English

José Luis Reina Palazón, España

 

El lector de poesía


Tú te lees a ti mismo,
a ése que buscas tú
y siempre creas,
el que te dice las sombras de las letras,
el que te invita al descifrar del canto,
el que tú no conoces y habita en ti,
siempre que vas leyendo tu ternura,
tu cuerpo, tu loca fantasía hacia otro nombre.
Y siempre habitas tú en ese olvido
y al saberlo de ti te reconoces,
eres el alma del poema.

Lost in translations

Allí donde cantan auroras,
en los bolsillos hilvanados de los ejecutivos,
donde toda luz es signo prometido,
y todo amor caído inexacta ilusión,
en los bulevares sin olor ni silencio,
entre los cuerpos de plástico sin pena,
en los insomnios fluorescentes,
en la patita rota de la paloma soledad,
allí canta también la nieve del alma,
un cristal siempre roto a la verdad,
una ficción de nieve.

Los restos, siempre los restos,
su deletreo callado,
su mínima verdad,
el esplendor que escribe
un corazón de entonces.
Manos, signos, manos,
signos, signos, otra verdad,
vieja, nueva verdad,
nunca verdad, nunca
nada, nada, nada,
resplandece.


II


Y así el amanecer. Un despejar
la fiebre, la secreta locura, el candor,
los huecos trasladados de la nieve.
Alma. Labios que anuncia el alma,
signos que son de amor, mano
que vive alzada por un saber o ser
del sentimiento, sí, del sentimiento,
sentimiento del tiempo, revelación,
eso no más, tiempo entregado,
traslado de figuras en la nieve.


III


Tiempo. Tiempo. Y tú te irás.
Algo llevas de mí. Ese silencio
no roto aún. El resto de la pasión
que envuelve sin cesar, por la distancia,
por el secreto de cada muda expresión,
por cada gesto que no se pierde en nieve.
Sólo impulsa el cristal, el fuego humano,
que comunica en ciernes como un ave rapaz
que esperara en el cielo para arrasar,
pero su ojo nada puede ante el asfalto del silencio.

La paciencia es su fin. Ella hila la sombra
de esa espera que reluce más tarde como un dios,
allí donde lloran los ejecutivos su decadencia letal,
donde el color del whisky es la flor del deseo,
donde el aire es ausencia y la ausencia verdad,
donde el gesto se acaba entre espasmo y realidad,
donde muere la muerte de su falta de azar,
allí donde los cuerpos viven sin cuerpos,
donde la estupidez vital disuelve el alma.
Sí, allí, donde destellan tu amor
y mi silencio, perdidos
en el vidente laberinto de la soledad,
entrañados entre signos
de cristal y pasión,
transparente presencia,
como si hubiéramos entrado juntos
en la escritura, sí: lost in translation.

Yo no podré quejarme


                               Yo no podré quejarme, si no encontré lo que buscaba.
                                                                           FGL. Poeta en Nueva York


Sé que la vida es ausencia
de algo que dice siempre
su verdad equivocada. Nadie
escribe las líneas de tu mano,
nadie las sabe entonces y es el azar
quien juega a tus caídas y en tus sueños.
de un ciego despertar, a la aurora, al silencio.
Claros sin duda son los tambores del alba,

Poco dirá tu amor. Si acaso el signo breve
repetida la historia de su olvido,
ausencia, ausencia, en los pozos del alma
y en el repique breve del sol o sentimiento.

Aire es lo que has de ver, lo que ya otros han visto,
aire, aire, raíces en la médula del aire,
aire que embarca al cielo el corazón cansado,
aire que olvida terso despedazados niños,
aire que se enloquece en la amistad huida,
aire que ejecuta siniestro hombre y palabra,
aire que vuelca ausencia sobre gritos perdidos,
aire que vuelve siempre y te corrompe.

Nunca tropezarás con la eternidad, la dura eternidad fija,
es la floja realidad que todos los días viene a vivirte con su pobre verdad,
la ficción de sus calles por donde pasan sombras de aire
vestidas con corbatas de acero y zapatos de arcilla,
ésa que no corresponde a ninguna ilusión y se repite
empedernida en catálogos y terror,
en ella eres ausente. Vaciada el alma,
repites sin cesar el olvido inclemente de tu sueño y ni siquiera sientes
algún latido raro que te recuerde que has tenido una verdad,
Aunque fuera equivocada. Y es que ni te recuerdas. Pura ausencia.
Al menos ya lo sabes.
Yo no podré quejarme, lo sé,
y ahora comprendo.
¿Amor? ¿¡Amor visible!?

José Luis Reina Palazón  Nació en Puebla de Cazalla en 1941. Estudió Filología clásica y Filología Moderna y Filosofía. Tiene siete libros de poesía entre los que destaca la trilogía Exotarium. Tradujo las obras completas de Georg Trakl y de Paul Celan. También tradujo importantes obras de Hans Magnus Enzesberger, Else Lasker-Schüler, Johann Wolfgang Goethe, Gottfried Benn, Nelly Sachs, Heinrich Heine, Herta Mueller, Marina Tsvietáieva, Boris Pasternak, Mallarmé, Jean Cocteau, Max Jacob y Arthur Rimbaud, entre otros autores.
Premio del Ministerio Español de Cultura por la Obra de Trakl, 189; el Premio del Ministerio de Cultura de Austria por la Obra Completa de Trakl, 1992; el Premio Nacional por La Obra Completa de Celan, año 2000; el Premio Academiaoradea, por la Antología de Anna Ajmátova, 2001; el Premio de Traducción Fundación Goethe 2004.
Escribe: “Sólo la creencia que el lenguaje poético puede llevar consigo aunque sea un ápice de lo que el lenguaje objetivo y práctico de la ciencia y la sociedad elimina: la espontaneidad y la singularidad del sujeto lírico y su experiencia expresiva, - aunque esta no coincida con la del sujeto real, - justifica la atención a la poesía. La poesía verdadera mantiene el contenido imaginativo del lenguaje frente a los cambios prácticos del uso que debilitan su fuerza asociativa. De ahí que su labor necesite dos líneas imprescindibles de acción: la singularidad de su expresión y la originalidad de su referencia. Pues bien, es precisamente en esta sesgada referencia al mundo, en el sesgo de esa referencia, donde está el busilis, la madre del cordero, el valor de su ilusión..”.

Última actualización: 28/06/2018