Festival Internacional de Poesía de Medellín

AMANTES EMBROLLADOS, 1995

 

 

Amar puede ser
un aperitivo con sifón
en una mañana de colores ácidos

o puede ser zambullirse en un lago de montaña
nadar equidistante entre el cielo y el fondo
suspendido de un sol de extrema desnudez

Las buenas chicas no piden
la cabeza del Bautista sobre una bandeja

Ya sé que no eres una buena chica
pero piensa que la cabeza
de cualquier fantasma sobre bandeja de plata
desequilibraría a cualquier bailarina

Las cabezas parlantes
prometen la vida eterna con sifón
pero yo he elegido cocinar contigo
crear contigo follar contigo dormir
en el país que delimita
el aroma de tu cuerpo desnudo

Amor mío
olvídate de decapitamientos con sifón
Ven a nadar al lago donde ya estamos

Rechazar el sueño de la ingravidez
no implica renunciar a la caricia de la piel azul del cielo
ni del dulce légamo suavísimo del fondo.

 

BOSQUIMANOS EN EL ÁRTICO

1
El petróleo barato
y el automóvil
fueron la gran trampa

 

donde vamos a sucumbir
un siglo después

2
Es el empecinamiento en no perder
lo que al final hace inevitable la catástrofe

3
Ya es demasiado tarde para frenar
el desastre ecológico dice Donna Leon:
todo lo que leo indica que lo es

La lúcida novelista de New Jersey
tiene razón sólo parcialmente

Por una parte
la biosfera va a seguir:
sin traje de fiesta, eso desde luego

sino sólo harapos raídos
durante largo tiempo

mientras se va recuperando
gracias al buen hacer de su ejército de sastrecillos
valientes
e inextinguibles:
insectos
hongos
algas
bacterias sobre todo

Siempre nos quedarán las bacterias

Por otro lado
ni siquiera los causantes del estropicio
vamos a recibir el castigo que colectivamente
sin duda merecemos:

los seres humanos somos
supervivientes natos

(Por no apelar más que a experiencias
locales y recientes:
¡pero si hemos sobrevivido a José María Aznar!)

 

Quiero decir que quedarán
algunos bosquimanos en el Ártico
transformado eso sí en Mediterráneo

pequeños grupos
de los que hemos desdeñado por “primitivos” que conserven
un dedalico de sabiduría
y la capacidad de aguantar malos tiempos
salir adelante con muy poco
y aprender de las desgracias

En fin: los cazadores-recolectores
que esta vez sepan poner a tiempo
a Prometeo en su sitio

tendrán en los siguientes 500 millones de años
una segunda oportunidad


 

Fotografía: Natalia Rendón

Jorge Riechmann    nació en Madrid, España, en 1962. Poeta, traductor literario, ensayista, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona, profesor titular de filosofía moral en la Universidad de Barcelona y vicepresidente de la asociación Científicos por el Medio Ambiente (CIMA). En los últimos años ha investigado sobre cuestiones socioecológicas en ISTAS/ CCOO (Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud); en la primavera de 2008 enseñó como profesor invitado en la UNAM (Ciudad de México) y en la Universidad Michoacana de Morelia; durante el curso 2008-2009 enseñará como profesor invitado en la Facultad de Sociología y CC. Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Obra poética: Cuaderno de Berlín, 1989; Material móvil, precedido de 27 maneras de responder a un golpe, 1993; El corte bajo la piel, 1994; Baila con un extranjero, 1994; Donde es posible la vida, 1995; Amarte sin regreso, 1995; La lengua de la muerte, 1997; El día que dejé de leer EL PAÍS, 1997; Muro con inscripciones, DVD, 2000; La estación vacía, 2000; Desandar lo andado, 2001; Poema de uno que pasa, 2002; Un zumbido cercano, 2003; Anciano ya y nonato todavía, 2004; Ahí te quiero ver, 2005; Poesía desabrigada, 2006; Conversaciones entre alquimistas, 2007; Con los ojos abiertos (ecopoemas 1985-2006), 2007; Tránsitos (antología poética 1981-2006), 2007; Como se arriman las salamanquesas, 2007; Puente de hielo, 2008. El poder mayor de la escritura se basa en la distancia, en la carencia, en la ausencia: la fecundidad del lugar vacío. Nada de lo que obra en un texto escrito tiene que ver con una afección inmediata de nuestros sentidos: aquello a lo que el signo remite no lo podemos oler, ver, oír, saborear ni tocar... Está sin estar, con un modo de presencia-ausencia que sin duda debió de dejar estupefactas a las sociedades donde apareció la escritura. // Ese teatro mental, lugar tanto del pensamiento abstracto como de la imaginación sensible, es un lugar abierto cuya clausura no deberíamos tolerar nunca (…) No me interesa el saber por el saber, el arte por el arte o la poesía por la poesía: lo que querría es salir de la trampa. (Y quizá poder ayudar a otros a hacerlo.) // ¿Qué trampa? Algunas en las que unos pocos nos encierran a muchos (y hablamos entonces de desigualdad, violencia, explotación o alienación); pero también muchas trampas en las que cada uno de nosotros se encierra a sí mismo. // No la cultura como entertainment, sino la poesía como indagación. (…)

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