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Carlos Bedoya, Colombia

 

Ciénagas mayores

Llena tu vaso con estos jugos
de bosques acres
antes de ver
cómo la luz lunar
arrima al jardín
su pangola en silencio
bajo el claroscuro
de sonatas roñosas
prolongando el aura
donde flotamos ahora
quedamente
ebrios de irrepetibles prisiones
sentados a orillas de ciénagas mayores
danzando en sol feroz
para siempre


Piedra lumbre


Hay un áspero camino
un sendero sedoso
realmente
un mero parecer
en tanto volamos
salvo volver
a la humedad sumida
en el dulce oasis
o el calor o el frío
piedra lumbre
yerbabuena
de la noche empinada
observándonos
tras su tocador:
la muerte

Risa y llanto


Es el hálito
vaporoso
del placer

Es la hiel
de los amantes
el odio

Es la sombra
de tus pies
llanto y risa
el telón de
nuestro pánico

La bolsa o la vida


   “Lo que hace falta es empacar mucha moneda
   vender el alma, rifar el corazón”.

   E. Santos Discépolo

En lo alto de la desolación
flirtean nubes insomnes
vapores in fraganti
turbias luces
perfumes de huertos
ensimismados
por algún hedor infausto
brindando el arco iris
sin más copas
que su tasa de ganancia


Llanto de nada


    “Lo que nosotros hacemos
     es volver a la vida”

     Marcel Proust


Es de madrugada, digamos. Lo imperativo
sería dormir. Mas no deseo hacerlo. Como no
puedo escuchar a Raúl Berón ni a Fiorentino
ni a Carlos Roldán, escucho bajito a Cheo
Feliciano, aunque no es lo que prefiero, pero yo
canto “vivito y coleando, estamos aquí”.

No fumo, sólo a ratos, drops, bebo un brandy
Con trompeta y lucidez.

                                La perla del insomnio
                                guía mi timón

Allá lejos van cantando silencios
blancos.

 

Tambor de negras líneas


De Joana recuerdo
el tenso tambor de densas líneas
aferrándose al portillo

De Mónica sus labios
impregnados de lava

De Doris las magníficas colinas
al nacer el sol junto a la noche

De aquella esbelta y muy tierna
pecosita el ávido pandero

Pero de Hortensia todo recuerdo
incluso sus torpes dedos
a tientas en la espera

 

Fotografía Natalia RendónCarlos Bedoya  Nació en Medellín en 1951. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.P.B., Poeta, ensayista, traductor y programador musical ( jazz y rock, entre otros géneros). Obra: Pequeña Reina de Espadas, 1985; Víspera del Vértigo, 2004; Viajes en la Cuerda Floja, 2006. “Ignoro los motivos por los cuales escribo, de ahí que me resulte difícil, al menos un tanto, hablar de representaciones sumergidas por una aventura de mil filos, asumida de manera casi plenamente inconsciente".
Añade: “...El pensar poemático busca experimentar lo no dicho, lo impensado. La dimensión de lo sagrado es la de los dioses a la cual asisten los mortales, habitantes del cielo y la tierra. El cielo es el lugar de medida, de la claridad, es el sitio del fuego divino. La tierra encierra lo caótico, lo desmesurado, lo oscuro. Lo sagrado se experimenta como ausente, como innombrable. Nuestro tiempo es el de la ausencia de los dioses, es un tiempo de penuria. El desamparo nos sitúa en la noche sagrada en la cual la tierra deja de ser lo extraño. Esta noche nos envuelve en una red de laberintos sin salida, la existencia se hace el riesgo de asumir la noche y el arte un poder de iluminación de lo nocturno. Lo sagrado es el poema, el fuego divino es robado por el poeta. Lo divino es aquello inhumano, que está por encima del hombre, es lo que no muere. Lo sagrado abre el tiempo de lo eterno, lo supra histórico, un tiempo que no transcurre. Acontece en este camino la aparición de lo divino, lo enigmático, lo musical. Lo sagrado es el lenguaje mítico, un área de luces oscuras donde las hogueras se elevan sobre los troncos de los árboles...

Última actualización: 28/06/2018