia y sangre y perros
y los tartamudos abortos muertos, oh dios mío
vagina nocturna madre, el desfile guerrero deslizándose
entre las bayonetas del delirio a la espera!
A la una de la madrugada, mi país de envoltorio,
ametrallada carne de este poema.

Silencio. Abrazo un cuerpo agónico
de palabras intermitentes, asesinadas.
Miren los intestinos de todos los dioses
ahorcándonos. ¿De qué olor a mierda nos marcaron
la noche original? ¿En qué sótanos el negro
de animales antiguos? ¿Dónde se ahogaron
las mafurreiras? ¿Quién de entre nosotros se solloza
en Tsalala a sí mismo un nombre? ¿Quiénes volvimos?
A la una de la madrugada, dios mío.
Este el morral de escroto; los hombros hartos
de transportar el mundo; los rimados sones
en cuentos de hienas; la hemorragia del miedo
en los ojos de caña; la memoria de la tierra
sorbiéndose en las aortas vengadas.
Dios mío de nosotros, ¿por qué volvemos sin el niño
de dos años de edad? Que no era envoltorio
para vagar entre las venas de un cielo de hierro,
no sólo carne del poema devorándose en grito.
A la una de la madrugada. Vidrillan
o grillos por sobre las flores
esta noche de la noche del silencio,
porque regresamos, aullido de aullido
del multiplicado súcubo que no siendo
somos y nos parió.

Todos los poemas fueron fusilados.

 

ELEGÍA DEL NILO

 

Azul y blanco y el dios cocodrilo en la orilla
Ante las ruinas de Karnak,
subes, visto desde aquí, de las aguas oscuras
Donde Ogum vertió sus lágrimas y cantó
El sulco viajero, persistente y duro caminante
Del sur al norte sobre las arenas, rasgando la voluble piel
De los dioses.

Reyes y templos, en tus orillas ordenaron el mundo
Entre cada ciclo solar, suspendidos del fin;
Y alabo la ciudad de los que partieron, el flujo de la piedra
que aún sostiene la geometría de lo eterno
emergiendo de tu indiferencia; Tú, que escondes los gatos
inmóviles y los sabes para siempre espíritus sueltos, erizados; y te deleitas,
viéndolos en la ronda de los dibujos enigmáticos, anidándose junto a los
Sargófagos que Te sobrepasan, como si tu lecho derramado
Hubiera erguido, de la soledad granular, el perfil oblongo
De la cabeza de Nefertiti y Te deshicieras en la belleza efímera
De los esponsales de la Carne;

La materia perecedera que las ánforas guardan, vigilan,
Nosotros que perdimos el divino sello de las libaciones inaugurales y
                                                                                       salmodiamos,
En el miedo litúrgico de la palabra olvidada, el simulacro del Libro
Y la salvación de los muertos;
¡Lo que subía de ellos, extirpadas las vísceras, iluminados por el oro y el agua
De la que eras substancia!

Descendieron las noches y el desmundo bebió en tus orillas
Mientras Tú cantabas y era de ti el canto
Moldeando la forma, lacerando las ciudades e irguiéndolas,
Con nuestros pies descalzos sobre la hierba, encogidos
Y breves, una inscripción de sangre diluyéndose
Hasta el mar.

 

LA TINIEBLA ANTERIOR

 

Yo vi la máquina fuera del mundo un brillo ácido arterial
casco a casco
la máquina piedra
multipulida
y no obstante informe

la máquina emergiendo de la soledad de los ojos
lacerando la frente de imaginarla

la máquina después de las manos
mientras Ella apacentaba las formas
y el túrgido girar del vientre

***


Huevo
expandiéndose en el tiempo
sulfúrico

Y decirse péndulo ergo una imagen
y devorante es lo no sentido
y temo por los ojos vertiendo su río
hasta la ceguera de Donde

Contra el muro
y enmudezco

que antes de las aguas Era
la Tiniebla Anterior

 

***

Y ni Huevo o Máquina

la primera ejecución
Dígola

Toda la Luz sollozando
en su filo

Y la concentrada materia
escindiéndose

Negra
Nata antes de las formas
pues es hacia dentro del cuerpo donde se precipita
la palabra
y nos descuartizamos alucinados
bajo lo indecible

***


Yo vi la máquina
inclinada jarra sin eje
rueda escarpada lacerando los músculos
antes de la luz
convulsionada

era en el Abismo sin letras
y el soplo Único

 

***

Si en el desierto un grano espolea el viento
y las crines azotan
la piel

que el viajero escarbe su canto
en el cóncavo de la sed

y deliren los huesos en su brillo
lívido

rostro esencial o sólo galope voraz
cayendo entre espacios
agónico cúbito enumerando intervalos

Arquitectura yacente

 

***

Alta noche
después de la tiniebla anterior
yo vi la máquina

la máquina prótesis
epigramática

y mi canto tenía la tensión de un arco
y cada grito era una flecha
 

 

Traducciones de Elkin Obregón

Luís Carlos Patraquim  nació en Lourenço Marques, Mozambique, en 1953. Poeta, periodista y dramaturgo. Colaborador del periódico  A Voz de Moçambique, miembro del núcleo fundador da la Agencia de Información de Mozambique y del Instituto Nacional de Cine. Desde 1986 residente en Portugal, colabora en la prensa mozambicana y portuguesa. Obra poética: Monção, 1980; A Inadiável Viagem, 1985; Vinte e tal novas formulações e uma elegia carnívora, 1992; Mariscando Luas, con Chichorro y Ana Mafalda Leite, 1992; Lidemburgo Blues, 1997; O Osso Côncavo, 2005; Pneuma, 2009; O Escuro Anterior, 2010. Premio Nacional de Poesía de Mozambique, 1995. Obra dramatúrgica: Karingana Wa Karingana; Vim te Buscar; No Estaleiro Geral; Tremores Íntimos Anónimos.

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