Festival Internacional de Poesía de Medellín

                        

EL SIGNO DE LA SERPIENTE  

 

"Yo soy la serpiente, casi invisible en su celda de vidrio/ en el rincón más sombrío del parque,
/ajena a la curiosidad que apenas despierta,/ajena a los intereses de la tierra, su madrastra;/
yo soy ese insensibleamante de sí mismo/que duerme con astucia, mientras todo despierta
.
Enrique Lihn

Mi ojo monta tu ojo desde la nada y un signo.

Cuerpos del engaño ambos:
                                                y tú
                                                     un constante remiendo.

Una marca se hunde en lepras.

El horizonte es una línea implacable.

No es fácil ir tras tu rastro y agarrar por el hilo la cometa.

Eres un verso escrito de día con cantos de medianoche.
        Una noche de barcos que palpa la carne.
        Una mirada bajo un cielo negro de cuervos.
        Un rapaz vigilante cuando la arbolada.
Eres un verso que habla desde un pulso en el pantano.
        Una jornada que brilla y atestigua.
        Una búsqueda entrampada en sus celos.

Hay un conjuro de pájara y una atracción sobre la muerte primera
y  es lenta y sostenida
esta
el ala con que acosas al diente ciudadano.
Hay un pie en la cuenca del otro.
Hay un espejo anudado a tu rasgo facial
y otro más en los anversos de tu testa medalla
y en tu conciencia de bestia sentada y cierta entre esas tapas de libro
y en el cómo de tu mano que atrapa un pétalo carnoso al vuelo.

Hay
Lihn Enrique
un tú
harto cerca del hastío edénico.

 

ABUELA

No erguí mis pies más allá del fantasma de tu cuerpo.
Una carne blanca sobre una blanca cama de colchón inclinado.
Baila la presencia de tu aura sobre un almohadón ajado.
Tu esqueleto es esplendoroso 
y tu sonrisa o boca aplastada esconde un castañeteo constante.
Hueso antiguo con hueso antiguo pegados en la articulación.
Pendo
pendes
penderás para siempre de un deseo entero mío
y carne serás en ellos que por fuerza vendrán
en el fragor ay de estas vidas que vuelven a ser aquí y ahora
después de los despueses  hambrientos de la lombriz
que huye y sin salida por el angosto túnel que le deparó el destino.

Qué ángel comunicante puedo encontrar
qué saldo a crédito para mí
abuela
abuela tan abuela de carne en mi regazo tibio
tenida por propia en ese cuarto ahora sólo blanco
y las sábanas estiradísimas para evitar la llaga 
y la comida mascada mil veces en boca de pajarillo para entrar a la tuya
y la encía roja que impone cautela obligada
en el desierto sin sombras que es el silencio de tu boca
porque aunque las palabras se te escondieron para siempre
sé que gritas
y porque también el ojo te huye como un criminal a la justicia
es que no hay tropiezo que valga ante esa luz que escapa a los otros
y tus oídos dormidos escuchan, por qué no, el zumbido de las moscas
y las palabras solícitas e inútiles con las que te envuelven el día
porque intocable princesa
al fin habitas tu isla querida
y eres
la más importante.

Carcasa y capullo vacío
a la deriva sobre un tablón que te sostiene el aire
que aquí en tu cuerpo ya no estás ni volverás,
ni tus hombros serán bajo la mañanita vaporosa y tejida
y aunque ausente y capitana en desuso
veo en tu puño derecho y apretado
la rabia latiendo por derrumbar al primer impertinente
y nada en el aire
y nada en la nada
y locuras de pequeñas vueltas
porque bien viviste desencajada
en otro lado
con el pie en el silencio y presto en el vano de tu puerta
por si imperioso fuese armar una maleta.

Y escucho tu palabra silente:
aunque me nieguen las veces que me nieguen
hablo la lengua
soy la lengua
y me orgullo del culto
porque hice a una que hizo a dos que hicieron a siete
y a todos conocí.

 

MARINA T.

Ese tu ronco que pensé para mí
bosque y verdejo 
se me huye  espléndido entrando en la incógnita
y conozco en el pozo azulado de tu boca
al rosado brote que te puja por nacer.
Es tan tu tan cansada piel, Marina T.
que si abro la palabra al alarido de tu duenda salvaje
no soy sino enjambre atrapado
entre la tiritera de fríos sudorosos que teje el aire.
Marina T., te marino yo en tu calvario
y te limpio del moquillo la tristeza de los barrancos
que cual collar de perlas sin cultivo
cuelga lo tuyo una vez y antaño 
en un hilado de cuentas también rosario de tu historia.
Cada horror  una chispa que hiere el ojo
un lamento
un verso con sangre en la pluma
por si acaso                          
por si alguien no cree en tu delicado trazo
como si feliz no pudiese ser la desgracia
como si escrito no estuviese que el camino no se elige
aunque se vea
ya sabes
con hueso y mano
y abisal en suspiros y temblor.
¿Qué sé yo de ese vasto paular que te embadurna
de tu libreta de sombras para ser leídas
y de tu Rilke y tu Pasternak y tu Ajmatova
y de la traición de tus hombres
y de la marea de hijos en el horizonte trisado
navegando tú y sin fin la tormenta de las apariciones?
Fantasmas, Marina T., fantasmas
entre tanta rama torcida y tronco milenario.
Tú, que sólo quisiste enterrar los pies en fértil limo
volar lejos y a horcajadas sobre algún verso predilecto
ayer del aire desciendes una y otra vez
y bebes los jugos infestos del bicherío
que hoy sorbo de tus manos para mi sacio.
Grito y sepultura por siempre
cristalina impertérrita entre las aguas
dulce hora dulce, húmeda y salada
austero cántico y penetrante
hielos aguijonados del recuerdo.
Recojo tu misterio y voy por la lectura de tus páginas
porque en ellas veo a tu cuerpo amortajado en vida
y al muñón de tu aire en pena agazapado en los rincones.

Letra tu patria
Marina T.
y una dulzura de infancia
en tus ojos entierrados en abismo.

 

BOQUEO

 

Aire
aire para vivir
dijo      
y dio palmadas
e inhaló mierda
y sollozó
lamió su primer vagido
y luego otro 
y otro más
hasta que la vida le movió el piso de los ojos
los pies
las uñas y
bailó
bailó boqueando por aire
hasta que ay -
yay-yay
la Violeta no quiso más
vino y se negó
al aire se negó
porque sin cariño
dijo
no hay aire que valga
y
un agujero en su cuerpo se plantó 
un querer queriendo se hizo
quiso
no más respirar en la vida
y el águila abandonóle el alma
hasta posar sus dos garras en el aire
aire de cielo rojo y plateado
avión de carne y hueso
arrebujado en celeste vaina
con su gracia Violeta entre las alas
y luego ay -
yay-yay
el suspiro
la negación del aire
aire
aire con veneno para respirar
y el sueño en jaula de oro
y el firmamento azulado tan sólo a veces
pero es más
es peor
porque gris el aire nutre hospitales
invade niños que ni llorar pueden
puro Chile en el tinglado
boqueando como peces botados por la ola
congrios calcinados sobre la playa caliente
público ávido y tibio en las butacas
ávido en el teatro
resuello de trompetas
de trombones/flautas/saxos/traversas
sentado, mullido en el aplauso entusiasta
atento
platea alta y baja
igualado por el oxígeno tan democrático
sorben
sorben un aire expulsado hasta sus tan rosadas orejas
ay -
suspiran ternuras
recuerdos
emociones temblorosas
y el gas gotea
gotea de oreja en nariz
de nariz en pulmón
hasta que atroz y tronante
un silencio invade la grieta
y en pleno Moscú
en el invernal y hermoso del Kremlin
boquean
boquean otra vez los cuerpos
bregan
bregan por restos de aire
vida
mi vida amada
mi amada vida
porque aún no acabo de mascar la marraqueta
e irme
y desertar no quiero
bajarme no del tren no puedo
mas el aire se tiñe con intereses
y el yo no vale
no sirve
es número más o número menos
y cuántos
cuántos hay que son tú
que son yo
y esos otros tan ellos
tan humanos
tan despojo de sí mismos
desnudos en la cámara
aullantes en la cámara de gas
desnudos
vergonzados
desnudos
desnudos y vivos
patalean
se apisonan unos a otros
boquean
boquean elegidos los congrios
blancos/negros/colorados
unos sobre otros en pilas
abajo los viejos sin aire
los niños encima sin aire
sin aire las mujeres más arriba
y sobre
sobre toda la humana carroña anfibia
esos
los más fuertes, musculosos y en salud
boquean
boquean sin aire
buscan
gritan
susurran por aire
aire
aire
aire que ya no veo
qué
qué
que me muero
dónde
dónde si no respiro entre el humo
no huelo
no huelo el desecho que somos
la basura hasta el cogote no siento
aire había
aire de peces había
aire de aves
aire para ser de carne
dónde 
dónde para bailar
para enamorar dónde
y el clamor de las manitas
el clamor por el espejo
por un último respiro en la imagen
por saber la muerte cierta
antes
antes de                  a.......ban.......do.......nar.

 

EL HOMBRE NUEVO  O UN COMENTARIO SOBRE EL ARTE EN CHILE

                                      
                                                          Homenaje a Neruda

 

“Llegó el hombre.  Tal vez llenaron
su miseria de pálido extraviado
del desierto,…”* tal vez con intención pequeña
como nos pasa ahora amigo
vamos de la caricia del árbol a la mano en el bolsillo
del animal al estómago fino
en un todo ‘instant’
en un para uno las sopas
la mano afuera y el dedo
adentro el motor y el para qué
ahorro del tiempo
y eficiencia para enarbolar triunfos
aquí
en este redil
en este nuestro nido a mucha honra
y tan parecido a otros en el saqueo
en la nacional  pobreza que viste ropa americana
y en el galardón de la poeta y el poeta
cuando el discurso es emprendedor y revienta feliz
y la prima materia es precio de exportación
y más nacional es nuestro arte cuando más lejos rompe la frontera
y seguro es el anonimato en cara deslavada y triste.

¡Ay, la muletilla y el enlatado producto duradero!
Todo es venta. También las carreteras, el oxígeno que sobrevive,
los bebés sin nombre y el río y las rocas preñadas.
Para eso las vitrinas, las vistosas vitrinas
y entonces vengan, escuchen, miren 
pasen los turistas y ciudadanos y niños de Chile
la casa número cuatro del poeta abre sus puertas
el dolor de los desaparecidos se erige en monumento
ARBEIT MACHT FREI dice el campo concentrado y te acoge
respire 
súbase
súbase al potro le digo que no hace nada
somos  bellos y comandamos el mundo
no quiero feos, maltrechos, babosos e indigentes
no los quiero de mal pensar
sean cultos y traguen el envasado artefacto parlante
digan
te ví en la tele
genial
no olvidemos la página social
el homenaje y el discurso.
Te suplico huachito
no soñemos por escrito
por favorcito
te lo pido
papito.

El mundo era tan citado cuando entonces
y ahora
todo es nuevo siempre
y sólo se compara al césped del vecino
tan en vista y sin atrás
que aquí están tus versos

y nadie tiene ojos.
 

 

                *  del canto XX “Las aves maltratadas” del canto XIV “Gran Océano” del CANTO GENERAL

 

 

RETRASO DEL EXTERMINIO

Ahora
que con imágenes armo un pasado
es que inenarrable
se me yergue un callado de voces.

Esta peona mía decisión
coloca en jaque un amanecer
y se huele oliendo un cuidado
una mucha cautela al abrir la boca
y lanzar el ojo hacia atrás.
 
Cómo construir entonces un cuerpo
con qué carne y qué manos
cuando sucia es jabón la caricia
y ocupa el tiempo en lavar sangre de otros
con un dedo en el verdor
y otro
embadurnado en el carmesí de la carne.
Ya absueltos 
dicen del trueno áfono y la mentira del ojo ciego en el suyo abierto
que inmerso en la música enmarchada que con afán avanza
ataca y lude a los carne de cañón
esa rama carniza de Celán el poeta
que en intento gestual por salvar un habla
traba su vida y se encarama por el umlaut
hasta dictarle al verso la ardicia
y enquistársele la joroba tan pesada bajo el hombro
y los silencios peso muerto de túmulos en boca
para  excomunicado restarle el deseo 
con ese modo tartamudo con que el dolor se le adhiere
con aire
con aliento todavía y a pesar suyo.
Ya gotea el sudor de las lágrimas con las que no puede
y gatea entre los restos perplejos de la destrucción.

Qué le dan
con qué vive dices
dónde
ahora
ahora que todo es rojo
rojo
rojo y albo
y el habla no aprovecha
y el ahora es solo ayer para él y para mí
digo y vuelvo a decir
y escarbo entre las fotos
y pataleo en aguas que se me vienen
e inundo el plano que me afirma
porque así no sé
ni puedo saber.

Hurgo
hurgo y monto
instalo este algo que me derrumba ahora
en un uno a uno de ladrillos faraónicos
en cada lágrima que abrazo 
que éste
este es el silencio

y retrasa el exterminio.

 

OLVIDO

En esa mi pequeña torsión de cuerpo
vi llamas lamer su carne huidiza
vi cómo ciega arrojaba sentidos
cómo tomaba el número para dárselo a otra
posta
interminable posta de cadáveres vivos
cómo el pelo
las muelas
esa
mi piel de uso eficiente
y también el cuento del velo
de cómo caía
de las trampas
del follaje dicen sostén
y de en cómo hallé mi fuerte miedo.

Es así
y encuentro cauce en el retorno
en persecuciones de olvido y huevo
hasta que plena de sangre fresca
arropada
en sed y flor abierta de vampiro 
le profano la oscura boca
el acecho azul 
la tiniebla
los jadeos tras la esquina
y muertos los veo
muertos muertos de placer
con un ojo fijo en aquesa extrañísima misión:

eternidad dizque hay.

Un cuchillo perfora la espalda.

Atorrante y ya sin duda:
que estando Dios de su lado
es cajón caído pues
y del decir popular
que del mío
no ha de estar.

 

 

EN LA HUELLA DE LA MARCHA FORZADA

Nunca tan rampante aquel tu barón
Italo veedor
ni tan alto en la copa anidando gorrión.
Nunca tan visor
de mirar presente y tenaz
en cumbres altísimas
a hombre de tránsito quizás a dónde
y a mujer de preñez en verde
en la común canasta de panes y hambres.
Nunca tanto esfuerzo tan alto
sin ton ni azul en la copa.
Nada cambia
aunque trate y entuerte.
No hay modifico en el destino feroz
ni en la marca de la bestia
que dos ambos del mismo abrevadero sorben
el sabor agraz de la sangre turbia.

No
no hay pero ni cómo que valga
en ésta
la marcha forzada
en dirección y directa
al concurrido matadero.

 

 

DE LO HUMANO

Reina en solo la muerte azul.
Una araña viste a la mano con guante fino.

La mirada perfora más allá del ladrillo faraónico
y/o a sus esclavas petulantes ya casi y cubiertas de oro
o al verre
a las siervas mugrientas de la Potosí  plateada
o peor
en las negruras de la entraña carbonífera
o/y también
en la danza de los diamantes, zafiros y rubíes
y a la mujer ceniza en las santas hogueras eclesiásticas
y a las apedreadas de la plaza central de Kabul
y a las martirizadas con ratas de cloaca en Villa Grimaldi
o a los hombres asados al rojo en parrilla macabra
y/o enterrados hasta la testa para banquete de hormigas vietnamitas
y en los estira somieres alongados hasta la quebrazón
y en los fuegos alados que arrasan muchedumbres
y en los explosivos que desperdigan miembros en territorios de nadie
y en el indeleble cromosoma que distorsiona generaciones.
¡Ay!,  me doy contra la pared 
y es que me da por pensar en cuándo 
en cómo
en cómo da una vida para contemplar bellezas de ala trizada
o gotas que se desmiembran en colores en un cielo cubierto de nubes
o para mirar pausados y en embeleso el ensimismado azul de una mosca
o el verde de una lombriz que anuncia el ciclo
o el rojo de una sangre menstrual
o/y el beso voraz de dos bocas
y también el temblor de un abrazo
y el ardor de una breva partida
o el jugo de un trozo de sandía
o/y el dulce sonido de la cuerda de un bajo
y el llanto primoroso de un niño nuevo.

Sea así me digo
y nos toque algo bello por gracia del hombre
y basten  ya las matahambres para ser satisfechos
en los límites de este territorio.

 

los poemas anteriores pertenecen al libro POR GRACIA DE HOMBRE, Editorial LOM, Stgo. 2008

 

en valle de oro I

 

Entra a Valle de Oro y aligera su ansiedad.
Saluda.
Brinda.
Busca un maná que le sea sustancioso.

Escarba con ira la oscuridad.

La vida apenas alumbra.
Aurea y dentro del valle
brilla la posesión de  miserias.

En Valle de Oro una jaula se balancea
en las ramadas en flor de un jacarandá.

 
II

En posesión de esta miseria
en esta costura  que se prende del valle
ve la muerte ominosa a destiempo.
Sabe del fuego entonces genuino.
Ve la espera del nunca llegado.

Ve quebrarse los platos
uno
a
uno.
Ve a la muerte rondar corpulenta tras un mesón.
Ve a la muerte servida en bandeja de lata.
Ve como rápida
furtivamente
la muerte quema los labios.

No es habida la conversación gratuita.

Valle de Oro sufre una remodelación.
Valle de Oro abre sus piernas
y acoge con neo-eficiencia nuestro tigre desamparo.

 

III

Ahora ve como yace el oro entre los montes del  cuerpo abierto.
Ve como penetra el conquistador con sueño dorado.
Lo mira bajar encabalgado desde el alto
y arrasar todísimo con su firma señorial.
Ve como sangran las piernas extendidas del valle.
Como sangran oro rojo desde el lagrimal.

Su cuerpo estático observa el valle.
Aquí supuran lentas las heridas de amargura
la raíz profunda y  las dudas agrias
y cuajan en quimeras de sostenida traición.
Su imagen se sobrepone a la del conquistador.
Tiembla.
No sabe cómo eludir el peso de la vergüenza.

Sobre la montaña que protege el valle
brilla en lejos una luna que codician.

En Valle de Oro hay guarda de  evidencias.
En Valle de Oro hay intervención de tribunales.
En Valle de Oro hay justicia en la medida de lo posible.

Y en la eternidad de su tiempo
yace el oro en un cuerpo ya para siempre abierto.

 

 

pertenencia

 

Antiguo el valle donde gira un molino.
El recto camina su orgullo en la tierra.
Hay recuerdos cocidos al ala de un ave
y abundan
en medio del paso desarticulado de un reloj.
Una mujer lava su pelo y lo seca al sol.
Un niño juega con piedras y apuesta a ganador.
Un ojo se detiene en el color de una montaña:
es entero el deseo que se sostiene en el tiempo.
El viaje es sólo una sospecha incandescente.
Cae la añoranza sobre una ciudad mítica
donde las casas sean eternas y se hereden.
A nadie molesta la falta de caminos.

La necesidad no tiene cara de hereje.

 

cuando el hombre cuando el silencio cuando en el valle de la luna (I)

Errante
fabrica una mirada
y ausculta el latir de la piedra.
En el Valle de la Luna
una sombra abulta el camino
y las almas no penan.

La piedra es hogar inviolable.

Mano dura no hay para trizar el tiempo.
Un gran terral sostiene la eternidad.
Yacen aquí vidas sin muerte.
Las muertes son inconmensurables y tibias.

El ojo suyo no lo conmueve.
El ojo suyo reflecta el silencio mío.
Devuelve el calor.
El se detiene.
Su ojo asume el dolor del guijarro.
Su ojo no viola la memoria.
Los pasos resuenan pétreos a pesar de la sordina.
Pesa la existencia.
Pesan las rocas.
Pesa la arena.

Aquí se conserva la sangre de cuerpos sacrificados.

La palabra sobra
cuando la piedra  abunda.

 

deseo

Ahora arde en deseo.

Enciende la sed en el pliegue caliente del valle.
Clausura el ojo.
Brama el rugido.
En el mientras lo vemos
y sermón arriba por el camino
sube
serpentea la ladera
observa desde el pico la extendida llanura
muerde el lóbulo pendiente de la sombra
entristece el aire
el pulmón inflado
y resopla
y expele
y niega toda huella
todo esfuerzo del delirio
y mira
como si en blanco

el dulce néctar y dispuesto
del higo.

 

dos cordilleras

Este es un valle de caballeros
y viene él ante ellos a calibrar su propia insignificancia
que así piensa
alivianará su carga.
Los caballeros son satisfechos
y se cruzan de brazos
a la espera de lo que el mundo les debe.
Saben que la apariencia vale.
A nuestro caballero le pertenece una esquina.
En ella está de espera.
Su figura se rodea con luz transparente.
Es atractivo.
Luce un gel que lo hace fatal a los ojos de cualquiera.
Sobre su camisa y abrazando el cuello
lleva una corbata de flores ahorcadas.
Los colores son adecuados.
Es dueño de una señora adecuada.
Ha elegido un automóvil  adecuado.
Vive en un barrio adecuado porque así ha de ser.
Habla siempre lo adecuado.
Es un triunfador.

Este valle es copia feliz del Edén
y portentoso cielo azulado
a los pies de un mar que tranquilo baña sólo su cuerpo escultural.
En este valle los viñedos son de exportación
y los árboles cargados de fruta
se sirven en mesas extranjeras.

Sobre la mesa de este caballero
no se ve todo el trigo que brilla
aunque se usen servilletas de papel
y plásticos manteles de encaje
y los comensales sonrían con una dentadura alba.

Aquí conviven dos cordilleras
y en la fresca hondonada
no hay escape.

       Los poemas anteriores pertenecen a EL LIBRO DE LOS VALLES, editorial LOM, Stgo. 2003.

 

ADAN Y EVA

 

Un jardín perfecto es también una jaula.
Observen como la luz se posa sobre el rocío
y como el rocío ilumina la arboleda.
Observen como la sombra es manantial para el descanso
y como fluyen en melodía los riachuelos.
Observen como deambulan sin rumbo esos seres
y como al alcance de la mano recogen el alimento.
Escuchen
escuchen el trino celestial de los alados
y el  suave ronroneo de las  grandes bestias.
Escuchen
palpen el siseo de la serpiente
y observen su caminar seguro por los senderos.
Bestia y hombre uno solo.
Los ojos lánguidos y desenfocados
las colas arrastrándose por el suelo
la boca caída
las manos inertes
el sexo entero a la vista desinteresada.

 

El tiempo no existe
no corre
no corroe.
El espacio no existe
está encantado
inmóvil
esclavo de su perfección.

Veamos.
Hay una manzana
mas no es la que yo conocí.
Está herida de muerte
y sangra perlas de sudor.
Debo saber su corazón
tocar su piel reluciente con mis palmas.
Quiero
quiero mojar mi boca con su jugo
y bañar mis labios con su aroma enloquecedor.
Cierro los ojos.
El goce es perfecto.
Abro los ojos.
El pudor me envuelve.
Siento un leve cosquilleo
un  sube y baja por mi vientre
la mirada de él viéndome
recorriendo mi torso
y esa bicha que mira
como anotándolo todo
como diciendo algo.
-Gozo-
-sé que gozo-
-sé-
qué palabra
-conozco.
Tengo miedo- digo
qué hemos hecho.
Sabemos- dijo
-sabemos-
y calló.

 

Caminemos - dijo.
-Seamos el mundo-.
                                       

 

El poema anterior pertenece al libro  ENTRE LAGARTAS, editorial LOM, Stgo., 1999

 

 

II

Del cruento que tala mi bosque
crespo mi vientre
un interno loco
un sin salida
mi sal del llanto vida
por el lagrimal abierto
la esperanza que crece
ida.
Veo
tu pálpito
tu saliva en surco
la abertura en tu mano
escapar
de la sangre tuya al vino
del vino a mi sangre
en la placenta del olvido.
Escapo
vestida
poca en la ropa
con la caverna hundida
tu talón en mi ombligo
mi talón sin huella
mi huella en lo andado.
Llagas abiertas las estrellas
inhóspitas
quemantes
las malditas hurgan
surco adentro
las curiosas.
Su mano silente
saliente pone
impone el sello
te claustra la boca
queriendo ser
la penumbra un hueco
llaga entre las piernas
bóveda
opresión áfona
de mis ojos en alce.

Cielo
mortecino
opaco tus ojos
más allá en el sin sangre
piedra
lomo terso la bóveda
finito vientre aplastado
aguja en mi cordón te enhebras
para dejarme
ajarme la carne
la cuerpa mía
triturarme
para bien bailar tu riel
ahoyándome.

 

VII

Subterránea mi ícona
mi alumbrada amenaza
mi costra parida

mi guagua.
Sucia tu mano
tu cuerpo sucio
clamas la pena del abandono mío
tu sangre propia
tu piel sellada
tan entero en mano extraña
tu frío acierto
tu cierto miedo
tu vagido
desconcierto
ahí.

Mi savia en tu lengua
mi repique en tu oído
tu lengua atrapada
tu momento
tu nada
para crecer palabra sola

sola

tu lengua
en mi lengua

anillada.

 

VIII

Miras en verde el atril.

Hombre
para el hambre
la vida contigo
el miedo pulido
su lento viaje
corroe frío

tu tibio ojo

el mío.

 

XII

De la yo diminuta

diminuto mío
crujes me la coraza.


que de mi ladera cuelgas
un rocío ingrato
con la tibia mano
súbito penetras
en el mío camino
con el hado tuyo
y la tuya palabra.

Mi lava candente para la tuya hambre
para mi tú
adentro

adentro
diminuto
insaciable.

 

XIV

Cae la madre.
Cae la loca
a mi hueca
para mí hinchar
en ronca mano
tu tronco blando.
Hueca yo a calar tu cuerpo
mi ombligo doras desde la mar
para grande adornar mis piernas
la entera salida por la agreste
agresta yo de negro ensueño
por la vereda que umbrosa me recorre
por el mío socavón que bien te tiene
para tu canto emerger en crispo
para entera mi veta soleada
parirte de una vez.

XIX

En su nido
pía el pío
nace
la yo piadosa
la nida en la nada
la nada que me flota el crío
la cría mía
llora
llena la nada
me nombra
me quema la pestaña.

Tu aire todo para mi ojo
para entera verme                 tú
mi otro
sin la mía cumbre en tus cuatro pies
en la calle oscura
en todas partes

habiéndo
me.

 

XX

Para partirte niño
parto me doy
partiéndome
ahora
tuya
encuerpado otro
sangrándome mi mí
parto
parto partida
para partir parir descalza
como empezando.

Me engajo entera
y no me siento               tiento
tentándome al desgajo continuo
que voy dejándome
en el camino.

 

XXV

Alarida soy
y no tuya.
Lloro
lloro lloro
lloro mí
mullido entre mis piernas.

Con el párpado entreabierto
me ojeas
entera me chupas
súbito y lamido en mi tiniebla
ígnea yo
planicie
abandono
para tu madre

me nacer.

 

XXX

Bajo la piel tu llanto.

Llantería
para mi parir
parirte en grito
para en tu partida
partida dejarme
sin ti.
Tu cuerpo en atrapo
tu llanto enardecido
tu escapo que busco
tu salida enorme
tus ojos
en duda y en cierne
no ven.
Tu cielo vislumbrando
me
tu tibia
tocándo
me
mi ternura
mi silente aúllo
mi piel a tu piel
a tu sangre
a tus ojos para siempre
rondándo
me.

Fragmentos de un largo poema, dividido en partes, es VAGIDO de editorial Ultimo Reino, Bs. Aires, 1991, también publicado por Ediciones Museo del Rayo, Roldanillo, Colombia, 1990

 

Por qué baja el viento y trae esas llamas que todo lo devoran?/ Mira/ mira como corre el cordero y el huemul y el león/ mira como se pinta y aúlla de rojo la ladera/ cómo caen los cuerpos maderosos de los titanes/ cómo los estría el viento y el agua/ Y qué haremos con tanto cadáver?/ y quién vio?/ quién informa/ Acaso el cóndor fue testigo flotante en la ventolera/ acaso escapó a las lenguas iridiscentes del mal?/ Acaso narrará sus vistas a las faldas serranas aún intactas?/ al norte que arrecia y silba y muerde la oreja?/ al hombre vanidoso que no escarmienta?/ Ya enciende la otra ladera el viento maricón/ y baja la danza/ y nieva/ y cubre la lengua feroz del lobo bermejo/ y no saca lección/ y por suelo avanza/ abraza/ y no hay espalda que se cuide/ ya se viene el jolgorio y avanzan los trinos y el brote verduzco y los nidos y las pariciones animales/ y mira!/ trae norte  y tibieza del sol a la vez/ y aviva la cueca/ y yergue la cabeza de fuego/ y lo danza larguísimo/ y caen esculpidos los lagartos/ sus enormes cabezas/….. y pueblan/ pueblan las extensas tierras

 

Ya entró la nube/ ya llega cargada con gritos de tero/ ya llega mojada y cubre el monte y desciende/ y oscurece/ y avanza soplada/ y cae/ y derrumba/ y derrama por la ladera/ y nieve se hace en la cumbre/ y viene el viento y la sopla/ la vela volando/ no imaginas lo que es eso/ no sabes cuán bello/ y te sopla por detrás/ y se arremolina la pluma/ y cae/ y rueda/ y carga el río allá abajo/ y viene el viento y le saca corderito albino/ y mira/ ahora llora/berrea/ de hambre berrea/ sin hierba/ sin bosque/ sin matorral

 

El viento es rey/ es señor/ son él y el cóndor/ tan solos/ tan solos…

 

Qué hacemos?/ Tú que siempre estás y todo lo ves en este humus parlanchín/ sea mi cuerpo o tu cuerpo o nuestro cuerpo y todos callen para siempre/ y calle el cordero/ la vaca/ la yegua/ y también el cóndor, el huemul, el hombre, la cabra, el tero/la bandurria/ y reine ahora la ventolera que empuja al agua que empuja a la nube  que empuja a la lluvia y gasta la piedra y gasta el monte ….

 

Quién mira ahora?/ el pez que en el agua se desliza?/ el pez que antes el hombre atrapó?/ el mañío que terco aguantó?/ la lenga/ el ñire/ el coigûe/ el laurel?/ y qué de esos cuerpos muertos/ muertos y negros/ orgullosos/ erguidos/ como plantados para la memoria natural/ para el dolor de haberlo tenido/ dolor de cuerpo/pequeño mutilo/ un vociferante grito pelado/ y nadie escucha/ porque ya no hay oreja ni pestaña ni ojos/ sólo cuerpos/ negros y erguidos/ negros y yacentes/ todos dormidos para siempre/ degollados entre ese viento que doblega la hierba/ y el que les baja el agua del cielo/ y creo yo/ que habrá un tiempo para cavar las fosas/ y será el viento el sepulturero/ y traerá semillas de lejos para adorno de muertos/ agüita traerá/ y tierra y versos/ tan vientres verbosos de sagas/ tan manitas tañendo el silbido de antaño/ tan cubriendo los caminos que antes recorrió la rueda/ tan oscilando los puentes …

 

Cómo quedó tu cuerpo llagado con ese viento pendenciero resbalando sin impedimento/ sin troncos/ sin troncos/ calvas las laderas/ el viento/ el viento solo y señor/ royendo el cuerpo tuyo y antaño/ tus ajadas abiertas/ en lloro por lágrimas otrora perdidas bajo los troncos mancos/ aflorando/ bajando en cascadas./ Y quién lo detiene ahora/ quién lo atrapa y lo hace melodía/ qué cabellos puede peinar?, ah?/  Di / di algo más que ese silbido que me parte el alma/ que me parte la roca/ que me parte la tierra/ que me tilda los cuerpos vivos/ que empuja las velas/ que curte los cueros/ los rostros/ los pensamientos/ te digo que hasta al ojo lo curte/ le roba el agua/ lo deja sonriendo pequeño/ agradecido entre grandezas/ y levanta sus brazos/ y se entrega/ y contempla./ Si/ todo es silencio y habita la gélida ráfaga y la ululata

 

Mira los corderos en el cielo/ blancos y negros/ cómo viajan veloces y locos los concentrados/ cómo van empujados los acuosos/ pero no miran/ no ven/ no hay gente/ no hay perros/ no hay ovejas ni ropa secando su limpieza/ sólo piras de cuerpos apilados/ pendientes sus culpas/ si es que hubo pecado/ quién/ quién puede contra la ley/ cuál  pecado/ cuál tan grande que teja los maderos/ que junte cadáveres en las  pampas desoladas …

Y antes?

 

Bosque/ selva tupida/ húmeda/ floreciente en carnes palpitantes en deseo… Y ahora qué…. ahora pira/pira preparada pa’ pudre/ pa’ fuego

 

Un viento/ un viento que abra el vientre/ un viento que enternezca la tierra.  Pero no/

 

… Pues sucede que el mundo sucede/ y va sucediendo como quién da vuelta las páginas de un libro /ni duda ni discusión/ silencio y acontecer/ viento que pasa y eleva la polvareda y borra las huellas. Viento que toma/ que trae y deja caer el agua/ sin tiempo / suspensa/ inocua/ en la tan mentada perfección que precedió la miserable llegada del caballero andante y voraz …

 

Quién les sacará lustre/ quién el habla?

 

No/  aquí no se hilan palabras. El viento silba y ruge y ronca/ y todo vuela y es gutural.

 

Mano negra el vendaval/ mano blanca de bocas ausentes/ silencio/ silencio glauco llegado para quedar.

 

Del poemario multimedia titulado HUESOS DEL VIENTO, publicado en parte en un catálogo, 2008, Valdivia, Chile y en parte mostrado en el Festival del Lago, 2008 en Ciudad de México, México.

Video: Fuego

Verónica Zondek  nació en Santiago de Chile, Chile, en 1953. Poeta, narradora, traductora y editora. Licenciada en Historia del Arte de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha publicado los libros de poesía: Entrecielo y entrelínea, 1984; La sombra tras el muro, 1985; El hueso de la memoria, 1988; Vagido, 1990; Peregrina de mí, 1993; Membranza, 1995; Entre lagartas, 1999; El libro de los valles, 2003; Por gracia de hombre, 2008. Tradujo y editó en 1994, poemas al español del Premio Nobel de Literatura Derek Walcott. Publicó también la antología Cartas al azar, muestra de poesía chilena, 1989 y el cuento infantil, La misión de Katalia, 2002. Forma parte del comité editorial de LOM ediciones.

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