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Edwin David Tamayo

 


Nació en Santa Rosa de Osos, Antioquia, en 1980. Licenciado en Matemáticas y Física, en la Universidad de Antioquia. Estudió Artes Plásticas en el Instituto de Bellas Artes de Medellín. Estudiante de Maestría en Educación del Tecnológico de Monterrey. Participó en el taller de escritores de Mario Escobar Velásquez, en la Universidad de Antioquia, y en el taller de poesía de Jaime Jaramillo Escobar, en la Biblioteca Pública Piloto. Actualmente es docente del Colegio Colombo Francés en La Estrella.


El jugador



De niño jugué a ser un héroe
y con una toalla seca
ajustada al cuello
salté cinco gradas de estadio.
De adolescente jugué a ser pintor
y en hojas cuadriculadas de cuaderno
hice retratos sin modelo que se les pareciera,
o manos desproporcionadas,
o paisajes con colores inventados.
Años después jugué a ser poeta,
y escribí versos que regalé a muchachas
de bella sonrisa o de ojos dolorosos.
Por eso sé que ahora soy,
para ser exacto con las palabras,
un jugador.
Hoy juego a ser hombre,
a buscar dinero,
a amar esas muchachas
que en mis poemas amé primero.


Retratos a rayas


Don Hernán Longas tiene en lugar de dedos
lápices blandos y ágiles.
Tiene en sus cuadernos,
en retratos a rayas,
un registro del mundo.
Su rostro rojo podría consistir
en una afilada curva
de extremos caídos y finos,
en lugar de boca;
y en dos o tres rayas
cubriendo dos sombras,
en lugar de ojos,
de párpados flácidos,
como cortinas para revestir su interior.
Si estuviera de perfil
tendría que rayarse su cabeza como un cuadrado,
y pintarse su rostro con sanguina,
o con un color rojo, para que se le parezca.
El mentón casi ha desaparecido
porque la piel del cuello
ha caído igual que sus párpados,
y cuando mira a algún lado la estira
como si su cabeza fuera a saltar del cuerpo
pero una gruesa tira de caucho
la frenara de repente.
Ese cuello flexible
no podría ser de otra forma,
porque no se creería entonces que su voz
viene de una caverna honda y estrecha
desde muy abajo en la tierra.
Nada extraña parece su voz
cuando sale despacio
por esa hendidura curva
que hace su boca.
¡Cuánta calma en cada palabra que se le escapa!
¿Habrá algún día don Hernán dibujado mi rostro
con sus dedos de grafito?
¡Cómo quisiera haber trazado con palabras,
a falta de un lápiz de sanguina,
unas rayas para su rojo retrato!

¿Qué es la luna?


¿Qué es la luna?
Estamos dentro de un inmenso cántaro negro,
a plena luz del día.

Publicado en noviembre de 2012

Última actualización: 28/06/2018