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Ronald Cano, Colombia


Animales y Humanos

Para vivir como animal
Basta correr en persecución de uno mismo,

Como un loco.

Para vivir como Humano,
Basta cerrar los ojos

Y dejarse alcanzar.


Marie Bergman (1944) 


Sentada a la espera de su hijo
María la loca se volvió madera.

Nadie supo cómo, ni cuándo se desdibujó
La voluptuosa línea que marcaba el límite.

Entre su cadera y la silla de roble,
El comején.

 

Auschwitz en la memoria


Sobre la tarde, al final de la guerra
Una cometa voló sobre las sombras del ciego.

La última imagen temblaba aun en su memoria:
La juventud, el fusil enemigo y el miedo.

Recordó el rugido de los bombarderos,
Tomó su lazarillo y caminó rumbo a casa. 


Arrullo para una ejecución


A  García Lorca

Te bautizaron en un rio con barullo
Ungieron con plomo tu herida,

Las lavanderas relegaron
Tu canasta al olvido,

Pero Fuente Grande no tiene rio  
Las palabras se secaron

Y sólo queda tu llanto
Aun así, nadie te ha encontrado, 

Te imagino buscando un árbol,
Jugando escondrijo con las balas. 

Pero, la poesía es profunda y mata.    
La muerte es profunda poesía.

Arrullo para la memoria


Al Poeta Hernández

Abatido por los achaques de la posguerra
Volví a cultivar los campos con la semilla del odio.

Mi memoria, artillería envenenada por el plomo,
Se desvanece cuando te veo perforado por el fuego.

Hubiera preferido esconder tus tesoros en la tierra
Y esperar a que aparecieras envuelto en cólera, 

A esconder recuerdos en un ataúd fertilizado con tu polvo,
Y esperar a que germines una mañana después de la guerra.

Pero la tierra santa se interpuso en el abrazo.


Veterano


Colgué mis botas en el olvido,
Hoy dejé mis piernas en los campos minados.

Volví a  recorrer las calles de la infancia,
Tropecé con sus escombros.

Volví a buscar los viejos amigos,
Ninguno regresó del incandescente verano.

Parece que todo se quedó en la guerra
Excepto las esquirlas que aun llevo en la memoria.

Limosnas


Nada importa. Hace mucho que lo sé.
Así que no merece la pena hacer nada.
Eso acabo de descubrirlo.

Jane Teller

Si la señora Teller no existiera, si la señora Teller estuviera rellena de algodón.
Si el señor Teller no hubiera comprado una casa y no le hubiera dado tres hijos.
Si ella en cambio le hubiera servido en la mesa de los Teller un plato con veneno.
Si John, Maicol, y Kevin Teller no hubieran asesinado con su cauchera
Al pájaro que cantaba sobre el buzón de los Teller, una mañana de verano.
Si no hubieran encontrado aquel sobre para el señor y la señora Teller.
Si todos se hubieran enterado que sus vidas serían desalojadas.
Si la familia Teller fuera aquella junto al semáforo.

 

>Nota final de El Animalista


El poema se cansó de ser comezón en la mano.
Sus medidas obscenas ocuparon el baldío,
Pronosticaron cualquier crítica, o dietética literaria.
Su porvenir era una suerte echada a menos.
Acampó noches enteras bajo el ayuntamiento.
Me dejó de hablar.
Las autopistas se convirtieron en canales,
No tuve más remedio que cruzar la frontera del espejismo,
Disolverme en el instinto de las barracudas,
Inflarme como un sapo manoseado por un niño.
Huir de él.
Confiado en el diagnóstico de los cocodrilos,
Emprendí la travesía sobre el pantano
Como un grito ciego en la mirada de un sordo.

 

>Mr. Monky Gold

Al general

Aparece donde nadie lo ha invocado.
Usa piel de cordero a prueba de balas.
Prefiere el pavimento, las murallas y las reservas fronterizas.
Usa zapatillas, calcetines y algunos medicamentos para los juanetes,
Hace milenios no trepa un árbol, ahora práctica el béisbol,
Establece posiciones, coordenadas y prejuicios,
Lanza una bomba nuclear sin consultar el clima.
Usa un paraguas, un parasol, o una sombrilla.

De tanto saltar sobre la luna
Aprendió a caminar erguido.

 

Lovecats

Las puertas partidas, igual las ventanas,
Los casquillos deplomo pululando sobre la carroña,
Las máquinas desvencijadas volviendo a la tierra,
La torre derruida con el peso de la última campanada,
El cementerio brillando a lo lejos como un altar erigido a la discordia,
Un fantasma recogiendo el silencio,
Las moscas aplaudiendo la derrota.
La plaza entera para las ratas.

- En baldíos como estos, sólo hacen el amor los gatos-.

 

Ronald Cano. Fotografía de Festival de Poesía de Medellin Ronald Cano  Nació el 10 de enero de 1983 en Medellín. Su adolescencia gravitó en los 90s. Por entonces algunos autores llegaron a sus manos: Bataille, Molière, Pessoa, Baudelaire, Rimbaud, Dylan Thomas, Tom Waits, Kerouac, Silva… Es sociólogo, y trabaja hace una década en bibliotecas, actualmente se dedica a promover la lectura. En 2001 colabora en algunas revistas de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, por entonces, asiste a algunos talleres literarios. En 2007 recibe el Premio de Cultura Ciudad de Itagüí con poemas inéditos del poemario Un Barco. Publica algunos de sus poemas en el periódico estudiantil de la Universidad Autónoma Latinoamericana. En 2012 participa en la realización del Festival de Cine de Castilla, época por la cual fueron escritos los primeros borradores de El animalista, uno de los dos libros ganadores del II Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín, convocado por el Festival Internacional de Poesía de esta ciudad en 2013.

Publicado en agosto de 2013

Última actualización: 28/06/2018