Festival Internacional de Poesía de Medellín

Diana


(Fragmento)

Luego empecé a bañarme
Sumergí la cabeza hacia atrás
Y el agua me pasó por los ojos
Y yo me enarqué bien casi pensé que estuviera en el viento
Y no me preocupé por ti Acteón
De tu nueva forma
Tan semblante a la mía
Sólo escuchaba a los perros, tuyos tan fieles
Al olfatear en dirección del acantilado donde estabas
Y creo que también a tu primer respiro desconcertado
Después de las salpicaduras con que te liquidé
Hice girar la más pequeña de mis ninfas cazadoras
Un estremecimiento de júbilo que percibí directamente desde su vibrante seno
Y que calmé sin precisar hablar
Mientras en el agua buscaba echar de mis formas
El perfil que tu mirada se había atrevido dibujar sobre mí
Como si fuera visible así simplemente como aparezco
Diana llevada a término en un cuerpo de rígida blancura que se baña.
Ningún hombre tiene una guerra
Con la cual yo pueda bautizarme
Ni un animal superior a los que yo gobierno
O una sangre que en su velocidad temprano por la mañana
Corre, verdísima, agria
Como por huir de los torpores intermedios
O de los cariños que los hombres
En su desastrosa falta de crueldad
Buscan dentro de los dobladillos de los lechos en que
Acostados creen ser animales
Sólo porque son tomados en intermitencia por un instinto
Un pequeño instinto
Sin riesgo
Sin perros que muestran las ingles para el crujir de una liebre del sotobosque
Y desde su falta de crueldad, sin vastedad desde su pecho blando
Un pecho sin los selváticos altiplanos donde se destacan vértigos
No sabrían romper con la flecha
El instante en que el cervatillo en el impulso
Quisiera transformarse en colibrí.
Ahora saben los corvos como los jabalíes
Que no fue una cuestión de rango
Lo que pedí a mi padre Zeus.
Debes saber, pues quiero instruirte un poco antes de dejarte a tu destino,
debes saber que Zeus y mi madre durante la cópula
se transformaron en pájaros
y cuando me parió Latona
al empujarme logró expeler sola
algo muy grave
y yo así recién nacida me apuré a reabrirle las paredes
a deslizarme por su vientre siguiendo el cordón animal
y en aquel antro con un pulso asomarme a Apolo
mi luminoso gemelo
su cuerpo de todas las bellezas
Sabemos todos
Que fue una cuestión de rango
A los 3 años, digo 3
Sentarme sobre las piernas de mi enorme padre
Con las espaldas inmóviles, inflexible
Informarle que yo quería muchos, muchos nombres para mis transformaciones
Y un arco forjado por los cíclopes
Y para mis calzados y para mis perros habrían bastado 20 hijas de río
Y le pedí expresamente
Sin trepidación
Para quedarme siempre virgen
Por nadie disfrutada
No abierta, excepto para los vientos
No herida
Y que pudiera crecer libre de los deseos pero al lado de los humos
De los saltos
De los torrentes
De la calma de los corazones hinchados como ciruelas
De las pruebas tan vitales que
Hablan de un peligro correspondiente a la posibilidad
de ser salvos de algo superior a la intensidad de aquel peligro.
Así se habla de mí en las ciudades
Que Diana es virgen porque es dura
Una fibra de cuerdas que sube desde las piernas hasta el surco del brazo
Y que deseó la inviolabilidad
Porque es una piedra con instinto animal
Es quizás sospechando los animales que conmigo corren una sombra
De los saltos
De los torrentes
De la calma de los corazones hinchados como ciruelas
De las pruebas tan vitales
Hablan de un peligro que corresponde a la posibilidad
de ser salvo de algo de mayor intensidad de esto peligro.
Así, en las ciudades, se habla de mí
Que Diana es virgen pues es dura
Una fibra de cuerdas que desde las piernas sube hasta la ranura del brazo
Y que quiso la inviolabilidad
Pues es una piedra con instinto animal
Y quizás se sospecha que las ánimas conmigo corren en la sombra
Los animales no vacilan y corren en una vena más hinchada
En el cuello de las florestas
Una vena en que en cierto punto te puedes parar
Dejar tu cuerpo diabólico
Deja el mito salvaje y se simplemente un dios
En la figura en salto estar uno parado vivísimo.
Ves ahora que todo es una cuestión de belleza y audacia
Es el propio rango
Mientras los hombres desean y hablan de psicologías
De selvas que harían reírse el más enfermo de los conejos
Mientras quiero ser violenta como quien tiene que serlo, violenta
Expresamente, sin trepidación
Violar y aceptar ser vista por un instante por ti Acteón
Aceptar ser vista para matarte.
Qué pensabas hacer mirándome cansada después de la caza
Pensabas que como un demonio tendría yo sólo que quitarme la máscara
Que este instinto salvaje fuera sólo un musgo para quitarse del brazo
Y mostrarte mi ingenua apariencia dulce de pudor
¿Mi vacío de castidad en su inocente soledad de amor?
¿Cuál es la naturaleza de tus ganas de violar?
¿El deseo? ¿El amor?

 

Tiziana Cera Rosco (Italia). Fotografía: Festival de Poesía de Medellin Tiziana Cera Rosco  Nació en 1973 en Milán, donde reside. Es poeta y actriz de teatro. Ha publicado numerosos libros de poesía, entre ellos: Almanaque del Mitomodernismo (2000); El argonauta (2001); The Blood Hold (2003), El
diablo o del perdón (2003), Poesía en Festival (2003), Lluvia (2004), Labor de excavación: Antología de Poetas Nacidos en los años 70s (2004), Antología de Poesía Italiana (2006), El arcano fascinante de la belleza (2006), El Grupo (2008), ¿Quién quiere volver? (2009), Dios el Macedonio (2009), Tan poco destino en tus ojos (2010). En el género del teatro, Pulsar es el nombre de su más reciente instalación. También es compositora de canciones.

Publicado en agosto de 2013

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