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K. Satchidanandan, India

Lo que los elementos me han enseñado

La Tierra me enseñó
a abrazarlo todo, sobreviviéndolo todo,
a saber que la quietud es la muerte y
a evolucionar de una estación a otra,
a estar en movimiento dentro y fuera

El Fuego me enseñó
a estar ardiente de deseo,
a bailar, bailar, bailar,
hasta que todo deseo se convierta en ceniza,
para santificar el mundo con dolor,
para iluminar a través de la contemplación
al océano del vientre y al corazón de granito.

El Agua me enseñó
a rezumar sin previo aviso
desde ojos y nubes,
a penetrar profundo en la tierra, en los cuerpos,
adornándolos con hojas tiernas y flores,
a despojarme de nombre y ubicación
y fundirme con el azul magnífico
del horizonte final de la memoria

El Aire me enseñó
a cantar sin cuerpo a través de cañas de bambú,
a profetizar a través de las hojas,
a prestarle alas a las semillas,
a ser, a la vez, una suave brisa que acaricia
y una rauda tormenta que aúlla

El Éter me enseñó
a estar lleno con la luna llena,
a anularme con la luna nueva,
a ser el rojo, el rojo rubor del alba y el crepúsculo,
a estar en todas partes y en ninguna

Los cinco elementos me enseñaron
a ser uno con todo,
a estar desprendido de todo,
a estar cambiando siempre de forma,
hasta el día de mi liberación
desde el mundo de las formas.

 

La caja

Al nacer, mis padres
Me encerraron en una caja
y me arrojaron al mar.
Las olas me trajeron a esta isla.
La caja creció conmigo.
La llevo como un hombre caminando entre un ataúd.

Esta parte del mundo no tiene
árboles ni ríos.
Ellos habían hecho con afecto un agujero en la tapa
para que yo respirara, por el que
algunas veces vislumbro el cielo,
algunas veces escucho cantar.
Algunas veces, el aroma de los rosales
floreciendo en algún lugar estremece mi nariz.
Entonces sueño que algún día una estrella
reptará a través del orificio,
liberándome de esta caja y llevándome
desde esta isla hasta el soleado mundo exterior.
Entonces estiraré mis miembros
y caminaré como los hombres y hablaré como los hombres.

(1990)

 

Un hombre con una puerta

Un hombre camina con una puerta
a lo largo de las calles de la ciudad;
está buscando su casa.

Ha soñado
con su mujer, hijos y amigos
entrando por la puerta.
Ahora ve todo un mundo
pasando a través de esta puerta
de su casa nunca construida:
hombres, vehículos, árboles,
animales, pájaros, todo.

Y la puerta, su sueño,
Se eleva sobre la tierra,
añora ser la puerta de oro de los cielos;
imagina nubes, arco iris,
demonios, hadas y santos
pasando por ella.

Pero es el propietario del infierno
quien espera a su puerta.
Ahora sólo anhela
ser su árbol, lleno de follaje
meciéndose en la brisa,
sólo para proporcionar alguna sombra
a un trabajador sin hogar.

Un hombre camina con una puerta
por la calle de la ciudad,
una estrella camina con él.


(2006)

 

Puedo hablar a los muertos

Puedo hablarles a los muertos:
hombres muertos, árboles, ríos.
A veces veo a mis ancestros​​:
Mi abuela vuela sobre proverbios,
mi abuelo cruza ríos sobre acertijos.
Algunos se balancean en cuartetos y rimas,
Algunos cabalgan piezas de ajedrez.
Algunos juegan en círculos, campos arados,
algunos arrancan las hojas de betel del cielo.

A veces me encuentro con mis amigos muertos.
No han cambiado mucho, sólo
sus cuerpos se han convertido en cristal.
Podemos ver en el interior de sus corazones.
No, no se han detenido, laten
más rápido que nuestros corazones.
Ellos lloran con la voz de las lloviznas y
ríen suavemente como las hojas que caen.
No son muy diferentes a nosotros,
Los así-llamados vivos, sólo a veces
eligen volar. Sus deseos, ansiedades,
decepciones: todos como los nuestros.

La muerte no es el final de las dudas;
Las preguntas aún los persiguen.
Pero ellos perdieron su lenguaje hace mucho tiempo.
Su sol se levanta como una calavera en el este.
Los hongos crecen en sus frentes.

Cuando hablo conmigo mismo,
realmente estoy hablando con los muertos.
Cuando te hablo a ti también.
El sol se ha puesto en nuestra lengua.

(1988)


Artículos del autor: Sobre la poesía, la vida

Traducciones de León Blanco

K. Satchidanandan (India)
. Fotografía: Festival de Poesía de Medellin K. Satchidanandan  Kerala, India, el 28 de mayo de 1946. Es el mayor poeta hindú vivo y uno de los pioneros de la poesía en lengua malaya. También es crítico, académico, editor, traductor y guionista. Ha publicado una influyente obra, entre la que se incluyen 27 libros de poesía, 22 libros de ensayos y prosa y 16 libros de traducciones. Sus poemas han sido traducidos a 17 idiomas. Ha sido editor de literatura india en la revista de la Sahitya Akademy. Ha traducido al malayo autores como Federico García Lorca, Alexander Block, Andrei Voznesensky, Pablo Neruda, César Vallejo, Bertolt Brecht, Paul Celan, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, Mahmoud Darwish y Yehuda Amijai. Los críticos han señalado su ironía y su espíritu de contemplación filosófica sobre las contradicciones de la existencia como elementos centrales en su poesía. El poeta Jayanta Mahapatra dijo de su obra: “Sus poemas de gran fuerza y ​​poder, un conmovedor homenaje a la generación en la que vivimos». Satchidanandan ha recibido 16 premios literarios, además de honores como el título de Caballero de la Orden del Mérito del Gobierno de Italia y la Medalla de la Amistad del Gobierno de Polonia.

Publicado en agosto de 2013

Última actualización: 28/06/2018