Festival Internacional de Poesía de Medellín

 

 

LOS CUERVOS

 

En las calles de Argel
Los cuervos tienen pinta de paracaidistas
Mis ametralladoras pegajosas
Vomitan sobre las paredes blancas
De la Qasba
Sangre amarilla
En los jardines de mi barrio
Los almendros acarrean el odio
El cielo está lleno de bruma sórdida
Y tiene cara de verdugo
En los callejones de Constantine
Las mujeres caminan rápido
Y llevan en las orejas
Electrodos grises.

(Argel 1960)

 

EL CAFÉ

 

Compré
un paquete de cigarrillos
Un periódico
Y un rayo de sol
Y me fui a sentar a la mesa
En la terraza
De un inmenso café
Pedí un té de menta
Y dispuse
Mi paquete de cigarrillos
Mi periódico
Mi vaso de té
Y mi rayo de sol
En orden
Me arrellané bien
en mi butaca
Y comencé a leer mi periódico
Tranquilamente
Un instante después
Miré
Mi paquete de cigarrillos
Mi periódico
Mi vaso de té
Mi rayo de sol
Y me pregunté
Si yo era un revolucionario…

(Argel 1963)

 

LIBRO

 

Tu cuerpo como un libro
Abierto sobre sus múltiples pétalos
Y diversas fallas y facetas
A tal punto que sólo pueden tocarme
Los amantes atónitos
Tu cuerpo como el libro sagrado
Que sólo se lee
En la amargura
Entre la sombra y el incienso
Cuando el amante es preso de asombro
Intentar en vano, de infiltrarme
Entre las letras de tu alfabeto
Pero todas las astucias e intuiciones no bastarían:
La cicatriz de la amante
No se deletrea
En las estructuras de plomo fundido
Cuando los cuerpos se abrasan
Por todas partes…
Es entonces que crece la penumbra
Entre el pulgar y el índice
Y que el poema se hincha bajo su propia levadura
Pero afuera
Las mujeres llevan siempre
La almendra amarga y cerrada de sus sexos incrustados
Entre el vello aterciopelado de la muerte
Y el paño resplandeciente del éxtasis.

 

Traducción de Myriam Montoya a partir de la traducción francesa de Antoine Moussalli

 

HORMIGA JAPONESA

 

En la jarra hinchada de agua
Una hormiga se baña
Hasta perder su sombra
Y su aliento…

Traducción de Myriam Montoya a partir de la traducción francesa de Antoine Moussalli


TACHADURA

 

¡Una vida! dice ella. Toda una vida…
Vacuidad…
Una burbuja de jabón.
Palabras inútiles y habladoras
Que desbordan del diccionario y enmohecen sobre el nochero
Y las ventanas, entonces, se vuelven color de berenjena
Los mercaderes tienen voces al revés
La lluvia se pone a mojar el pozo del puerto
El agua araña las grullas amarillas
Las estructuras se encabestran y se amontonan
Cristal metalizado de una fina jornada argelina
Ventanas tuertas o envarilladas por el hierro forjado y los celos
Espacios vapuleados por los pájaros fluidos
¡Una vida! dice ella
La lluvia continúa a cavar grandes surcos
Sobre el vidrio de las aceras mojadas
La opacidad se espesa
Falsa impresión de flotación
Tachadura/Vaho/Tachón
El aliento se pega sobre el espejo y corta la palabra del canario
El azogue de toda una vida… dice ella
Vacío/Burbuja/Tachadura
¡Tanta palabra inútil!

 

Traducción de Myriam Montoya a partir de la traducción francesa de Antoine Moussalli


OTOÑO

 

Los pies chapucean un charco de tinta verde
Toda vez que la naturaleza se vuelve diluvio vehemente
Y que el otoño se empapa en su algodón húmedo
Sudoroso
Profusión vegetal
Que opaca el vidrio cristalino del cuerpo
Transformado en jardín acuático
Donde brotan los jacarandás de la ternura…
Las paredes espuman como el jabón de afeitar
En la aurora amarillenta y febril
Y agrietan las neuronas que amoratan
El entorno de los peatones protegidos bajo paraguas de seda
La calle se sacude despertándose
El gato fanfarronea atravesándola
El canario farfulla adrede
Masacrando el solfeo matutino
Y en el aire estalla una turbulencia vibratoria y tupida
De un carcomido estado del alma
Enrollado en el aserrín grumoso
Entre barcos de puerto y encaje de ciudad
Cuando las aletas agitan la eternidad
Con las hélices del ventilador
Plantado justo en el centro
Del salón de la peluquería.

(Argel, 1984)

 

VERANO

 

Voracidad de los insectos
Alrededor de los círculos imaginarios
Trazados anárquicamente
Sobre el espacio de la canícula
Sequedad de las incisas soleadas
Temblor de las hojas del jardín
Que abren cráteres morados
En el cristal de las ventanas azuladas de índigo
Hace calor bajo las enaguas húmedas de las vírgenes
Almidonadas por el sudor divisible del deseo
La siesta las entremezcla
Fomentadas por olores fétidos y perfumes sutiles
Y este olor de éter que rezuma de los frutos agriados
Y este olor de alcanfor
Mezclado a las emanaciones del mercurio y alcoholes amargos
Adulterados –en suma– de relentes deletéreos
Venidos de una tienda de farmaceuta alcalino
Cuya mujer amasa la pasta con la levadura tenaz
Ferruginosa
Que chorrea entre sus dedos de tragaluz
Que hinchan
Y cierran el paso a todas las vacilaciones
Y a todos los espantos
¡Canícula atronadora pues!
Que arrebata el latido de los corazones
¡Hospital!
Siestas mohosas
Grafismos obsesivos
A marcha lenta
Espantos y pasiones arropadas
Pero en los corredores
El calor anuda las volutas violáceas del tiempo
Triste/Muerto
Y las baldosas del suelo se escarchan en un parpadear
Las moscas garrapatean –entonces– torbellinos


Translúcidos
Sonámbulas
Ebrias!
Tropiezan en las viscosidades de la siesta espesa
Improbable –entonces– de detener el flujo del sabido sueño
Incluso cuando las palabras se estabilizan
Y vocalizan las migrañas tintineantes
Hasta cuando los conceptos se ponen –de repente– a sobrepasar
Los dialectos de Dios
Y sólo nos queda - además- la redundancia de
Palabras obesas.

(Argel, 1984)

 

EL FÚTBOL NUNCA ES INOCENTE

El corazón lleno
Como una jaula donde enanos juegan al fútbol
El césped crece tupido en las narices de los camaradas
La cosmología verde se desvencijó
En la repisa del jefe de estación
Las palabras fueron cortadas de su geografía
Todo se volvió rojo
Muy rojo
Como las crestas arrogantes de los gallos de pelea
Como los terrenos cubiertos de césped
De los estadios de futbol
En Santiago de Chile.

(Argel, 1985)

 

Traducción de Myriam Montoya

 

Rachid Boudjedra  nació en Ain-Belda, Argelia, en 1939. Poeta, narrador, ensayista, profesor, cineasta y guionista. Doctor en Filosofía de la Universidad de la Sorbona, 1965. Uno de los más destacados intelectuales argelinos, ha padecido el exilio por su defensa de los derechos humanos. Crítico ante la situación política, social, literaria y humana de Argelia, su obra, traducida a treinta idiomas, es uno de los más grandes y raros monumentos de la literatura magrebí en lengua francesa. Su primera y más famosa novela, El repudio (1972) fue 14 años prohibida en su país. Autor de quince novelas, entre ellas, Las mil y una noches de la nostalgia y La insolación, y de libros de poemas como Para no soñar más, 1965; Trasplante, 1984 y Cinco fragmentos del desierto, 2007. Al decir de Leonor Merino “Rachid Boudjedra, escritor político, reivindica el derecho a la poética, lo que le permite, en sus diferentes y numerosas obras posteriores, aunar lo imaginario más desbocado con la realidad más obtusa, así como injertar el delirio en el cuerpo del relato. Aunque sin caer en lo didáctico, puesto que siempre ha deseado demostrar que lo esencial es la creatividad y que lo que proporciona valor a una obra es su estilo, su estructura y visión del mundo…”

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