Festival Internacional de Poesía de Medellín


El poema que aún no puedo nombrar


Mis manos elevan a lo alto un tazón de arroz, granos cosechados
en el campo donde enterraron a mi abuela.
Cada grano de arroz sabe dulce como la canción de cuna
de la abuela que nunca conocí.         
Imagino su rostro suave mientras la extendían bajo tierra,
sus ropas raídas, su piel pegada a los huesos;
en la gran hambruna de 1945*, mi pueblo
tenía hambre de tumbas para enterrar a todos sus muertos.
Nadie podía encontrar la tumba de mi abuela,
entonces a mi padre el arroz le supo amargo durante sesenta y cinco años.

Después de sesenta y cinco años, nos paramos mi padre y yo
Frente a la tumba de mi abuela.
Escuché a mi padre llamar "Mamá" por vez primera;
temblaba el arrozal a sus espaldas.
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Mis pies se aferran al barro.
Escucho en el ardiente incienso la expansión del alma de mi abuela, uniéndose profundamente a la tierra, arraigando en el campo,
en voz baja canta canciones de cuna, llamando a las espigas de arroz  a florecer.

Alzando el tazón de arroz en mis manos, cuento cada semilla,
cada una brilla con el sudor de mis parientes,
sus espaldas encorvadas en los arrozales,
la fragancia de la canción de cuna de mi abuela emana en cada uno.

 * La Hambruna vietnamita de 1945 ocurrió al norte del país, de octubre de 1944 a mayo de 1945, durante la ocupación japonesa de la Indochina francesa en la Segunda Guerra Mundial. Entre 400.000 y 2 millones de personas se estima que murieron de hambre durante este tiempo.

 

Mi madre


Cruzo el río Lam para volver a mi patria
donde mi madre abraza la tumba de mi abuela en la lluvia,
al suelo de Nghe An, tan seco que las plantas de arroz se aferran a las rocas.
Mi madre mastica maíz seco; hambrienta, trata de olvidar.

Cruzo los campos de juncos para volver a Ninh Binh.
Justo después de mi nacimiento, la guerra dejó caer allí muchas bombas.
Para protegerme de aquellas tormentas, mi madre extendió sus alas,
Su camisa desteñida perfumada con las flores del gao.

Cruzo el río Mekong para volver a Bac Lieu,
la sombra flaca de mi madre
impresa contra la luz de la tarde,
cada gota de sudor a cambio de una semilla de arroz;
pero a pesar de esta dificultad, ella siempre sonríe.

Cruzo a tiempo de volver al pasado.
Mi madre me envía lejos entre gotas de lluvia.
Enciende el fuego de la estufa, se sienta allí, esperándome.
Empiezo a caminar, cada paso la distancia de un vasto mar.

Cruzo la distancia para volver a Saigón.
Oh mi madre, su cabello tornándose blanco.
Siempre como era antes, ella es gentil, cariñosa y amable.
Ahora que por fin puedo ver su amor, el tiempo ha pasado.

Siempre estoy muy lejos, y culpable de no estar allí.
No sé si pueda pagarte lo que has hecho, mi querida madre.
Trabajaste tan duro en tu vida, y era tan fuerte
la forma en que abrazaste tantas tormentas en soledad.

Me sobrepongo a mi timidez para abrazar a mi madre por vez primera.
Me encantaría quedarme a su lado.
Inciertos, mis pies avanzan por el polvoriento camino de la vida.
Escucho sollozar a mi corazón. Un mar de mil cuerdas me retiene.

 

Hogar Tierra

Los caminos sangran su sangre verde hasta quedar pálidos.
El verano entierra el sonido de la cigarra;
el invierno sepulta las hojas.
Estoy desolada sobre el pavimento, el cementerio de hierba,
y la tristeza no encuentra dónde colgarse.
 
Concreto, sobresaliente acero,
polvo, humo que se espesa.
De una sola engullida, la bulla se traga el sol.
Llevo las manos a mi rostro, no me reconozco.
 
Los ríos fluyen desde bosques que han muerto demasiado jóvenes,
halos de sangre de nubes rojas;
la humanidad se ahoga con inundaciones
precipitándose por montañas desoladas
donde árboles, alguna vez orgullosos
se aferran a sus raíces, llorando su destino.
 
Cuando las plantas de arroz eran verdes,
Las chimeneas de las fábricas punzaban las costillas de la luz.
Un cáncer desciende, crece y se riega desde la codicia humana.
¿Dónde me oculto cuando me persigo?

El jardinero en la ciudadela real

Para la gente de Hue, antigua ciudadela de Vietnam

 

El trueno inclina los troncos de los árboles.
El jardinero se cautiva en sembrar cada semilla de hierba.
Tempestades hunden la ciudad.
El jardinero se cautiva en sembrar cada semilla de hierba.

Las flores de la plumeria son blancas alrededor de su cabello gris.
Vistosas flores rojas sobre su camisa desteñida.
Flores de loto de color rosa, bajo sus manos ajadas.

Las cortes reales decaen.
El jardinero se cautiva en sembrar cada semilla de hierba

sobre reales dinastías derrumbadas.
El sudor de los humanos, sube desde sus cenizas.

Traducciones de Arturo Fuentes

Articulos de la autora: Vietnam: Poesía, mito y una visión utópica

Nguyen Phan Que Mai (Vietnam). Fotografía: Festival de Poesía de Medellin Nguyen Phan Que Mai  Poeta y traductora, nació en un pequeño pueblo en el norte de Vietnam, en 1973. Mereció tres de los premios literarios más prestigiosos de su país en 2010, otorgados por Hanoi Writers Association, Hanoi Union of Literature and Arts Associations, y el Premio de Poesía con motivo de los 1.000 años de Hanoi. Es autora de tres libros de poesía (Forbidden Fruit, Freeing Myself y Stars in the Shape of Carrying Poles), así como de un libro de viajes y una novela para niños. Su obra abraza las tradiciones culturales y poéticas de su tierra. Sus poemas han sido publicados en conocidas revistas literarias como The American Poetry Review, Red Wheel Barrowy Poetry Ireland Review, entre otras. Nguyen Phan Que Mai ha dado voz a las personas desfavorecidas de Vietnam, vendedores ambulantes, víctimas de la guerra o agricultores de arroz de los rincones más remotos. Según Bruce Weilg “La poesía de Nguyen Phan Que Mai nos enseña cómo vivir más plenamente en el mundo, y reafirma el poder de la lucidez y de la escritura directa para convertir incluso nuestras horas más oscuras en lecciones profundamente respetuosas de las complejidades de la historia, el tiempo y el amor”

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Publicado en agosto de 2013

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