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Diana Isabel Pizarro

 


Nació en 1981. Es abogada. Creció en medio de autodidactas de la poesía popular. Su abuelo materno, sus tíos y su madre, hacían en su infancia unas tertulias que habitaron su imaginario infantil, como si se tratara de los personajes de los cuentos de hadas sobre los que hablaban los otros niños, incorporándose a su cotidianidad con la misma naturalidad que los juegos de muñecas o las primeras letras. Ve en la poesía la “zona gris” en la que conviven en perfecta armonía lo divino y lo humano, lo terrenal y lo etéreo, lo tangible y lo profundo. En sus poemas ha incorporado el amor, el placer, el dolor, el erotismo y la maternidad.


Habitante


En el sublime instante en el que volvía del centro de la tierra
arrastrada por la lava de tu origen derramada en mi entraña,
la esencia de mi raza tomó tu forma y me habitaste.
Poblaste mis selvas y abriste mis caminos.
Represaste mis fuentes, moldeaste mi geografía a tus contornos
e hiciste latir tu corazón a mi compás.
Tus manos de paloma jugaron escondrijo en mis membranas
y tus pies de potrillo galoparon
tu redondo universo personal en mis adentros.
Un lazo vital se tejió entre nosotros
y el aire de mi aliento vivificó tu sangre.
Mis reservas de sabia rebosaron a la espera de tu sed.
Hiciste tuya toda mi energía
y te bebiste a sorbos largos y pausados la miel de mis tinajas.
El augurio de tu hora atravesó mi centro como daga incandescente
y mi jadeo te empujó a la luz.
En el sublime instante de tu inicio,
la paz de tu rostro sosegó mi angustia,
tu fragilidad robusteció mi fortaleza
y el brillo de tus ojos se hizo el faro de mis días.


Scarlett O’hara


Soy la irlandesa verde oliva,
ama y señora de Tara, beldad entre beldades,
prostituta del viento
y soberana absoluta del polvo de ladrillo.
Soy la última sobreviviente de los campos,
El último caballo alado que resistió el cataclismo.
Soy la asesina del yanqui que menea los aretes
al son de los cañones.
La niña de lo hoyuelos que naufraga en su corsé
y tiende los brazos a hombres de papel.
Soy la guerrera solitaria saqueadora de ilusiones,
el espectro de ojos esmeralda
que añora a su madre para claudicar de su reinado.
Soy la viuda rapaz, la madre de hielo,
la labradora del tiempo, la mujer sin edad.
Soy el impávido reloj de arena
por el que pasan las horas sin dejar alguna huella.
Soy la mujer que le construyó al amor un trajecito
y amó el trajecito sin desnudar el amor.
Yo soy Scarlett O’Hara
conduciendo con una sola mano el carruaje del destino
después de sepultar mi espada, mi escudo y mi bandera.
Soy el ponzoñoso néctar, la oruga hecha mariposa
y me he quedado sola… pero no importa,
ya pensaré en eso mañana, cuando pueda soportarlo.

Ella


Estaba desnuda presumiendo de su hermosura.
Su piel era morena como el deseo,
y era negro como el miedo su cabello enmarañado.
Y sus ojos brillaban como lámparas fértiles de cebo y mecha viva.
Los pequeños lunares de su rostro
titilaban como luciérnagas en busca de pareja.
Su vientre era redondo y prolijo,
como es redonda y prolija la existencia,
transparente como los ojos de un niño
y profundo como las lágrimas.
… De verdad que era preciosa, cálida y exuberante
la bendita noche en que te conocí.

Publicado en noviembre de 2012

Última actualización: 28/06/2018