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Emerson Tabares, Colombia

 

El ángel de la modernidad


A Walter Benjamin

Mi ángel cubre de musgo las horas
Y después se desnuda al amanecer.
La placidez de la química me abre las imágenes
Como posteridad dormida después del caos.

Mi ángel se arroja de las fábricas
Vertebrando el aire, haciendo volar el gorrión lejos de acá.
Mi ángel con los ojos ebrios y la sangre espesa
Deambula con la boca abierta por la galería de los días.

Ángel, ángel poseído por la combustión;
Sus dedos de cristal tiemblan a la media noche
Junto al río.


Niño oscuro de vida estriada


I

Me abalanzo, canto y bailo.
Busco tres soles
Para un único espejismo.
Campanas y setas,
Aire y asfalto caliente
Tengo para ti.
La sed de una mañana diaria
Me absorbe y me contrae.
Acurrucado en el lecho
De la infancia espero
Desnudo – mojado
La noche nueva,
La procesión púrpura

II

ORACION:
Niño oscuro de vida estriada,
Trashumante, aéreo y compacto;
Levanta tu mano y libera
A las bestias sordas,
Ejercita tu tiranía,
Adórnate de claveles.
Déjate llevar por centauros,
Desiertos y astros
Comparece ante ti,
Muestra tu elegante ego.



Inyección en pecho
Produciendo el efecto
De una porcelana
Resquebrajada;
Afectada.
Matriz de heno
Purificando mi memoria
En una luz
Como la del atardecer.

Soy el tiempo,
Lo moderno y lo antiguo,
La expansión y su flujo,
Soy progreso.

Se derrama la leche tibia,
Y si funcionas en mi cuerpo
Como una máquina de bordado
El cielo se ensanchará
Y sucederá el crimen.

 

Sala Beethoven


La Sala Beethoven…
Un violín en una mujer
Una mujer en un violín
Y yo que he estado
Esperando un suspiro
Desde la eternidad implacable.
Hay un despropósito
En todo esto
Grito ahogado
De una cuerda invocada
Por la infancia
Desde lejos
A través de la distancia
Se inclina la cabeza
Y se le sonríe al fantasma
Que esculpe este momento

Las flores morirán
El fantasma ingerirá vino
La música
Se esparcirá en el dolor del alma
Suave como un aria en caída.


Natus nebula

Nato con libro de almohada
Posesión onírica al descubrimiento del mundo
Su mantra está escrito en la primera página de niebla
Su destino cifrado en los infinitos caminos de Hermes
Ahora duerme con paz de soberano pero su impulso y fuerza
Serán la acústica de batalla
Llanto de amapola en la noche cuando nos encontremos
Sitiados desvanecidos ante su estupor y resplandor
Su respiración atómica posee la seducción de los ojos de la serpiente
Sus balbuceos
El color escarlata del atardecer
Sus brazos fuerte arquitectura elevándose por encima de las montañas
Al encuentro de almas ajenas sofisticadas presencias de un verbo
sin acción

Oración

“Nato suspendido en la cuna con ojos aún ciegos
Con piernas tatuadas de futuros peregrinajes
Sus manos sin huellas amasarán el pan
Posiblemente aniquilarán las razas
Nato con un libro de almohada
Esta es la bitácora
El libro no se ha abierto
Empieza a leerse el camino
Del abismo comienzan a resucitar los secretos”

Fotografía Nidia NaranjoEmerson Tabares  Nació en Medellín en 1980, poeta, actor y performer, realizó estudios de idiomas en la Universidad Pontificia Bolivariana, así mismo de Teatro y Artes Plásticas en la Escuela Popular de Arte de Medellín.
Asistió al taller de poesía de la Biblioteca Publica Piloto, dirigido por Jaime Jaramillo Escobar. Los Poemas de la Raza de Caín, es su primer libro de poemas. Pertenece al comité editorial de la Revista Literaria Ouróboros, en la que ha publicado sus poemas.
Actualmente estudia Licenciatura en Lengua Castellana en la Universidad de Antioquia. Para Emerson Tabares, “La poesía es desde siempre revelación de los poderes de la palabra, sustancia transformadora de la realidad, energía radiante que hace manifiestas todas las cosas. En su acción latente la poesía impulsa desde el abismo de su misterio las metamorfosis de la muerte. Por eso en sus inicios la poesía tuvo como fin la apertura de umbrales y la comunicación con lo desconocido. Los poderes de la palabra fueron así destinados por el poeta para despertar las fuerzas ocultas y aumentar las posibilidades para la alteración de la materia y de la conciencia, pues el poder del fuego que detenta el poeta es el veneno de la serpiente que excita lo oculto y devuelve a la vida de la palabra a esa carne divina que conocemos como universo. La transformación que opera el poeta lo lleva a estar a la altura de su obra y así se hace signo en su poema y en su vida misma. El poeta lleva el fuego que dirige la obra entera de la creación, obra que en el poema incluye todas las potencias, sabe por eso que para hacer su fénix no debe despreciar la ceniza...”.

Última actualización: 28/06/2018