Festival Internacional de Poesía de Medellín

 



Nació en Medellín en 1989. Actualmente estudia Comunicación Audiovisual en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid y pertenece al grupo de teatro El Conflicto dirigido por Carolina Taborda, que participó en el Festival de teatro de Granada, España. Desde pequeña, influida por su abuela, su papá y sus tías se acercó a la literatura, escribió sus primeros poemas a los 13 años y un año después comenzó a tocar la guitarra, instrumento que ahora hace parte de su vida diaria al igual que la poesía y el teatro.



El laurel


El laurel crece y parte con sus recuerdos la calle.
La calle: ese espejo donde nadie se ve.
El laurel estira sus raíces con dolor y no logra liberarse del ruido,
siente los pasos pisar indiferentes.
Con su caos
expande su ira sumisa, que cruje bajo tierra.
Oscuro entre ruinas se pregunta
por qué retiene el pasado en sus hojas,
por qué agrieta el andén con su silencio.
Necesita salvarse del asfalto austero que lo rodea
en el callejón de la negligencia.



Velas


Todo va a desaparecer:
Las velas que se mecen enardecidas
hoy 7 de diciembre del 2010;
el fuego que intenta escapar del pabilo,
quiere aferrarse al viento, mensajero del frío.
La esperma se derrumba,
hace rostros que claman.
Mientras más voces hala el viento,
más alto es el fuego.
Los ojos como bocas abiertas
son ahora luces bajo tierra.
La tierra: reina que impera.
El fuego ya escapó del pabilo.
El fuego ya escapó del pabilo.
Más voces para el viento, viajan en el cielo
y velan a los vivos, que callan a la luz de las velas.


Árbol de otoño


Me reconozco en la
calle,
postes rasgados, muros viejos,
pintados, raídos, pintados, raídos.
Grietas, huecos,
dibujos de siluetas,
un niño que sale por una ventana.
Hoy soy sobre todo un té derramado,
un charco bajo la lluvia;
siento que cada gota duele.
Veo mis gestos en los gestos de los demás pasajeros,
leo en sus arrugas los versos que siempre quise decir.
Nada me parece más bello que un árbol de otoño,
en la música hay árboles sin hojas, en las palabras, en los rostros…
La verdadera muerte
es la ausencia del otoño, que hace renacer.
Mi adicción a la nostalgia, mi pasión por la melancolía
es inexplicable, quizás innata, quizás inventada;
sin ella, la calle
sería una armonía sin matices,
tan sólo un color, un color sin detalles.


Flor del frío


Toma mi sangre
flor del frío,
del olvido.
No quiero ser mujer,
tan solo quiero ser noche.
Olor a lluvia,
canto de grillos,
tierra seducida por nubes que se refugian en la oscuridad,
inalcanzables en el día.
Toma mi sangre
flor del olvido, del jardín de los susurros,
bebe hasta mi último gesto.
No quiero llevar rutinas,
no quiero vestir prejuicios.
Quiero ser fondo de niebla,
sombras húmedas,
hojas que se arrullan en los segundos sin nombre.
Bébeme hasta no entender
si eres tú quien toma mi sangre
o soy yo quien bebe el frío cuando siempre he sido noche.

Publicado en noviembre de 2012

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