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Rodolfo Häsler (Cuba-España)

 

La infancia acaba devorada por los lobos,
la infancia final con la piel hermosísima
y sin pausa hasta el agotamiento.

La pasión arranca hacia la muerte como las
semillas íntimas de una encina sacudida.

La muerte acaba devorada por los lobos
como roja sangre, como roja lumbre sin
extinción.

                                                            (del libro Tratado de licantropía, Editorial Endymión, Madrid, 1988)

 

ORFISMO


De las tinieblas de la casa inferior,
una figura llena de majestad ascenderá por un momento,
en cuerpo de diosa, acaso una heroína.
No es seguro cuál sea su destino,
presa de amor, bajo el peso de sus faltas,
en el fuego de la lira, Eurídice,
la amada de Orfeo que vive en el infierno.

Descansa la doncella elegida con los pies descalzos
y el vestido holgado cae en numerosos pliegues.
El movimiento apresurado de la cabeza
puede quizás indicar que acaba de llegarle la noticia,
en la oscuridad más completa,
de mi requerimiento.

                                                  (del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)

 

 

Como una actinia oscura, rojo púrpura,
ni hablo mi lengua ni habito en mi país,
soy, eso sí, el heredero de una inteligente familia fenicia.
Heme aquí el fenicio del célebre poema de Eliot
para seguir siendo el ahogado para siempre.
Como se sabe, los poetas no tienen vida propia,
mueren lacerados por el agua, ciervos sin dominio,
oteando los retirados predios que les sirven de morada,
esquivos como piezas de un viejo juego de ajedrez,
sin sangre para manchar el suelo de la alcoba.
El invierno es la estación idónea
para que las mujeres me cierren definitivamente los párpados,
y la intensidad con que un día descifré largos poemas griegos
convertida ya en nieve prodigiosa,
pierde, entre tanto, todo su calor.

                                                      (del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)

 

EVOCACIÓN


Coloco en la estancia un ramo de anémonas
y observo con detenimiento su lenta evolución,
uno tras otro hasta fumar mi cajetilla de cigarrillos Abdula,
hierático en la pureza de los ojos.
No sé cuánto va a durar el proceso,
dependerá del clima, del grado de humedad, prefiero creer.
El discurrir de los días como recuerdo de las anémonas
en espera de eclosión, seguidas de muerte,
atento entre sus pétalos rojos, azules y violados
mientras insisto, por delicadeza, en perder la vida,
como quería Rimbaud,
pendiente de la metamorfosis,
impasible ante el inminente cambio
no puedo imaginar otra situación en estos momentos,
si el negro espacio me sostiene
como parte del reflejo de un diamante, de la luna,
y me devuelve a mi raro receptáculo vegetal,
transitorio exilio
entre hojas verdes y ramas en flor.

(del libro Elleife, Editorial El Bardo, Barcelona, 1993)

 

OLOKUN


Anterior a la felicidad, antes incluso de la creación,
luchaban una contra otra el agua y la tierra
por la posesión de la ira de tu cabeza.
Cuando la blanca paz interviene para salvarte,
una cuerda de dieciséis cauris te detiene
para que no me desbordes, para que no me asaltes.
Amarrado has de vivir, dominado por tu cólera,
en el fondo del mar la luna nueva te alimenta,
de no ser así pobre de mí, pobre si de ti me olvido.
Las conchas y las piedras guardo en la húmeda oscuridad
para salvar tu condición de sirena, mitad hombre mitad pez,
para acercarte a mis ojos, para afirmar, con toda certeza,
que el peso de tus sentimientos te abruma, no te deja hablar.
Tu color es el azul ultramar, lapislázuli, el misterio,
y para poder continuar beso los dedos que te han tocado,
tres veces me inclino, y pido la bendición, para encontrarte.

(del libro De la belleza del puro pensamiento, Editorial El Bardo, Barcelona, 1997)

 

 

(Ciclo del agua y del fuego)
El infinito contiene todas las posibilidades,
todas las promesas,
y si en el agua te sumerges no saldrás sin disolverte en parte
en una muerte simbólica.
El movimiento nunca se detiene y cada ola te colma
de energía,
incansablemente, en su eterno fallecer. Ese es mi bautismo.
El espíritu del génesis se eleva a partir de lo tangible
y no concibes la vida sin alabanza ni regeneración.

El fuego se justifica en el ardor y en la entrega
más altruista,
lengua que me agota y en su arrogancia me vuelve a mentar.
Disuelve la envoltura para unir el alma con el cuerpo
que es salamandra incombustible en su trance espiritual.
El fuego se asienta en el lugar de la definición,
el estado más sutil. Su origen es terrestre y su destino
es celestial,
y en la cúspide te nutre de sorprendente naturaleza.

                                                        (del libro Poemas de la rue de Zurich, Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2000)

 

SOUK-EL-HAMRA


Si hubiese creado el mundo abigarrado
y alguien me exigiese cuentas por ello,
lo llevaría a oler la fruta aplastada en el suelo.
Desde el inicio tenía la certeza de que las hormigas
recorrían continuamente mis piernas, decididas,
como luna inmóvil en el recuadro de la plaza.
La mancha verde del gomero, por encima de la puerta,
hundida en la sombra, es testigo de mis visitas,
y el joven que soñaba con el cansancio de sus amantes,
regateando a gritos, como mercadería,
es vendido ante mis ojos en la impiedad de un gesto,
casi pornografía.
Qué alivio que esos aburridos europeos
hayan dejado de fotografiar la mezquita del viernes.
Metamorfosis de la vida,
así nombro lo que los muros atesoran,
pues una vez conoces el precio de las manzanas en el zoco
y qué dátiles transparentan la luz,
no hay ya modo de olvidar
ni razón para exaltar mayor encantamiento.

(del libro Paisaje, tiempo azul, Editorial Aldus, México D.F., 2001)

 

LA HABANA

(en la casa de Lezama Lima)

Qué impresionante silencio en la angosta saleta,
en el exacto lugar donde la voz atronadora
reclamaba cada tarde su café, en fina taza china,
colado y servido con amor de madre. Remedio certero
para aplacar el ritmo entrecortado, entre risotada y risotada,
y recomendar a Góngora, leer cada día a los franceses,
los de la rosa. Adorando a Casal, maldiciendo a Virgilio,
logró ensalzar las sombras ante la oscura ventana,
oh los mayas, Ariosto, la impertérrita herencia española.
La ventana ahora clausurada es un tokonoma del vacío.

                                                             (de la plaquette Mariposa y caballo, El Toro de Barro, Cuenca, 2002)

 

BERNA


Desde arriba contemplo a la bestia dentada
y recuerdo que en la infancia jugaba con una réplica
en peluche, mucho menos imponente,
presente en la formación sentimental de todo niño alpino.
El foso es la salida del laberinto medieval,
un camino sinuoso de piedra arenisca ocre
en la que han sido labradas las agujas más sorprendentes
y las ventanas de las viviendas.
En una de ellas, mi padre, que ahora es mi hijo,
tocaba la viola con método insistente
mientras yo aprendía el dialecto gótico de mis antepasados.
Los almacenes subterráneos de patatas y manzanas,
los barriles de mosto campesino, las sedes de los gremios
y sus emblemas, la cigüeña azul, el devorador de niños,
la carpa dorada, el ojo de la aguja,
acaban en la rueda de la muerte que acucia a los berneses
junto al símbolo del oso, el animal.
Desde la altura de la nieve desciendo a la casa de las bestias,
y apoyado en el borde, me asomo a ver sus fauces.

                                                            (de la plaquette Mariposa y caballo, El Toro de Barro, Cuenca, 2002)

 

Página doce: jueves. Talita cumi

Marosa di Giorgio

La gran urraca madre, grazna ahora para ser escuchada,
y pide, me exige que moje su suave hueso en el chocolate.
Qué osada mamá Marosa al hablar así, y yo tratando de hallar
un nombre para sus cosas, cómo decir líquido infecto,
cómo detener a esos gatos perseguidores y lúbricos,
qué decir del costurero, la casa de los abuelos, la madre,
Marosa, ese grito inasible, las lucecillas, el decaimiento,
los caminos son blancos y los perros ladran a los cuatro vientos.
Mi amor, cada golpe de mi amor, un graznido, un ave
devora la libertad muerta en la mano, clavada en la carne
de la niña Ágata, oh desgraciada, oh volver a la oscuridad,
por eso devoras a los perros.

(de Diario de la urraca (inédito)

 

Rodolfo Häsler  nació en 1958 en Santiago de Cuba y desde los diez años reside en Barcelona. Tiene editados los siguientes libros: Poemas de arenaTratado de licantropía, De la belleza del puro pensamiento,  Poemas de la rue de Zurich (Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2000), Paisaje, tiempo azul  y la plaquette Mariposa y caballo. En su escrito, Poética de los árboles el poeta  expresa: "Amigos, el suelo es pobre, hemos de esparcir ricas semillas que nos proporcionen humildes cosechas", dice Novalis. El poeta romántico alemán aconseja, a los poetas en especial, mirar la naturaleza, trabajar la tierra, y arañarla, amarla y fecundarla con la semilla, y esperar después que llegue la cosecha para llevar una vida sencilla. Y creo que sigue vigente, hoy más que nunca, esa convivencia del creador, del ser humano, con su entorno natural. Me parece que ese símil que va de la tierra, la siembra y la recogida de la cosecha y llega a la poesía, es algo que nos da mucho que pensar. Vivimos un momento terrible. Nos hemos alejado de la naturaleza y sus ciclos. Nos hemos desentendido de la naturalidad, de la mirada poética”.

Última actualización: 28/06/2018