Festival Internacional de Poesía de Medellín

 


Pregunta a los hombres si es lícito
renegar de todo también en el amor.
Pregunta a los hijos si están de acuerdo
con lo que les enseñan.
Pregunta a las madres si aman
la vida que tienen.

Pregunta a las mujeres desde luego
si llevan flores en el sueño
y si sangran en medio del sueño
cuando se despiertan.
Pregunta a los dioses
si se conocen unos y otros.

Pregunta a los poetas
si el canto es música
o si el pensar es lo último
o lo primero del pensamiento.
Pregunta a los amantes
si son conscientes de su riqueza.

Pregunta al sueño si la libertad
siente lo que ven los ojos.
Y si tiene valor callarse
o es preferible huir
de la palabra que se dice
hasta que suene su verdadero eco.

*


Sé lo que vieron tus ojos
cuando con la mirada ausente
huiste a tierra de nadie.
Sé lo duro que es sentir la nada
cuando uno es el borde del abismo
y la calma un susurro a lo lejos.
Sé lo que es pedir a dios vida
y no creer en nada.
Sé cómo se siente uno solo
cuando alrededor todo ha callado
y sólo se escucha el ruido
del silencio a la deriva.
Sé lo que es sentir el amor y el odio
en la incertidumbre del deseo
si lo que escribes se olvida en un instante.
Como tenerlo todo y no tener nada.
Escribir un poema y nada.
Tu nombre debajo y no ser nadie.


Mi corazón diminuto


Cuando mi corazón estuvo fuera de mí
yo nunca pude escribir un poema.
Lo intenté, pero no pude.
Tampoco pude escribir una carta
a mi madre por ejemplo
diciéndole que la quería.
Tampoco pude escribir una nota
a mi amigo más cercano
donde le decía que las llaves de la casa
estaban sobre la maceta roja
en la puerta de la entrada.
Cuando mi corazón estuvo perdido
en la inmensidad del tiempo
y la indiferencia eterna
no pude escribir nada.
A mi amor por ejemplo
diciéndole que la echaba de menos
y que esperaba su regreso
como lluvia que suena a diario.
Nada. Ni un poema, ni una carta.
Ni una nota, ni un recuerdo olvidado.
No pude hacer nada más que esperar
que volviera a casa
para escribir ahora este verso
donde digo que de verdad te quiero
aunque nunca te lo haya dicho antes
y sentir mi corazón diminuto
como nunca antes lo sentí
cuando estuvo dentro.


El mundo es una sábana blanca


El mundo es una cama deshecha.
Las palabras la voz ronca de un hombre roto.
El silencio, no llevar dinero encima.

Sueño con una caricia
donde las palabras tengan sentido.
Sueño con las fronteras abiertas del universo.

Sueño con un día cualquiera
hablando de amores, viajes y libros raros
al alcance de la distancia.

Qué es el mundo sino el sonido de un recuerdo.
La melodía de una garganta enferma.
Una botella al mar con un mensaje de socorro.

Sueño con un lugar donde las palabras tengan vida.
Una ciudad con las puertas abiertas
y una sábana blanca con todas sus banderas rotas.


No es nada


No es nada mi amor
perderlo todo en un segundo.
La dignidad no es nada
si no va acompañada de la calma.
Tampoco el cuerpo es algo
girando sobre sí a menudo.
No es nada que te sientan
con desprecio tal como eres.
Que te mientan por deseo.
Que te odien por amor
arrastrándote por el lodo.
Nadie te salvará de la quema
después de darlo todo.
Apenas nada que ames
sin una respuesta.
Nada que no sepas
impaciente como antes.
Como los que no pueden
ser otro. Libre por lo que eres.
Con lo que tienes un poco.
Nada sin un cuerpo
que tenga alma.

 

Kepa Murua  Nació en Zarautz en 1962. Libros de poesía: Abstemio de honores; Cavando la tierra con tus sueños; Siempre conté diez y nunca apareciste; Un lugar por nosotros; Cardiolemas; Las manos en alto; Poemas del caminante; Cantos del dios oscuro; No es nada; Poesía sola, pura premonición y El gato negro del amor. Ha publicado los ensayos La poesía y tú; La poesía si es que existe y Del interés del arte por otras cosas, y los libros de artista Cuando cierras los ojos, Flysch, Itxinay Faber. En 1996 fundó la editorial Bassaraiy. En el año 2000 creó la revista virtual Luke.
El poeta -escribe Murua- debe ser hijo de su tiempo. Las palabras utilizadas, el gesto poético, la música del poema, su ritmo y fondo, el contenido, responden a una mirada que profundiza en lo que acontece al hombre como poeta. Inmerso en un entorno que podríamos llamar “ciudad”, “país”, “época” o “historia”, el poeta toma una distancia de los objetos y de las personas para reflejar una realidad que sustenta las interrogantes sobre el mundo y la condición humana. El poeta responde a meditaciones y vivencias personales con palabras. La contemporaneidad reside en la mirada. Somos poetas porque miramos con otros ojos lo que acontece alrededor. Somos poetas porque decimos con palabras lo que otros no son capaces de expresar por pudor o ignorancia. Una mirada exterior proyecta al paisaje, una mirada interior remite al hombre. Podríamos hablar del cuerpo y del alma de la poesía. El lenguaje poético es el latido donde estas dos esferas caminan con un paso u otro. Somos poetas porque intentamos descifrar el paso por el mundo. Descubrir el sonido de la existencia. Dotar a las palabras, que estaban antes que nosotros, de una nueva existencia.

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