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Jazmín Arroyave

-1997-

Nació en Santa Rosa de Osos, en 1997. Estudiante de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia. Tallerista literaria del Taller de la Palabra, UdeA y de Comfenalco, Antioquia.

Coorganizadora del Décimo Encuentro Nacional e Internacional de Escritores, Ciudad de Envigado, 2022. Ha participado en varios espacios poéticos como el Festival de Poesía Poetas sin Voz, Santa Rosa de Osos (2018), recitales intermunicipales en Yarumal, Donmatías, Entrerríos, Santa Rosa de Osos y en el Valle de Aburrá. Estuvo en Barranquilla como invitada especial nacional por Nuevas Letras en 2023. En noviembre del mismo año viajó a México y representó a Colombia en Cuernavaca Poesía, en el primer encuentro de poetas de México: en diálogo con poetas del mundo.

Ha sido publicada en la revista El Transeúnte (2016), en las antologías del Taller de literatura Rayuela desde el año 2015 hasta el año 2021, participando con textos como cuento, crónica y poesía. Asimismo, en la Red de Mujeres jóvenes Escritoras de Antioquia. (2021); Revista Alter Vox Media (2022) y otros medios físicos y digitales. Sus poemas han sido intervenidos en formatos audiovisuales y se han transmitido en canales de televisión locales, nacionales e internacionales mediante video poemas, collages audiovisuales y murales interactivos.

 

Esta es una muestra de sus poemas:

Quizá

Quizá, solo quizá sea la lumbre que se niega a ser apagada
la llaga que no sabe sangrar por sí misma
el puñal sostenido con la misma mano
apuntando
siempre a la misma dirección
a la izquierda del esternón.
Quizá, solo quizá sea la penuria fuerza para realizar el tajo,
la lágrima que se mesura y lacera las entrañas.
Quizá, solo quizá… sea el pericardio
que se aferra a un último soplo de vida.

*

He amanecido
con el estómago
revuelto.
Anoche hui de la escritura
y hoy se ha atascado en mi garganta.
Las palabras salen marchitas
y nadan sobre el vómito
de amargo café.
Mi rostro se hace pálido
y mi cuerpo
poco
a
poco
pierde el equilibrio.
Las palabras silenciadas
se han quedado en mis pupilas.
Me arde la mirada
y desde la última estadía en el psiquiátrico
no me dolía tanto la cabeza.
Las palabras resbalan
en forma de lágrimas envejecidas.
Queman mi rostro.
Vengan su encierro.
Estoy hecha trizas
todo lo que no escribí
años atrás
me hace daño.
No soporto la ingesta
de nuevas palabras.
Cerraré la puerta
a la poesía.
Necesito deshacerme
de las palabras rancias
que hay en mi garganta.

*

¡Oh, Cielo indeleble!, perpetua fuerza célica
que abrazas mis heridas desde arriba
carcomes mis demonios en tu mustia ceiba
susurras tempestades silenciosas en humilde súplica.
Báñame con tu orvallo, haz que reciba
la pujanza náutica
estando bocarriba
enjuaga mi esclerótica
Con la musicalidad de tu estiba
correrá sangre de mi vena basílica
y lograrás que al fin reescriba
su nombre como esvástica
En mi piel hecha una criba
danzará el sol en la nube bucólica
besaré mis heridas bajo tu inmensidad célica
seré agua fresca bajo la misma ceiba.
 

*

El aire cálido se cala entre mis huesos
La pared está hecha de sombras
el humo del cigarrillo es un pájaro
que danza entre la muerte
mullida
gélida y
salada

beso el recuerdo de tu último suspiro
¿dónde reposará aquel poema que escribiste para mí?
el espesor de aquella mañana
acariciada por la garúa.
El abandono de las calles
el cielo desolado

Beso la remembranza de tus pasos
marchándose en silencio.
No quiero pensar que has dejado de amarme.
temo a la soledad de tus libros
a las copas teñidas de vino tinto
Vuelve, gorrión sin tiempo.
al fantasma de los besos
que no nos dimos.
Abrázame fuerte; en mí hace frío
todavía.
temo al poema.
 

*

Hoy mi cielo amaneció sin ti
mi trémula mirada comenzó
a buscarte por todas partes
sobre el escritorio yacían tus caricias
cerca a mis cachivaches
Bajo la cama
en medio del sopor
estaba tu apacible mirada.
Mis sentidos se dispusieron
a escrutar la habitación
sobre las paredes
permanecían las sombras danzarinas
de dos amantes
que no paran de hacer el amor.
Las cortinas empezaron a vacilar
de ellas resbalaban arcaicas caricias
que buscaban darle paso
a la reverberación del sol
en mis pupilas.
El calor lozano
murmuraba a mi oído
que debía amanecer sin ti
necesitaba atiborrar tus recuerdos
en la cafetera
o en la cajita llena de poemas.
Las sábanas estaban maculadas
con la forma de tu cuerpo
y un par de gemidos
me importunaban en todas partes
mi cuerpo se asfixiaba
entre orgasmos recluidos.
Entonces, volví
a hacerme el amor yo misma
porque sabía que debía amanecer sin ti.