Festival Internacional de Poesía de Medellín

Homenaje al espíritu del origen

                          

África de la noche ancestral en que nuestro futuro se gestaba, África, hija del sol candente y del trueno estremecedor; África, hija de la noche degollada, madre de todos nosotros, violada y expoliada por tus hijos renegados que visten con piel de luna.

¿Qué mano aviesa traza tu destino? Hoy, nuestro corazón bate al ritmo de tu oda guerrera, nuestro corazón que toma un descanso a la sombra del baobab se llena con el flujo de tu sangre, el aire donde anida el relámpago de tu mirada furiosa es el vasto alimento de nuestra vida agitada.

África, tu fuerza habita todos nuestros rincones, y las Antillas hierven entre el fuego de tu cuerpo palpitante, las Antillas donde tu música inicia el trance de nuestra danza cabecea soñando poemas entre la fuerza de la canícula. Y tus tobilleras y tus narigueras y la pintura de tus guerreros adornados de exóticas plumas y pieles oceladas descienden majestuosos desde la turba donde duerme nuestro canto hasta la mañana de la hermandad de todos los pueblos.

De tu cuerpo ascendemos y descendemos por los senderos que recorren las estrellas curiosas, de tu cuerpo brotan todos los murmullos, los balbuceos, las palabras con que el mundo se inaugura, desde tu garganta imprecamos las fuerzas elementales y baja el río que reúne entre su voz todas las convocaciones, todos los caminos hacia los vastos cielos de tu frente.

Hoy los senderos se hacen uno en este sitio del poema, en esta página donde también brota la sabana, donde surgen las alturas blancas y sus roncas cascadas, donde vemos el pastoreo de los rebaños y la estampida de las manadas.

Hoy, el poema es lanza de fuego para derribar la noche de lo adverso. Y por la magia del poema salen tus hijos de los entornos miserables, de la mina y sus socavones y sus gemas de sangre, y del esclavismo del oro abyecto y las aristas crueles del diamante que adorna el cuello vociferante del falso amo.

Hoy se inaugura la danza del guerrero, se entonan himnos y cantos y nos vemos rodeados por máscaras de dioses, presencias encantadas, ritos sagrados, animales mágicos mientras se escucha el eco de lenguas perdidas que vagan entre el viento de la noche, entre el viento nacido de la jungla, nacido del desierto.

Y en este sueño palpitante que habita el día luminoso vive el poeta hechicero, el griot venido de la noche del tiempo, el trovador que canta en trance, el cazador y su grito estentóreo.

África, sendero del regreso por donde dulces voces, roncas voces, acuden a tejer un canto que nos vincula en sangre, que nos hermana piel con piel, que repite el eco de su tam-tam entre el volcán estremecido de nuestro pecho.  

 

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