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Christian Uetz (Suiza, 1963)

Christian Uetz (Suiza, 1963)

Inéditos en español

Heroína de cerebro celeste

1

Ella no puede ser la palabra. En esta palabra no se ahonda. No puede ser la palabra que no puede ser. En esta palabra no se ahoga. Pues la palabra no es. Pero ella no es la palabra. Esto no es un estiracabezas. No tiene que írsele la cabeza, tiene que no ser, como la palabra. No puede ser la palabra, ni siquiera lo quiere ser, quiere no serlo. No ser, quiere no ser la palabra, quiere. Además, no quiere ser nada ni nadie más, y no puede querer nada ni nadie más. (Quiere borrarla. ¡Emborráchala! Quiere derretirla. ¡Derróchala!) Aunque quiera, no tiene que, tiene que no poder ser la palabra, la que le falla, la que le llama su falo. Tiene que liarse a hacerlo lengüilargamente, libar el fallo, hilarlo libidinosamente. Ella no tiene para nada que ser la palabra que no es; faltando, falcando, falleciendo tiene que no ser la palabra que no es. Pero, ¿cómo viva y no muerta? La palabra viva, no lo quisiera ser; no la muerta, que ni siquiera puede estar viva, la palabra viva, que ni siquiera puede estar muerta, no lo quisiera ser.

2

¿No puede ayudarse? ¿No puede ayudarle su palabra? ¿Puede no ayudarle nadie? Ella se interesa por su no ser, se interesa por el ser de su no. En la palabra, tiene ser su no; en palabras que siempre aíslan, en la palabra aislamiento –que ya como palabra es el aislamiento–, tiene ser su no. Aquí, en el apuro, en eco puro, que no es un vado al otro lado, aquí no quisiera llegar al allá, a la aldea de allá, allá al castillo, allá a la palabra, al no allá, que no excremexiste. Lo más excitante suele ser que el placer excesivo de la sexistencia ya la vuelva a derretir. La suspira, no la expira. La irrita ridiculonamente no a la palabra, no al vacío y no al no. Cuando no la ahoga, no ahonda en ella, ella no se ondea hacia la palabra. ¿Qué cráter, si le pidiera morbo, le daría sorbo? ¿Si verbo, ser? Glotea en el propio lugar loco. En el verborrachero espasmo. Cuanto más voceante no la aguanta, más aullante no la aguanta. Le desembriaga el vino. Le embriaga la palabra. Le agiganta como enamoramiento la heroína sin heroína. Esto, lo más real de todo, le animaliza lo más irreal y delírico. Animiza la otra irrealidad en ella misma; heroína de cerebro celeste. Se le hace posible, en la no reunión, ser siempre más borrachornosa y timisobria, siempre más delirosa y onírica. Toda delirio; toda lírica. ¿Puede imaginarse que ninguna música vuelva a no tocarse siempre de nuevo, que así celeste no sea? No hay ningún noaquí. Celesticerebral como celestiforme; y de pronto se le despierta el aliento íntimo, cálido y ardiente, y quiere venir derecha al nuncaquí. Acá abajo reclama la aquídealidad, que al instante anuncia buena travesía e ingenio fervoroso a los navegantes de pluma. Su encuentro primero y en absoluto. Su verótica en sentido estricto y su porética no en sentido amplio. Umbría primero y ebria no por último. Siempre en lo más hondo del fondo.

3

¿No ha dicho que, estando en la palabra, no es? ¿Y que, ya de pequeña, más aprende a no ser; y que, ya de pequeña, es más no; y que, con las palabras, deviene cada vez más imposible? ¿No ha dicho, que no es de extrañar que ella, palabrinutrida, aumente inútilmente sus no lamentos, y que no devenga cada vez más inútilmente insensata, porque estando en su no casa, no le es fácil estar nunca en casa?
[…]
¿No respira las manos? ¿No puede sentir cómo al moverse en la palabra se mueve siempre en los demás? ¿Cómo continuamente surge de no mundos, fluye de espíritus, aletea de sombras, y entusiasma a vivos y muertos? ¿Cómo no es portal la palabra, cómo no sangra grietas, llaves para cada contramundo que no se abre, y cómo por sí mismo florece cada allende? ¿Cada más allá? ¿Todo allí y aquí? ¿Acá y acullá? ¿Y qué sinsentido no es todo aquello? ¿Cómo tiene que hacerse todo cada vez más imposible y el mundo ya no enloquece?, ¿cómo loco? Pierde los sentidos y claramente no oye la transmisión de pensamientos. Y así se albergan las hadas de la nada. ¿No lo oye ella misma en su más hondo pensamiento? ¿No está ya no del todo dentro? ¿Dentro del afuera; fuera dentro; fuera de su esfera? No está ya del todo lúcida en la realidad y del todo real en la locura? ¿Cuándo no se desvía? ¿Cuándo no encandila? ¿Cuándo se encarrila? ¿Es su cerebro ya celesticerebral? ¿Es su cielo ya cerebro? ¿Está ya dentro su cerebro? ¿Qué no importa la diferencia? ¿No tiene que clavarse el hacha en el cerebro? ¿No tiene que partirse la calavera? ¿Cómo no se libera la palabra? ¿Cómo se hace libre la no palabra? ¿Por qué no puede dejarla entrar libremente? ¿Por qué no lo puede dejar? ¿No con su miedo? ¿No con su sufrimiento? No aguanta; arrolla. Ella está más allá. Más allá no está. Si está acá, es por su propia culpa. Más allá no está. Pero sin duda todo queda dicho no de hecho. Lo que de hecho es, no queda dicho. De hecho, esto no queda dicho. Lo que ella puede decir, no lo es, y lo que no dice, no lo sabe. ¿Por qué sólo sabe después de haberlo pronunciado, que no es?, ¿por qué sólo lo tiene asegurado en palabras, y sólo sabe en palabras lo que ya antes no hubiera podido saber? ¿Qué no ha hecho de ella la palabra? ¿Qué no ha hecho ella de sí? No vive. No sufre su palabra y no está. La palabra la borra. Apaga el presente y airea el mundo. En el que tampoco está presente, tampoco consigo misma, ausente de sí, zanjada de sí, no presente. […] Ella para. No es ella misma. Su palabra no es ella misma. Si es que ella no es ella misma en la palabra, es que ella misma no es. Sus palabras no son ella misma, sus palabras, que concebido no ha y que no es, que aprendido no ha y que no es, que por sí solas no son ella misma, que otra cosa que ella misma no son. ¡Qué son las palabras, las que no hacen esto con ella! ¡Que ella no hace nada! No es ella, y a todo sólo puede decir no y nada, sólo nada puede sólo decir, y no decir nada no puede. No es posible que su luna marina no perciba su seno, que su mar lunar no lo reciba pleno. No es posible que la marea, en sus arrullos, en sus orillas, no cumpla su sueño. (¡Ninfa, onda, Ondina, acógela, albérgala!)

4

¿Por qué, pues, no llega? ¿Por qué no llega nadie y no dice la verdad? ¿Por qué, pues, no llega? ¿Porque, no estando aquí, ya desde siempre no está aquí? ¿Porque no puede ser? ¿Porque tan sólo puede no ser? Palabra, palabra, ¿por qué no puede ser? ¿Por qué puede sólo no ser? ¿No puede ser una sola vez? ¿No puede ser ni siquiera una sola vez? No puede; navega y no llega tampoco cruzando su agonía hasta aquí, y ella, superada, sopla en la palabra, aquende allende, allí no superándose a sí misma ni al mundo. […] Puede ser imposible. Considera la abstracción, puede ser tan imposible como la eternidad. Ser es su muerte. Y no ser, absurdo.

5

¿No es esto demasiado? No puede ser demasiado. Es infinito el no. Ella no es infinita. Cada día no se abre algo nuevo; cada noche no se entreabre algo más. Cada decimana ella no puede tensar el arco para el flechazo perfecto, cada noctimana no deshace el marco de un hachazo. Y puesto que la palabra no es, siempre no está. No está en ella y fuera de ella, no. Y ella está fuera de sí en la palabra, y dentro de ella tampoco está en sí. No está ni dentro ni fuera. No está ni en el interior ni en el exterior. Está fuera de sí. La palabra por doquier no está. De todas las grietas no surge, de todos los poros no fluye, de todos los agujeros no repta, en todos los aires no flota, en todos los tiempos no está, cada segundo ella no ve la palabra, no la oye, no la siente, no la toca; la palabra no la toca a ella, no habla, no oye, ¿oyes? ¿No oyes? ¿Oyes? ¿No la oyes? ¿No me oyes? ¿Oyes?
 

Traducción de Rita Catrina Imboden

Christian Uetz nació en 1963 en Egnach, Suiza. Entre otros estudios adelantó la carrera de Filosofía. Es un poeta experimental y performer. Ha publicado los libros de poemas Lyrikbände Luren (1993), Reeden (1994) y Nichte Droschl (1998). En 1999 fue editado su CD Nichte und andere Gedichte. Es considerado uno de los poetas experimentales más promisorios de la Suiza actual.
Última actualización: 28/06/2018