Festival Internacional de Poesía de Medellín

 

CANCIÓN


Un navío frágil
Que se hallaba perdido
En alta mar, pudo ser rescatado,
Tras su duelo, por el sentido que del viento
Tuvo el capitán, ya retirado como  ser navegante,
Sobre el muelle del puerto.
Partió en un esquife y lo avisto,
No por certezas sino por el instinto
De tantos años sobre la cubierta
De otros barcos,
Al azar de las olas, al capricho de vientos
Encontrados.  Una tormenta, una lluvia que hizo
De aquel buscar y hallar otro prodigio de las noches del mar…

 

CANCIÓN


Sobre el agua,
Ya azul de la rada
Alcanza a dibujarse
Algo de los corales que son signos.
Parecerían, sólo al sugerirse,
Decir cuán arduos se hacen,  el arribar
Y el inicio del viaje hacia  otro puerto,
Que por amado no hace la travesía más
Deseada, luego de haber bajado al muelle
Que es  la vida esperada por tantas noches
Sin amparo, aún sin horizonte y sin sino.
 Con las luces de abordo, en alta mar
De otra mar que no ha de ser consignada en la bitácora…

 

 

CANCIÓN


Hoy  ¿por qué?
Como nunca antes,
Ni en ningún otro puerto,
Hay una bruma azul en torno
Al nombre que en la proa se puso
A esta nave: ”Solitude”.
Y esta bruma le habla a ese nombre
Con palabras de antiguos compañeros
De lucha en las mareas y en los puertos cercanos
Pero desconocidos o ajenos,
Como  en el ser todo del destino
De aquel que flota sobre el abismo,
También azul como el ideal,
Como esa otra bruma que es el llanto
De gozo sólo por la vida.
¿Pero cuál signo hacen en su diálogo,
Sino es uno con
 El fondo intocado de todo mar y toda alma
En vigilia?

 

CANCIÓN

Una  lejana voz
Que dice a los marinos:
“No, no arribar, botar anclas
Y  esperar solamente
A que otras embarcaciones
Pasen de largo hacia el muelle que aguarda
Voz que es del sueño de un permanecer
Como lo es del duelo del siempre estar partiendo…
Callar y hablar, con sólo el leve golpear de las olas
En la conciencia y en el corazón.
La voz se hace próxima
Y dice a los marinos que aguarden en cubierta,
Tal vez sin tiempo, tal vez sin el  agua, tal vez sin el cielo…

 

CANCIÓN


Sobre el agua
Del mar, llueve sin término,
En este mediodía que suspende las cosas
En el tiempo secreto que se  marca
En el siempre aguardar de olas y de horas
Así un alcatraz hostil,
Así un llamado a cubierta en el alba
Cuando todo parece ser deseo por cumplirse
Y saber del deseo que no se cumplirá
O hace de los marinos los solos conocidos
Por la oscura Rosa De Los Vientos siempre  ausente
Del inmediato aliento a sal marina que la de una lágrima
Al rodar de los ojos de quien muere así mismo
Y se deja llevar por las olas que traen a las estrellas
Desde un fondo igual, sin tiempo y en secreto. 

 

CANCIÓN


En los acantilados,
Ya tan visibles, rompen las olas
Como violentos pétalos del Cosmos…
Luego, al bajar, se serenan
Y deja otra vez ver las rocas oscuras
Por las que no podría posarse un pié humano,
Ni una mano, ni la esperanza de algo
Que acogiera, si en el consuelo, en la transparencia.
No se ha terminado
El viaje que llevó
Por tantos meses sólo el horizonte
Grabado en la retina que dentro de sí
Veía otras presencias, unos signos distintos o una mirada.
Desde la proa puede sentirse un aire
De otros cielos, un cielo de otros aires o un signo
De las rutas marinas del destino y del viaje…


CANCIÓN


Hay en el cielo
Hoy un azul distinto
Se dice el timonel cuando contempla
La línea indescifrable del horizonte oscuro.
Hay en la ensoñación
De ir navegando en alas de las olas
El presagio de al fin llegar al fin, a ese final
De todo viaje, de todo ir en sí mismo hacia lo intocado,
Lo intocable, lo invisible que como aquello que está
En el fondo del mar y tras unas pupilas que quisieran mirarse
En el espejo blanco de la espuma que abre la quilla
De los navíos al avistar el puerto, al llegar a la rada…
Luego vendrá todo cuanto ha pasado,
Lo que no es ni está, ni puede dibujar el limo en la playa.

 

CANCIÓN


En la mitad del mar,
Los marinos esperan
Ver ese puerto que está en la carta
De navegación.
Hay imágenes claras de lo amado,
Que se llevan consigo entre el desamparo.
Y espera  ver la rada como verán sus ojos
Las gaviotas que son una parábola del viaje
A lo desconocido sobre aquello que hace a cada hora
Igual por los todos del cielo interior y por las ondas
Del corazón que al ritmo de las olas lleva su propia savia.

 

CANCIÓN

Del agua a la cubierta
De la nave que pasa por el viento
Que la lleva y la deja,
Que la deja y la olvida y la recuerda
Al volver otra vez a una rada que antes se visitó
Hay siempre un amor,
Una amar a lo amado que es saberse amando,
Saberse navegando hacia puerto seguro…
Ese puerto, sí, el único entre un litoral hostil,
Aun invisible pero ya presentido,
La Gracia de las Gracias en las jarcias,
En la arboladura
Que ya es todo lo seguro, todo lo acogedor
Para seguir un rumbo entre lo incierto, así  se sepa
Dónde está el final, cuánto hace falta aún
Para llegar al fin,
 Para ser abrazado por lo eterno del puerto.

 

CANCIÓN


Ahora la rada
Vista desde el muelle
Desde el puerto que al fin ha de dejarse
Anuncia lo incierto, todo lo despojado
De una vida que viaja por su mar entre sueños
Y duelos o nostalgias, también como gaviotas
Que se alzan desde la arboladura hacia tierra,
Donde también han de ser acogidas
Por las ramas más altas de los árboles
O los picos, aún más altos de las rocas en el acantilado.

 

Jaime García Maffla  es un poeta y ensayista colombiano, nacido en Cali en 1944. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y un Máster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. Co-fundadorcon Mario Rivero, Giovanni Quessep y Fernando Charry Lara de la revista de poesía Golpe de Dados, que apareció en 1972. Ha sido catalogado, con muchos otros poetas, en el grupo de la Generación sin nombre.. En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia.Ha publicado alrededor de veinte libros, entre poesía y ensayo. Desde su primer libro Morir lleva un nombre corriente (1969) hasta Antología mínima del doncel (2001) hay diez obras que informan acerca de su devenir en la creación poética. Acerca de la poesía el poeta expresa:«La poesía es nuestra alma que anda a solas por las sendas del tiempo, es un fluir de nuestra inconsciencia en el ir de la vida hacia la muerte, un ir nostálgico y necesitado que las palabras nombran, y al hacerlo señalan una región sagrada y trascendente: la poesía es como el azul y como la caída de las hojas en otoño, esto es como la ensoñación y la añoranza en la mente del poeta que la sabe una de las más altas señales de la verdad del mundo».

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