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Marco Martos (Perú)

Por: Marco Martos

PROMETEO
Revista Latinoamericana de Poesía
Número 94-95. Julio de 2013.

 

Casti Connubi

 

Cada mañana, marido y mujer, sentados y limpios,
comiendo tostadas, ruido de rata,
leyendo los diarios, matando las moscas,
hablando del clima, cada mañana,
esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, marido y mujer,
van al trabajo, regresan, almuerzan,
van al trabajo, regresan, se acuestan,
gordos, lustrosos, años de años,
esperan la noche, matando tostadas,
matando las moscas, matando los diarios,
matando los climas, cada mañana, gordos,
payasos, esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, rata y rata, rata y rata.

 

La biblioteca del mar

Infinitos libros tiene la biblioteca del mar,
manuscritos por la mano de Dios
el día de su mayor bondad.
Algunos se distinguen a lo lejos;
sus pastas parecen espuma
pues son blanquísimas
y las hojas se zangolotean
con el viento viscoso que repta
en el atardecer;
otros tienen carátulas azules
y son tan numerosos
que a veces los creyeras
imagen de la totalidad,
la sonrisa del creador
cuando no había tiempo, ni nada, sólo Dios.
Hay libros verdes
como los ojos
de agraciadas mujeres
que observan a los barcos
al mediodía, desde el malecón
y son los que producen
una sensación de felicidad.
Los libros plateados
se aparecen en la madrugada
y anuncian el sueño ligero del mar.
Hay libros oscuros
en la boca de la noche
y sobre esos líquidos lánguidos
oscilan las sombras de los hombres
y los remos.
Hay libros encarnados
que abren sus páginas
antes que empiece lo negro
y expresan el abrazo del mar
con el sol fatigado
en la tarde que se va.
En las páginas de los libros
navegan peces
y se esconden anclas enterradas,
oro en las arenas,
amarillo en el fondo del azul.
¿Quiénes pueden leer
la biblioteca del mar?
No muchos, ciertamente.
Demasiados la han mirado
sin verla.
Los artistas pueden
describirla o pintarla o sentirla,
pero el significado último y cabal
permanece ignorado
para toda la humanidad.
Dios mismo
escribió en etrusco
la biblioteca del mar
y dijo en hebreo
que era muy bella,
lo más hermoso de su invención.
Nos queda un lenguaje líquido
que nos inunda de luz
y de perplejidad.

 

Gonzalo Rojas y Braulio Arenas

Desde Chillán Gonzalo Rojas llegó a Santiago
para hablar con su amigo Braulio Arenas.
«Perdí mi juventud en los burdeles»,
dijo Rojas, «perdí mi mocedad en los clubes de ajedrez»,
contestó Arenas.
- Los burdeles dan miedo y también alegría.
- Los clubes de ajedrez son un pánico en la vida.
- ¿Cómo se puede preferir la dama
inventada del juego de ajedrez
a la mujer verdadera del prostíbulo?
- No lo sé, ambas no se entregan nunca.
- Miente el que diga que disfruta en un club de ajedrez.
- Miente el que se refocila con la puta en un burdel.
- Miente el que acaricia el rostro de la dama.
- Miente el que juega ajedrez en el bulín.
- Nosotros somos ángeles y no mentimos nunca.

 

San Miguel de Piura

 

Encendí el corazón sobre los médanos,
en los soledosos algarrobos que continúan
la ciudad más allá de la postrera bandera blanca,
bordeando el camino de Los Ejidos, regado
por las cagarrutas de las cabras. El cielo era azul
con sus nubes pintadas y había un viejo caballo
y un burro blanco entre los grises.
He olvidado a qué íbamos a Los Ejidos
pero puedo adivinarlo mientras aspiro todavía
el aire luminoso de la infancia.
Los Ejidos: el olor de las cabras, la leche
de cabra, el queso de cabra que jamás
he encontrado después en la tierra.
A la hora del regreso el sol reverberaba
sobre los médanos y en llegando al recodo
del camino que divisa a la cruz del Norte,
bajo la sombra benéfica de los sauces,
los pequeños pudimos sumergirnos
en el río suavísimo y verdoso.
¡Han pasado años de años!, ¡me he mezclado
en tandas cosas!, y ahora que el sol
reverbera sobre el asfalto, no extraño
a esa patria, distante y diminuta.
O tal vez la extraño y por eso escribo.

(Cabellera de Berenice, 1990)

 

Telésforo León bajo la luz de una vela

 

En lo más alto del acantilado,
en medio de la noche tan serena,
bajo la luz de una vela jugué
ajedrez con Telésforo León,
en Yasila. Hasta el tablero llegaban
rumorosos mensajes del mar con su garra.
A veces era una lámpara
como una estrella marina
la que ardía sobre nuestras cabezas
y el zumbido del moscardón que apenas
escuchábamos y el acompasado respirar
del mar lamiendo las rocas, abajo.
Pero eso era el mundo de afuera,
adentro las fichas cobraban vida propia
y libraban ancestrales batallas,
indiferentes a la luz de la luna,
a la suave quietud del aire marino,
al propio corazón con sus reclamos.
Ese combate no termina, ni acabará
nunca, cristalizado como está
en la memoria. Lo que ha crecido
con el paso del tiempo es mi afecto
por Telésforo León Vilela,
el notario de Piura, con su estudio
repleto de trofeos, de tableros de madera
y de fichas de toda laya.
Todavía estoy yendo a buscarlo,
todavía partimos para Yasila
en una noche encantada,
encendemos las lámparas, todavía
acomodamos las fichas
y todavía siento, en la habitación de al lado,
el respirar del mar como un murmullo
que me ilumina
toda la vida.

(Jaque perpetuo, 2003)

 


Josaphat-Robert Large. Fotografía de Sara Marín Marco Martos  Nació en Piura, Perú, el 29 de noviembre de 1942. Ha publicado los libros de poesía: Casa nuestra, 1965 y 1993; Cuaderno de quejas y contentamientos, 1969; Donde no se ama, 1974; Carpe diem, 1979; El silbo de los aires amorosos, 1981; Muestra de arte rupestre, 1990; Cabellera de Berenice, 1990, 1992 y 1994; Leve reino, 1996; El mar de las tinieblas, 1999; Montura de amor, 2001; Sílabas de la música, 2002; Jaque perpetuo, 2003; Dondoneo, 2004; Noche oscura, 2005; Aunque es de noche, 2006; Dante y Virgilio iban oscuros en la profunda noche, 2008; Adiós San Miguel de Piura, 2009; y En las arenas de Homero, 2010. Recibió el Premio Nacional de Poesía en su país en 2006. Poemas suyos han sido publicados en inglés, alemán, francés, portugués, italiano, griego, húngaro y chino. Como narrador publicó El monje de Praga, 2003. Hace parte de la llamada generación del 60, elaborando una poesía original, crítica y liberada de formas caducas. Para él el poeta es “un hombre poseído por el espíritu de la lengua” y la poesía es “la lengua del silencio, en el sentido de que dice aquello que no se dice comúnmente”.

Publicado en agosto de 2013

Última actualización: 06/11/2021