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Sigbjørn Skåden, Noruega, Nación Sami


El rey de los zapateros

A casa vine en barco
pal-pal-palpitando hasta la orilla,
latidos del corazón a flote.
Imposible descifrar
las cosas por venir
en la costa verde,
con ojos rojos.

Este era mi hogar, mis pies enraizados en tierra conocida,
los ojos chorreando pecado,
traje los más sórdidos pecados jamás
vistos aquí,
hasta la costa verde
en un barco pequeño
pesados los pies por las pérdidas,
pero no podía detenerme,
mi nombre es Jusup,
fugitivo.

Ojos conocidos
desde el otro extremo del mundo
penetran mi piel y mis huesos
en busca de mi alma,
o así parecía;
amarré mi alma, invertí mi forma
“¡Deja de mirarme fijo!”, palabras vuelan a través de mi mente
y rápidamente:
“Coge la maleta de Jusup, ¿no te das cuenta?
¡Un viajero! ¿Tu madre no te enseñó nada?”
“¡Vaya!”, gritaron los pies
y hacia el este fue
olisqueando un aroma olvidado,
¡pero escucha!
Los últimos susurros escuchados en los abarrotados muelles
resuenan todavía en los oídos del danzante:

“¡Malditos bastardos lapones...!,
Palabras dichas a Jusup desde los extractos del mundo,
y que no pueden tocar el alma del fugitivo.

Hacia arriba, hacia arriba se curvaba la trocha,
quien sabe no necesita
presentación.
Hundí mi alma en los amigables corazones
y al menearme en el asiento de atrás
el gozo de ver a mi alrededor me abofeteó,
era yo,
Jusup,
todas las fibras de mi cuerpo
asentándose dentro de mi corazón,
en mi camino hacia el centro de mi alma,
sí, era yo,
Jusup,
el corazón palpitante,
condenado condenado condenado condenado
el lamentable
por fin en el hogar.

4

Thea, Thea mía,
no puedes imaginar
la dulzura
del imaginario de Jusup
al escribir a tu lado,
mirándote dormir en la noche
inmerso en la palma de tu aliento,
mientras el aroma de tu piel me transportaba
al reino de Thea,
al reino de Jusup,
fija tu mirada,
cantando con tu voz chillona
canciones que no sabías:
me diste paz,
y yo,
yo, insensato Jusup,
repté en el corazón de una niña del sur,
y descansé.

“Joseph, creo que puedes leer mis pensamientos”,
y así era.
La cocina,
el desván,
la capilla,
el esquife,
los hombros,
los dedos,
los tendones,
alguna cosa,
—las manos de Jusup lustran
el alma del encantador
y adhieren los dedos a los tendones.
La sabia voz del abuelo:
“nunca te aventures al sur...!”,
pero yo me aventuré:
sin contar con los ancianos maldicientes
“yo soy Jusup,
yo soy Jusup,
yo soy Jusup”,
y así me aventuré.

Reputada Tierra del Sur,
dentro de ti floté en dulce sueño.
Tu descendencia,
Suave colchón,
el mundo exterior perdido a la vista,
envuelto como estaba en un capullo,
pero en la buena Tierra del Sur
nadie duerme para siempre
y cuando llegó la mañana,
por fin vislumbré
el vasto horizonte de la Tierra del Norte
y en la acuosa membrana del pozo de los ojos
despertó el espíritu.

   Traducciones de Nicolás Suescún

 

Sigbjørn Skåden  Nació en Tromsø en 1976. Debutó en 2004 con el largo poema épico El Rey de los Zapateros, nominado al Premio de Literatura del Consejo Nórdico. En 2008 publicó la breve novela conceptual Ihpil: El Salvador de los Niños Perdidos y en 2010 publicó su segundo libro de poesía Una canción para Prekariat.
Sobre el lenguaje poética y la nación sami plantea: “...La preocupación por la palabra y la frase, la ambición de formar la frase perfecta, la inclinación a inventar y reinventar el lenguaje, son todas descripciones apropiadas para el poeta, y todos estos temas que se vuelven cada vez más importantes en un mundo globalizado donde una miríada de influencias constantemente atenta contra el lenguaje sami y la cultura por todos lados. El poeta lucha y desgarra el lenguaje, negándose a perder el conocimiento de sí mismo. Siempre he pensado en la globalización como algo amistoso. Para un pueblo sin estado como los samis, minoritarios en cuatro diferentes países, la globalización ha sido liberadora. El pueblo sami y su cultura y artes siempre han visto con recelo la influencia extranjera: siempre hemos opuesto resistencia al cambio. La razón de este escepticismo fue el estado minoritario del pueblo sami y los largos siglos suprimiendo la presión de las culturas mayoritarias que trazaron fronteras en la tierra sami y la dividieron entre ellas. Por muchas generaciones esta fue la única influencia que tuvieron los samis, una influencia que amenazaba con arrasar nuestra cultura...”.

Última actualización: 28/06/2018