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Marra PL. Lanot, Filipinas

Sor Juana Inés de la Cruz

Te fascinó aprender muchas cosas,
tú, la niña de México,
en los años mil quinientos
cuando la educación para las mujeres
significaba cocinar, cocer y lavar ropa
y, encima, ser silenciosa.
Te encantó saber todo
del cielo y de la tierra
más que escuchar las promesas
y las palabras dulces de los hombres.
Te interesó ser prisionera del convento
para leer en la biblioteca
y buscar respuestas a mil cuestiones,
más que bailar o cantar
en la corte del rey
donde fuiste una bella flor,
tú, criolla de parientes desconocidos,
fuiste una gema nativa, rara y pura.

Nadie te conoció
fuera de tus amigos y Dios,
nadie te perdonó
fuera de tus amigos y Dios,
y cuando los oficiales de la iglesia
te forzaron a elegir entre
continuar como una monja
y continuar escribiendo literatura,
estabas luchando la batalla de los sexos
y estabas luchando contra los poderes religiosos,
y elegiste, con mucho dolor,
la soledad de tu fe.
Y así sin escribir una palabra más
serviste a los pobres y a Dios
hasta moriste en los brazos de los enfermos,
pero nunca murió tu poesía,
no, nunca han olvidado
a la poeta del siglo.

 

Cuando vuelvas

Cuando vuelvas muchos años después
nos veremos no sé cuándo
si en la luna llena
o cuando las flores de los árboles
llameen en la lluvia.

Nos veremos no sé dónde
si en la sombra
de un jardín precioso
o en la orilla del mar
mojada por los besos del sol.

Cuando vuelvas nos veremos,
por cierto, nos veremos
nos reiremos, nos abrazaremos y besaremos
como amigos viejos
quizás como amantes perdidos,
recordaremos todo lo que ha pasado
y, sí, sabremos cuándo
y, sí, sabremos dónde.
No te doy promesa alguna

No te doy promesa alguna.
Es bastante que en este momento
te quiera como me quieres,
todo cambia y no te controlo
y no puedes poseer nada de mí
ni mi mente, ni mi alma
porque mi corazón es lluvia
que cae bajo el sol y bajo la luna
sin saber cuándo o dónde,
besa todos los árboles,
todas las mariposas,
cae en la tierra seca
para que las plantas crezcan,
cae en los ríos para los peces,
cae para limpiar las lágrimas
de los niños y las mujeres
negras por los golpes,
cae como música a los pobres
que no pueden dormir sin comida.
No te doy ninguna promesa,
mi amor, porque mi corazón
abraza todo el mundo.

 

Isabel

 

Eres la compatriota de los chilenos
del país extensísimo
de las montañas tortuosas
de los mares ricos y lánguidos.
Eres la camarada de las víctimas del fascismo;
la hermana de las mujeres del mundo
sin protección de sus derechos humanos
ni en la cama sagrada del matrimonio
ni en las letras de la ley.

Eres el ángel de los niños
que lucha contra la violencia
en todas las formas;
la madre de las madres
cuando sufriste los últimos
días de tu hija Paula
que moría mientras
tú sentabas la esperanza sin esperanza
el grito del alma, la angustia
ante la ignorancia de los médicos.
Eres el retrato de paciencia y compasión,
y en vez de gastar tiempo en las cortes
escribiste la indiferencia del hospital
recordaste los momentos con tu hija
desde la primera vez que ella vio la luz
hasta las horas que soñó con las estrellas.

Como muestras en tus obras maestras,
eres la misma personificación de un corazón
que ama la paz, que trabaja
infatigablemente por la paz
para callar la voz de las armas
para parar el ciclo de violencia
con un rezo y con una fe
con mucha confianza en la humanidad
con un amor grandísimo
que puede cambiar el mal,
puede realizar lo imposible.


No te doy promesa alguna


No te doy promesa alguna.
Es bastante que en este momento
te quiera como me quieres,
todo cambia y no te controlo
y no puedes poseer nada de mí
ni mi mente, ni mi alma
porque mi corazón es lluvia
que cae bajo el sol y bajo la luna
sin saber cuándo o dónde,
besa todos los árboles,
todas las mariposas,
cae en la tierra seca
para que las plantas crezcan,
cae en los ríos para los peces,
cae para limpiar las lágrimas
de los niños y las mujeres
negras por los golpes,
cae como música a los pobres
que no pueden dormir sin comida.
No te doy ninguna promesa,
mi amor, porque mi corazón
abraza todo el mundo.


Frida

 

Sufro una vida sin amor
y mi marido llena
mis lágrimas secas.

La presencia de una mujer
u otra y otras más
está en mi cama                     
(la cama donde nacieron
mis niños muertos),
sus cuerpos cubiertos
por los besos de mi marido
y cuando él está cansado,
duerme con sus labios
en el pecho de su querida —
pecho blanco, pecho negro,
pecho moreno, pecho rojo.

Sufro las noches cuando
los amantes desconocidos
entran en mis sueños
en los mismos tiempos
cuando mi marido
suplica perdón,
me echa versos
hasta sus canciones
caen en mi alma.
Pero no, nunca
ha sido mío
su corazón entero.
Somos dos mundos separados:
él en sus gemas oscuras,
en sus piedras estéticas,
en sus pinturas duras como cebo;
yo en las nubes,
en las alas de mariposas,
desnuda en el nido de mi cabello
desplegado, despeinado,
del color de medianoche,
soñando con mis amantes desconocidos.

Sufro mi amor y mis amores,
ya llegamos a la puerta del cielo
o al fuego del infierno.


Rezo

 

¿Y tú también? Nadie te comprende.
Dicen que no entendiste la lucha de tu hijo,
que te quejaste y no le soportaste.
Dicen que no eres virgen
porque es imposible
ser embarazada
y quedar virgen,
que la Asunción es una mentira,
que no existes, no existes, no existes.
                           
Dicen que no tienes derecho
a sentarte al lado de tu Esposo,
que no eres la madre verdadera
de Dios ni de Cristo,
que hablas sólo para Jesús,
que tu palabra es su palabra,
tu acción es su acción,
tu lugar es el más bajo del trono,
sin poder de salvar a nadie ni a nada,
sin voz propia.
                           
Ah, Virgen, Nuestra Señora,
ayúdanos, por favor,
como ayudas a tu hijo.                    
Te pedimos perdón,
concédenos salvación.                     
Como eres mujer,
nadie te conoce
pero, sí, te conocemos,
y como estás
en nuestra mente
y en nuestro corazón,
madre de Dios,
madre de todos
y de todo el mundo,
mujer de las mujeres,

existes, existes, existes.

 

Marra PL. Lanot
. Fotografía: Festival de Poesía de Medellin Marra PL. Lanot  Nació en Manila, Filipinas, el 17 de marzo de 1944. Es poeta, ensayista y periodista. Ha sido miembro residente del Instituto de Escritura Creativa de la Universidad de Filipinas, donde enseña también en la Facultad de Artes y Letras y donde realizó también estudios de español. Vivió durante algún tiempo en México. Por sus poemas, ensayos, perfiles y películas de televisión ha ganado diversos reconocimientos, entre ellos el Premio Palanca. Algunas de sus obras publicadas: Flowers of the Sun, 1970; Dream Sketches, 1991; Deja Vu & Other Essays, 1999; The Trouble with Nick and Other Profiles, 1999; Witch’s Dance At Iba Pang Tula Sa Filipino At Espanol, 2000; The Likhaan Book of Poetry and Fiction, 2002; Riding the Full Moon and other poems in Filipino and Spanish, 2008; Darna & Other Idols, 2012.

Publicado en agosto de 2013

Última actualización: 28/06/2018