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Otoniel Guevara (El Salvador, 1967)

 

DEFENSA PROPIA

 

            para Arquímides Cruz, en el recuerdo.

Un hombre me amenaza con un arma
Yo lo amenazo con una piscucha

El a lo sumo logrará matarme

Yo
en cambio
podría hacerlo feliz

POETA  MALDITO


 

Para Claudia Gabriela

Casi pierdo los ojos
al mirarte desnuda

                        Pero casi los pierdo definitivamente
                        cuando dejé de verte

 

NO SÉ CÓMO EXPLICARLO

 

Beso tus senos

los beso como un ángel amarillo que renueva sus alas
los beso a través de la ropa cuando mis manos arden de historias ancestrales
los beso para imantarlos con mis labios cansados de los nombres efímeros
los beso para alcanzar las almendras de su último sabor

Agotado

                        vibro

coloco mi oído sobre tu pecho
donde se inflama la dolorosa voz

                                    que Dios

                                    sopló

                                    en tus senos

 

SUCEDIÓ

 

Apareció de pronto, de repente,
con una caja de herramientas raras.
Destornilló los besos de los jóvenes,
con enérgico amor sustrajo a los transeúntes
piernas, manos, bitácoras.
Desenroscó caderas, pajaritos.
Metió en un saco grande a la mañana.
Usando una escalera sin apoyo
descolgó el sol y lo arrugó junto a la luna
que nadie supo cuándo fue extirpada.
Borró sin expresión los corazones.
Con ágil desaliño volteó casas.
Secó el sudor de su pequeña frente
y auxiliado por una enorme aguja
recolectó emociones y caminos.
Era un niño: severo pero tierno.
Todos mostraron ante su cruel oficio
rabiosa indefensión, pulcro silencio.
De su misión nadie dudó un instante.
No hubo protestas. Nada. No. Ninguna.
Ángel o Ilusión cumplió lo suyo.
Extrajo, despintó, desmontó el mundo.
Pero a pesar de su implacable juego
yo no le permití saquear mis arcas.
Él fingió comprender y dejó intacta
la tibia habitación de las palabras.

 

NUNCA TUVE UNA CASA

 

Quiero una casa

donde no escuchen tus gritos los vecinos
            tus gritos de placer
                        inocultables

donde siempre caiga el agua
del cielo
            y de la regadera

Quiero un hogar con patio
donde juegue la infancia
su más torrente abecedario

donde el sol no me recuerde
los cadáveres incesantes de mis doce años

donde no haya que colocar semáforos
            bajo las puertas
donde quepa el amor que nos lazamos
            y los hijos

donde La Muerte finalmente llegue
y se sienta
            como en su propia casa

 

*

 

Inventó un dios de pacotilla
con quien poder platicar de las cosas que descubría
removiendo el horizonte como a un endeble depósito de basura
Inventó una madre amorosa
para que ametrallara toda su soledad
hecha de madera podrida y suelos fríos
Inventó un país dilapidando las páginas de El Principito
donde el verano traía lluvias verdesmeralda y en el cual
se podía jugar fútbol contra el destino
Inventó también una novia morena
que lo traicionara a besos con algún profesor de pedagogía
para poder perdonarla sin remedio
y beberse las ardorosas lágrimas
de su arrepentimiento
Inventó finalmente que todo era verdad
y de alegría
se lanzó desde la terraza del viejo edificio
en que otrora pinchara a la luna con chiribiscos

Un salto
tan corto
que no le dio tiempo para inventar
nada más
que un apacible cerrar de ojos
ante la vertiginosa vecindad de las rocas

Otoniel Guevara  nació en La Libertad, El Salvador, el 10 de junio de 1967. Desde su primer libro de poemas El solar, 1986, hasta Canción enferma, 2009, ha publicado alrededor de 16 libros. Su poesía ha sido traducida a 8 idiomas, publicada en decenas de publicaciones en revistas, periódicos, antologías, muestras colectivas y medios electrónicos de América y Europa. Ha representado culturalmente a El Salvador en 16 países y ha obtenido más de 20 premios literarios. Es presidente de la Fundación Metáfora y director del Encuentro Internacional de Poetas «El turno del ofendido». Su obra ha merecido alentadores comentarios de poetas, críticos y académicos alrededor del mundo. El argentino Jorge Boccanera ha considerado que su poesía «revela una temprana sabiduría que es urdimbre metafórica y ritmo sostenido... En su respiración hay un nosotros íntimo, una conciencia sin alharaca.». El poeta y traductor colombiano Víctor Rojas afirma que «Otoniel Guevara no deja lugar en el cosmos sin tocar. Su palabra escrita es portadora de los grandes desafíos.». La poeta italiana Silvia Favaretto ha escrito que «la poesía de Otoniel Guevara es la venganza del cuerpo sobre la palabra. O mejor dicho, la palabra hecha cuerpo, clave de la sobrevivencia.»

Última actualización: 28/06/2018